MIÉRCOLES, 27 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Incentivos y buenos burócratas

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Los funcionarios públicos y los políticos son despreciados por la ciudadanía porque no cumplen con su deber de atender los problemas de la sociedad y se les percibe como deshonestos, egocéntricos e ineficaces.”


En el umbral de la integración de la próxima administración pública parece útil tener presente que los gobiernos no están integrados por ángeles, serafines y querubines sino por seres humanos que responden a incentivos que los inducen a actuar bien o mal.

 

Además de tener una agenda clara, con prioridades pocas y bien definidas, un buen gobierno requiere crear las condiciones para que los funcionarios públicos adopten la agenda del Presidente como suya y realicen las acciones necesarias para cumplirla en todos los ámbitos gubernamentales.

 

Con frecuencia los alicientes que enfrentan los empleados públicos o de empresas paraestatales en su trabajo son precisamente los opuestos a los requeridos para su buen desempeño y tienden a volverlos enemigos de las reformas que promueven una mayor eficiencia y productividad.

 

Ello explica la tajante oposición de los trabajadores eléctricos a permitir el acceso de inversión privada al sector, que le permitiría crecer más rápido, ser más rentable y mejorar las condiciones de trabajo para los propios empleados, como ocurrió al privatizarse la empresa telefónica.

 

Es necesario cambiar los incentivos que enfrentan los funcionarios del gobierno para premiar la innovación, la eficacia y el compromiso con un verdadero espíritu de servicio público. La creación del servicio civil de carrera fue la solución errónea y le creará una gran inflexibilidad, entre otros muchos obstáculos, al gobierno de Felipe Calderón.

 

Resulta conveniente observar qué se ha hecho en otros países o en otras épocas de nuestra propia historia para generar los acicates tendientes a mejorar el comportamiento de los burócratas. Es necesario, entre otras cosas, adoptar las siguientes medidas:

 

·         Elevar el sentido de responsabilidad en el desempeño de sus funciones demanda leyes apropiadas y medios procesales efectivos para sancionar a burócratas negligentes, ladrones o inútiles. La normatividad en vigor hoy no cumple con estos propósitos.

 

·         Simultáneamente, hay que crear los incentivos apropiados en forma de buenas remuneraciones, seguridad en el empleo, bonos y recompensas al trabajo bien desempeñado y no a la complicidad con el jefe. Es necesario restaurar la fama pública y el respeto social por el trabajo del burócrata, algo que se ha perdido por completo. El ejemplo más patético lo vimos en el gobierno capitalino que se volvió contra su ciudadanía e ignoró sus obligaciones más elementales para apoyar, con absoluta impunidad, el secuestro de la ciudad de México.

 

·         Un sistema institucional con mecanismos eficientes de supervisión, control y contrapesos políticos y administrativos independientes para ponderar el desempeño de las entidades públicas y sus empleados. Es evidente que las entidades supervisoras que han existido hasta ahora en el poder legislativo han fallado en el desempeño de esta función en forma patética o han actuado de manera facciosa y con una agenda particular.

 

·         Una labor permanente de capacitación de los servidores públicos que evite el anquilosamiento y haga posible su actualización a avances tecnológicos que hoy permiten ofrecer a la ciudadanía servicios públicos de alta calidad por medios electrónicos.

 

·         En el Congreso, se impone restablecer la reelección como medio para que en un sistema efectivamente democrático y multipartidista los legisladores puedan profundizar en su trabajo y que el escrutinio regular de los votantes los obligue a un buen desempeño. Ello eliminará los incentivos a seguir a líderes partidistas irresponsables que actualmente tienen en sus manos el control total de los legisladores, empezando por la selección de los plurinominales, aberración que hay que desaparecer.

 

Los funcionarios públicos y los políticos son despreciados por la ciudadanía porque no cumplen con su deber de atender los problemas de la sociedad y se les percibe como deshonestos, egocéntricos e ineficaces. Para que el próximo gobierno pueda tener éxito hay que cambiar tan negativa percepción.


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