Ideas al vuelo
Oct 2, 2006
Ricardo Medina

Libros y chiles en nogada

Siguiendo la lógica de que a los “productos culturales” no se les deben aplicar las terrestres leyes de la oferta y la demanda libres, deberíamos prohibir también los descuentos y los precios diferenciados, por oferta y demanda, en la venta de chiles en nogada.

El libro es un producto cultural. De ello no cabe duda. El libro, y por supuesto no nos referimos al mero objeto físico de papel y tinta, es una propuesta cifrada que se propone a los lectores para ser descifrada. Lo mismo que este artículo que usted, lector, está descifrando.

 

Por su carácter de producto cultural, se argumenta, es incoveniente que el libro sea sometido a las pedestres leyes de la oferta y la demanda libres que, se dice, tal vez sean adecuadas para otros bienes mostrencos, pero no para los delicados productos culturales. Se ha llegado a decir que cada libro constituye una suerte de monopolio natural, dada su unicidad, no sujeto a la competencia y al que, por tanto, conviene un precio también único. Este argumento del poeta, ensayista e ingeniero Gabriel Zaid es, hay que reconocerlo, ingenioso. Pero es un sofisma.

 

Los conocedores y degustadores de las delicias de la cocina, por ejemplo, nos dirán que cada chile en nogada es único porque es irrepetible la azarosa combinación de circunstancias y talento culinario que se dieron cita para elaborarlo y ofrecerlo al paladar de los amantes de la buena mesa. Siguiendo la peculiar lógica de quienes promueven la prohibición de los descuentos en los libros –descuentos decididos libremente por los distribuidores de acuerdo a las condiciones de demanda, oferta, mayores o menores costos de distribución derivados de la logística y demás- debería prohibirse también que ese producto cultural llamado “chiles en nogada” (que para algunos en ciertos casos podría alcanzar el rango sublime de obra de arte) sea sometido a las rudas leyes del mercado libre y, en cambio, se ofrezca siempre y en todo lugar –independientemente de la apetencia de los consumidores- al mismo precio. Así, siguiendo el discurso de los promotores del precio único, aumentarían la producción y el consumo de los chiles en nogada, se estimularía a los innovadores gastronómicos que propongan nuevos y audaces arreglos en ese platillo tradicional a despecho de los zafios y adocenados gustos del público mayoritario y se protegería a los pequeños y distantes oferentes de chiles en nogada, propiciando que hasta la más remota población tenga, gracias a esta “inteligente” prohibición de descuentos y precios diferenciales, chiles en nogada al mismo precio que en las grandes ciudades.

 

Salta a la vista lo absurdo de esta propuesta –que ignora por ejemplo que los chiles en nogada compiten, de hecho, con las homogenizadas hamburguesas de McDonalds aunque nos escandalice– de la misma forma que, a despecho del prestigio de algunos de sus promotores, salta a la vista lo absurdo de la propuesta del precio único en los libros. La unicidad del producto ni crea ni justifica el monopolio.



Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

El gobierno es un mal necesario

Thomas Paine
Entrar
Encuesta de la semana
¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
Artículos recientes...
Asuntos Capitales
• Inversión Fija Bruta
Víctor Hugo Becerra
• López Obrador: La gran estafa
Arturo Damm
• Consumo solidario
Manuel Suárez Mier
• Liderazgos fallidos
Arturo Damm
• Domingo, día clave
Fernando Amerlinck
• Hernán Cortés, el padre de la patria