MIÉRCOLES, 26 DE OCTUBRE DE 2005
La destrucción ¿reactiva la economía?

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Luis Pazos

“Las guerras, las inundaciones y los terremotos tienen un costo económico mayor para la mayoría de los miembros de una sociedad que cualquier beneficio para un determinado grupo.”



La inundación de varias ciudades en el Estado de Lousiana, Estados Unidos, y en varios estados de la República Mexicana, generó una mayor demanda en algunos sectores de la economía. Las acciones de algunas empresas cementeras aumentaron y los pedidos de ciertos bienes de consumo se dispararon.

 

Algunos economistas sostienen que las inundaciones, terremotos y las guerras, que destruyen casas, puentes y carreteras, tienen un lado positivo, pues incentivan la economía. Las políticas keynesianas de un mayor gasto público para reactivar la economía parten de razonamientos parecidos.

 

El gran economista francés del siglo XIX, Frédéric Bastiat se refiere a ese tema como “lo que se ve y lo que no se ve”. Mediante el ejemplo del vidrio roto, muestra la diferencia entre un mal y un buen economista. Bastiat cuenta la historia de un joven que rompe con una piedra el ventanal  de  una  panadería.  Gracias  a quien lo rompió  -comenta un economista- tendrá trabajo el fabricante de vidrios y el que los coloca. La destrucción tiene su lado positivo –dice- pues reactiva un sector de la economía.

 

Bastiat señala que esos razonamientos son propios de los malos economistas, que solo toman en cuenta lo que se ve y no consideran lo que no se ve. El mal economista ve los empleos que se crean al reponer el vidrio, pero no los que se dejaron de crear si el panadero hubiera invertido ese dinero en otra cosa. Si no hubiera habido esa destrucción, además de tener el vidrio, podría haber comprado un horno para hacer más pan, lo que implica bienes adicionales para la comunidad y creación de empleos. En este caso hay más riqueza, crecimiento económico, en el otro sólo reposición de lo destruido.

 

   Henry Hazlitt en el libro “Economía en una lección”, dedica un capítulo al mito de los “beneficios de la destrucción”. Una guerra o desastre natural puede generar  utilidades adicionales para unas compañías, pero el saldo para la sociedad es negativo.

 

Las guerras, las inundaciones y los terremotos –además de las vidas humanas perdidas– tienen un costo económico mayor para la mayoría de los miembros de una sociedad que cualquier beneficio para un determinado grupo.


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