MIÉRCOLES, 11 DE OCTUBRE DE 2006
¿Qué hacer con Estados Unidos?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“¿Por qué una cantidad tan grande de votantes norteamericanos demanda que “se haga algo” para impedir la llegada de inmigrantes? ¿Qué ha cambiado en el ánimo de la ciudadanía de Estados Unidos que solía mostrar una indiferencia marcada al respecto? ”


Uno de los principales problemas que enfrentan todas las administraciones públicas de México es cómo manejar las relaciones con Estados Unidos, país con el que tenemos resentimientos antiguos y lazos complejos, marcados por la vecindad y la desigualdad.

 

El gobierno de Felipe Calderón, que iniciará su gestión en cincuenta días más, lo hará con las relaciones bilaterales en un estado de zozobra superior al habitual por la decisión del Congreso norteamericano de construir una valla fronteriza para cortar el paso a los migrantes del sur.

 

Hay que poner esta circunstancia en una perspectiva realista y tener presente, como lo declaró Bill Richardson, gobernador de Nuevo México y veterano político de su país, que la decisión del Congreso era un ardid exclusivamente electorero vinculado a los comicios de noviembre.

 

Lo que hay que preguntarse es, ¿por qué una cantidad tan grande de votantes norteamericanos demanda que “se haga algo” para impedir la llegada de inmigrantes? ¿Qué ha cambiado en el ánimo de la ciudadanía de Estados Unidos que solía mostrar una indiferencia marcada al respecto?  

 

El ánimo anti-inmigrante es un fenómeno recurrente en Estados Unidos, exacerbado ahora por comentaristas de extrema derecha que han alimentado un nacionalismo xenófobo y el temor que la mayoría blanca de origen europeo, dejará de serlo pronto si se mantienen las tendencias demográficas.

 

La cuestión es si una posición como ésta se puede neutralizar y por qué medios. Yo estoy convencido que es posible contrarrestar el ímpetu contra la inmigración mexicana en Estados Unidos y que la mejor forma de hacerlo es la que se utilizó para ganar la batalla del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN).

 

Cuando el gobierno de México decidió que deseaba negociar un acuerdo de comercial con Estados Unidos en 1989, con el pleno apoyo de su gobierno, nunca se nos ocurrió que habría una oposición tan intensa como la que surgió desde que se hizo público el proyecto.

 

Yo acababa de llegar a la capital de Estados Unidos para trabajar como Ministro para Asuntos Económicos en nuestra misión diplomática, con el recién nombrado embajador Gustavo Petricioli, por lo que en cuanto se planteó la intención de buscar el TLCAN la primera pregunta fue cómo podíamos apoyar tan importante proyecto.

 

Bien pronto nos percatamos que tendríamos que trabajar muy de cerca con el Congreso norteamericano y específicamente con la Cámara de Diputados, que tiene bajo su responsabilidad la aprobación de los acuerdos comerciales en su país.  

 

En cuanto empezamos a hacer las rondas en la Colina del Capitolio para platicar con los diputados y presentarles nuestras razones de por qué le convenía a Estados Unidos este Tratado, no percatamos que había tres posiciones claramente definidas:

 

·         Los legisladores que apoyaban sin reservas el proyecto por estar convencidos que el libre comercio era beneficioso para todos los países que lo adoptaran y que, por lo tanto, avalaban el TLCAN por principio. Tal era el caso del influyente representante de Florida, Sam Gibbons, que nos ayudó con gran entusiasmo.

·         Los congresistas que se oponían al libre comercio por estar cercanamente vinculados a los sindicatos, que eran su principal fuente de apoyo político y contribuciones pecuniarias para sus permanentes campañas reelectorales, pues cada dos años tienen que enfrentar nuevas elecciones. El diputado Richard Gephardt, poderoso líder de la mayoría demócrata ejemplificaba a los enemigos a ultranza del Tratado.

·         Una gran mayoría de diputados que no tenía una posición definida respecto al libre comercio y que votaría en función de la correspondencia que recibiera de los votantes de sus distritos electorales. Claramente, este segmento era al que teníamos que trabajar para conseguir su apoyo.

 

Mañana relataré cómo lo hicimos.

 

 


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