VIERNES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Emigración

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Los beneficios económicos se ven rebasados por preocupaciones políticas y raciales y por las externalidades generadas en la interacción de los inmigrados con los sistemas de bienestar de los territorios receptores.”


Una de las formas más antiguas y pertinaces de globalización se encuentra en el desplazamiento de seres humanos en todas direcciones y por los más variados motivos. Lo único que cambia son los detalles de cómo tiene lugar el tránsito y qué actitud adoptan los países afectados.

 

Se han hecho muchos intentos por detener el movimiento de la gente, desde las murallas majestuosas erigidas por los imperios de China y Roma para mantener a los bárbaros fuera, la cortina de hierro para impedir la fuga de las víctimas del imperio soviético, y ahora el muro de ignominia high-tech que construye Estados Unidos en su frontera sur.

 

Todos los valladares levantados para detener a los migrantes han fracasado en su intento y lo mismo ocurrirá con el nuevo proyecto de sellar el confín entre México y Estados Unidos, a pesar de lo cuál no se detendrá su construcción que tiene fines políticos.

 

Desde un punto de vista económico los países más beneficiados por la emigración son sus receptores. Quienes dejan su país, además de ser normalmente el segmento de la población con mayor motivación y deseos de mejorar, emigra cuando está en posibilidad de producir más de lo que consume haciendo así una contribución neta al país que los recibe.

 

La nación del emigrante se ve empobrecida porque desde el nacimiento del eventual viajero hasta el momento en que se marcha, consumió mucho más de lo que produjo. Puesto diferente, el país de origen invierte en sus habitantes en alimentación, salud y educación hasta que finalmente están listos para empezar a pagar esa inversión, que es cuando abandonan su país.

 

Entonces ¿por qué el rechazo a los inmigrantes en las naciones receptores, que vemos hoy trágicamente en parte de Estados Unidos? Aquí los beneficios económicos se ven rebasados por preocupaciones políticas y raciales y por las externalidades generadas en la interacción de los inmigrados con los sistemas de bienestar de los territorios receptores.

 

La primera preocupación tiene que ver con la “identidad nacional.” En la mayor parte de los países existe pánico de ver diluidas la raza y cultura de su mayoría dominante por una masa crítica de inmigrantes, inquietud agravada por textos alarmistas como el de Samuel Huntington Who are We? o el más reciente panfleto incendiario de Pat Buchanan State of Emergency.

 

Hay que recordar que en México tenemos también una preocupación similar basada en la pérdida de más de la mitad de nuestro territorio original porque el inicio de la secesión se identifica con las desavenencias del gobierno mexicano con los inmigrantes anglosajones a Tejas.

 

La verdadera causa de aquella pérdida territorial tuvo que ver más con el éxito económico que ya evidenciaba Estados Unidos frente al estancamiento en el que las interminables luchas intestinas colocaron a nuestro país, pero la percepción de que hay que impedir la inmigración prevalece hasta hoy.

 

Las externalidades aludidas son de dos tipos. Unas se presentan por la explotación de la que son objeto los inmigrantes dada la indefensión jurídica que sufren por ser ilegales. La comunidad en la que viven se ve beneficiada por su trabajo, que permite abaratar los bienes y servicios en los que laboran.

 

Tales ventajas no son explícitas, pero sí lo son los costos derivados de que los inmigrantes aprovechen servicios públicos gratuitos, como educación y salud, y aún pagos por desempleo, lo que presiona el gasto público local y genera problemas presupuestales. Así, no es de extrañar que los habitantes y el gobierno de territorios como California, se opongan a la inmigración ilegal.

 

En mi próxima colaboración seguiré analizando este problema y delinearé algunas ideas sobre las opciones que, a mi juicio, enfrentará el gobierno de Felipe Calderón en este asunto.


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