VIERNES, 29 DE SEPTIEMBRE DE 2006
Calderón, China es el verdadero desafío de México

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Carlos Ramírez-Fuentes







“El nuevo gobierno deberá encontrar la estrategia adecuada para estructurar sus prioridades en materia económica colocando a China como eje de nuestras decisiones.”


El ruido de las campañas electorales, junto con el largo periodo post-electoral han servido de bálsamo puro a los políticos ávidos de reflectores. Mientras la atención del país está puesta en la ocurrencia del día del candidato perdedor, a 15 mil kilómetros de distancia otro ladrillo acaba de ser colocado para la construcción de una nueva fábrica, un nuevo aeropuerto o una nueva planta hidroeléctrica.

 

China está en camino de convertirse, en términos relativos, en el mayor milagro económico de la historia, mayor incluso al milagro japonés de la posguerra. El notable avance económico chino ha sido posible gracias a la combinación de políticas económicas pragmáticas, junto con reformas estructurales orientadas a otorgar mayor peso a los mercados en el ordenamiento de su economía.

 

El terreno ganado por China en las últimas décadas hace palidecer todavía más los modestos avances que México acumula durante el mismo periodo. Mientras que el ingreso per capita del chino promedio era de 149 dólares en 1970, actualmente alcanza los 5,770, 40 veces más. En el mismo periodo, el ingreso per capita mexicano se multiplicó 6 veces. A su vez, mientras en 1970 México tenía un ingreso por cabeza 10 veces superior al de China, actualmente es solamente 1.5 veces mayor. Al ritmo actual de crecimiento de ambos países, en pocos años, el ingreso promedio de los ciudadanos de China estará convergiendo con el de los mexicanos.

 

El desarrollo económico, como resulta evidente por la experiencia económica mundial de los últimos 50 años –el periodo de prosperidad económica más importante en la historia- no es un asunto de suma cero. Lo que unos ganan, no significa que otros lo pierdan. El pastel del producto mundial sigue creciendo y cada país, de acuerdo a sus condiciones internas para el desarrollo, está capturando una mayor o menor parte de dicho pastel. Los países que ven su pedazo disminuir, particularmente algunos países africanos, son anomalías en las condiciones actuales de la globalización.

 

No obstante, no perdamos de vista que algunos países, por la forma como han estructurado su proceso de desarrollo económico, se encuentran inevitablemente en ruta de “colisión productiva”. El caso particular de China y México apunta hacia esa dirección. La razón tiene que ver con las estructuras productivas de ambas naciones.

 

El hecho que hace a China más peligroso para México –mucho más que para el resto de la región latinoamericana- es la enorme similitud en el patrón de especialización que siguen ambos países, el cual se ha acentuado con la entrada del país asiático a la Organización Mundial de Comercio en el 2001.

 

La inagotable oferta de mano de obra, con una calificación aceptable y en ascenso, su creciente capacidad exportadora (el segundo exportador del mundo) y la incursión en actividades productivas de mayor valor agregado –con el mercado norteamericano como el principal demandante de dichos productos-, hace de muchos de los productos chinos, competidores directos y sustitutos de productos mexicanos que son producidos en México. Importantes ramas productivas de nuestro país están en riesgo.

 

Existe evidencia empírica de que los sectores textil, electrónico y de telecomunicaciones, han sido desplazados gradualmente del mercado norteamericano. El sector textil más que las otras dos ramas productivas, pero los tres enfrentan un complejo futuro en los años por venir. El riesgo hacia adelante es que dicho desplazamiento se extienda hacia sectores aún más estratégicos, de mayor valor agregado, como son el sector automotriz, autopartes y de maquinaria.

 

Es justo reconocer que si bien China representa al mismo tiempo una formidable oportunidad de expandir nuestros mercados, ramas productivas vitales del país estarán en riesgo conforme el país asiático siga avanzando al ritmo que lo hace actualmente. Nos guste o no, lo que haga o deje de hacer China y la forma como respondamos a este reto en los próximos años, repercutirá –para bien o para mal- en la calidad de vida de millones de mexicanos.

 

El nuevo gobierno deberá encontrar la estrategia adecuada para estructurar sus prioridades en materia económica –macroeconómicas, pero principalmente a nivel micro- colocando a China como eje de nuestras decisiones. Y sabemos, a final de cuentas, que la única fortaleza viable que podemos construir para blindar a nuestro país del ascenso chino y enfrentar este ingente desafío con éxito, a pesar de lo que algunos despistados señalen, consiste en elevar la productividad de nuestra economía, el único camino real –no falsa quimera- que conduce a la prosperidad de las naciones.


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