VIERNES, 6 DE OCTUBRE DE 2006
Calderón y Latinoamérica

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“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
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“Hasta hace unos meses los agoreros del desastre pronosticaban el irreductible movimiento de la política en América Latina de regreso a la izquierda por la vía del populismo de la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez, quién se ostenta como el heredero de Fidel Castro y cuya creciente influencia parecía imbatible.”


Hasta hace unos meses los agoreros del desastre pronosticaban el irreductible movimiento de la política en América Latina de regreso a la izquierda por la vía del populismo de la “revolución bolivariana” de Hugo Chávez, quién se ostenta como el heredero de Fidel Castro y cuya creciente influencia parecía imbatible.

 

Los indicios que apoyaban tan catastrófica predicción abundaban en la región:

 

·         El regreso en Argentina de la vertiente populista del peronismo con Néstor Kirchner quién no sólo emula al general Perón en su agenda de re-estatización de la economía sino que planea, igual que él, perpetuarse en el poder junto con su esposa, la senadora Cristina Fernández.

 

·         La elección en Bolivia de Evo Morales, quién ya había logrado tumbar a varios gobiernos legítimos con violentas protestas callejeras y cuya agenda sigue los pasos del populismo venezolano: expropiación de los recursos del subsuelo, aunque no pueda explotarlos, e invasión y reparto de fincas agrícolas, aunque se acabe con la producción.

 

·         La inminente llegada al gobierno de Perú de Ollanta Humala, copia al carbón de Evo Morales. En este caso, el apoyo descarado de Hugo Chávez resultó contraproducente y los peruanos votaron por el mal menor, Alan García, el ex-presidente que quebró a su país hace dos décadas. Está por verse qué tipo de gobierno realiza este populista pertinaz, que ya como presidente electo declaró su simpatía por el demagogo López Obrador porque “representa(ba) la mexicanidad.”

 

·         La candidatura del populista radical Rafael Correa en Ecuador, que ha venido ganando apoyo para las elecciones del 15 de octubre y que ofrece lo que es de esperarse de alguien con sus antecedentes.

 

·         El regreso de Daniel Ortega en Nicaragua el 5 de noviembre plantearía problemas graves no sólo para esa pequeña república sino para toda Centroamérica, como lo hizo cuando gobernó en los ochenta.

 

A este escenario siniestro se sumaba la inminente elección de López Obrador en México, y la hipótesis que la reelección de Lula en Brasil implicaría que sin nuevos comicios por ganar, podría al fin moverse a la izquierda y romper las ataduras que la comunidad financiera le impusieron en su primer periodo.

 

Sin embargo, en la región también había algunos signos esperanzadores. La reelección por amplio margen de Álvaro Uribe en Colombia, quién ha hecho exitosos esfuerzos por restaurar el estado de derecho en su país y eliminar por igual a la guerrilla, a los narcotraficantes y a las guardias blancas.

 

El triunfo de los socialistas Tabaré Vázquez y Michelle Bachelet en Uruguay y Chile, respectivamente, mostró que era posible construir opciones electorales de izquierda alejadas del populismo y la demagogia. A mi juicio, Lula se arraigará a esta categoría si logra la victoria en la segunda vuelta del 29 de octubre.

 

La elección de Felipe Calderón y los intentos golpistas de López Obrador, contribuyeron a cambiar la dinámica política de la región pues pusieron en evidencia el carácter antidemocrático e intolerante de este tipo de populismo, y la amenaza que representa regresar a políticas económicas fracasadas. Esto lo sabían venezolanos y bolivianos pero no se divulgaba lo suficiente afuera.

 

El fracaso populista será más claro ahora que empiezan a caer como plomada los precios del petróleo, único combustible que mantiene a Hugo Chávez en la cima de popularidad en su país y en otras latitudes, aunque me temo que el ajuste llegó demasiado tarde para derrotarlo en diciembre en las urnas.

 

Como muestra esta breve reseña, Felipe Calderón podrá trabajar provechosamente con la mayor parte de los líderes de Latinoamérica en proyectos de beneficio común para nuestros países, en la consolidación de las instituciones democráticas y en la prevalencia del estado de derecho a nivel regional.


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