JUEVES, 5 DE OCTUBRE DE 2006
México y Latinoamérica

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“El Presidente Calderón heredará un paquete complicado en Latinoamérica, que requerirá de talento y destreza para llevar la fiesta en paz y desactivar los petardos que previsiblemente sembrarán en su camino.”


Parece atinado que la primera gira de trabajo fuera del país del Presidente Electo Felipe Calderón haya sido al sur y no al norte, como ya se había vuelto costumbre, sobre todo ahora que se tensan las relaciones con Estados Unidos por la erección de su valla fronteriza.

 

En México, al igual que en los países del sur, siempre ha habido una ambivalencia recíproca en nuestras relaciones políticas y económicas. Todos proclamamos orgullosamente nuestros orígenes y cultura comunes, pero a la menor provocación afloran viejos recelos ligados a pretendidos liderazgos en conflicto o simplemente a incomprensiones recíprocas.

 

Cuando se iniciaron las conversaciones que culminaron en el primer intento de integración Latinoamericana con la firma del Tratado de Montevideo en 1960, siguiendo los pasos del Tratado de Roma que creó la Comunidad Económica Europea, inicialmente no se pensaba incluir a nuestro país.

 

La inserción de México como fundador de la Asociación Latinoamericana de Libre Comercio (ALALC) se debió a la oportuna intervención de la diplomacia económica mexicana y, sobre todo, a don Plácido García Reynoso, diestro funcionario del Banco de México y principal negociador comercial de esa época.

 

El fracaso de la ALALC, y del MERCOSUR iniciativa de la que explícitamente se excluyó a México, se debió a que ambos bloques se dieron en un contexto proteccionista en el que cada país pretendió seguir su modelo de sustitución de importaciones nacional sin reparar en las ventajas de hacerlo a nivel regional.

 

En cualquier caso, en Sudamérica se ha pensado recurrentemente que México corresponde a la esfera económica y política de influencia de Estados Unidos, con el que los países de la región han tenido una relación oscilante, aunque con más frecuencia ha prevalecido un antiyanquismo crónico.

 

Cuando en los años setenta se hizo un nuevo esfuerzo de integración regional, esta vez de carácter eminentemente político –el Sistema Económico Latinoamericano, SELA- que incorporó a todos los países de la región, incluidos los de América Central y del Caribe, uno de sus componentes centrales era la exclusión y eventual confrontación con Estados Unidos.

 

Previsiblemente, quienes impulsaron este esfuerzo fueron los presidentes populistas del momento, Luis Echeverría y Carlos Andrés Pérez de Venezuela, que sin llegar a la estridencia nefasta de Hugo Chávez manejaban una retórica tercermundista y antiyanqui muy pronunciada.

 

Con el naufragio de los esfuerzos de integración regional –aunque en la mejor tradición burocrática los organismos que se crearon para tales efectos nunca desaparecieron- algunos países de la región, empezando por Chile, se dieron cuenta que había muchas más ventajas de integrarse al mundo en general y no a una región proteccionista que quería seguir viéndose hacia adentro.

 

Chile abandonó el Pacto Andino –subgrupo de la ALALC que incluía a los países contiguos a la cordillera- y del MERCOSUR, y se dedicó a firmar acuerdos de libre comercio con todos los países y regiones que se dejaran. Esta también fue la política seguida por México a partir de 1989.

 

Hoy la vinculación económica entre países de la región se caracteriza por acuerdos de libre comercio bilaterales o multilaterales en continuo proceso de alteración por las tensiones sembradas en la relación política por el protagonismo de Hugo Chávez y sus pupilos, como Evo Morales de Bolivia.

 

Así, hoy se perfila un enfrentamiento entre el neopopulismo liderado por Chávez, cuya principal motivación es irritar a Estados Unidos, y las posiciones pragmáticas de la mayoría del resto de los países del área preocupados por mantener relaciones económicas y políticas provechosas y por evitar conflictos regionales.

 

El Presidente Calderón heredará un paquete complicado en Latinoamérica, que requerirá de talento y destreza para llevar la fiesta en paz y desactivar los petardos que previsiblemente sembrarán en su camino.


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