LUNES, 2 DE OCTUBRE DE 2006
Barda antiinmigrantes

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“La construcción de esa barda fronteriza no podrá derogar la ley de la oferta y la demanda, como no lo pudieron hacer la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas en las primeras décadas del siglo pasado o la “guerra contra las drogas” en años más cercanos.”


Justamente el viernes pasado mientras yo analizaba en este mismo espacio el tema migratorio y auguraba que el gobierno de Estados Unidos levantaría un muro en el lindero norte de la frontera con México, su Congreso aprobó la construcción y autorizó gastar 1,200 millones de dólares en ello.

 

El Dictamen para la Cerca de Seguridad, nombre oficial de la ignominiosa valla, ordena construir una cerca doble, reforzada, con iluminación, cámaras y sensores de detección de movimientos, de acuerdo al plan elaborado por Boeing, la empresa que hace los aviones de la misma marca, con una longitud de 1,041 kilómetros, poco más que la distancia entre el DF y Reynosa, Tamps.

 

La barda propuesta se extenderá en seis segmentos de la frontera: frente a Tecate, Baja California; de Calexico, California a Douglas, Arizona; de Columbus, Nuevo México –pueblo famoso porque lo invadió Pancho Villa- a El Paso, Texas; de Del Río a Eagle Pass y de Laredo a Brownsville, en Texas.

 

La Secretaría de Seguridad Territorial, el monstruo burocrático creado a resultas de los ataques terroristas del 11 de septiembre del 2001, que incluye migración, aduanas y “protección fronteriza,” entre múltiples otras funciones, tiene el mandato de “alcanzar el control operativo del perímetro completo de las fronteras territoriales y marítimas de los Estados Unidos en 18 meses.” 

 

La ley aprobada inclusive define “control operativo” como “impedir todos los ingresos ilegales a los Estados Unidos, incluyendo la entrada de terroristas, otros forasteros ilegales, las herramientas de los terroristas, drogas y otros objetos de contrabando.”

 

Queda claro que los legisladores estadounidenses, que aprobaron esta ley e inmediatamente después se fueron a sus distritos electorales a hacer campaña para su reelección presumiblemente cacareando que ya habían resuelto el tema migratorio, no aprenden de sus errores pasados ni de la historia.

 

Para empezar, la barda en cuestión deja otros 2,092 kilómetros de frontera desprotegidos, quizá porque suponen que en el tramo de El Paso a Del Río el Bravo es una barrera infranqueable o porque el desierto entre Douglas y Columbus en más escabroso que en el resto del linde entre Sonora y Arizona.

 

Además, en las estimaciones del propio gobierno norteamericano, para la construcción de la cerca como está planeada se requieren por lo menos 6 mil millones de dólares, exactamente cinco veces más de la cantidad autorizada por el Congreso.

 

Lo que la construcción de esta barda fronteriza en Estados Unidos no podrá lograr es derogar la ley de la oferta y la demanda, como no lo pudieron hacer la prohibición del consumo de bebidas alcohólicas en las primeras décadas del siglo pasado o la “guerra contra las drogas” en años más cercanos.

 

Para abatir la demanda por los servicios de trabajadores ilegales, el gobierno de EU tendría que ordenar que su contratación fuera delito de suficiente gravedad como para persuadir a los patrones de no emplearlos, y al mismo tiempo, elevar la probabilidad de detección y captura de los infractores de tal mandato.

 

El proyecto de ley que había aprobado la Cámara de Diputados, contenía medidas como la anterior complementada por la propuesta de definir a los ilegales como delincuentes. El Senado rechazó ese proyecto y propuso otro que a su vez no aprobaron los diputados, que incluía programas para trabajadores temporales y abrir rutas de legitimación de los ilegales que ya residen en EU.

 

Al final, nos quedamos nada más con la cerca, que muchos norteamericanos reconocen, con vergüenza, como una soberana tontería. Su aprobación, sin embargo, y la coyuntura que el Presidente Calderón tomará posesión después de las elecciones de noviembre en Estados Unidos, presenta algunas posibilidades interesantes de replantear este asunto por parte de México. El detalle de cómo hacerlo lo discutiré mañana.


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