VIERNES, 13 DE OCTUBRE DE 2006
Estamos hablando de personas y de sus cosas

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Quienes intercambian bienes y servicios entre sí son las personas, no los países. Y lo hacen con sus cosas, sobre las cuales nadie más tiene derechos.”


Defender el libre comercio, el libre mercado, no es sólo una batalla que pertenece a la economía. Forma parte de la lucha por la libertad y la dignidad de las personas. Carlos Alberto Montaner

 

Cuando hablamos de comercio internacional no debemos perder nunca de vista que quienes intercambian bienes y servicios entre sí son las personas, no los países. Mexicanos que compran o venden productos a chinos, canadienses, japoneses, italianos, etc. Olvidarnos de ello es uno de los errores más comunes en esta materia.

 

Si México tiene una balanza comercial deficitaria con el resto del mundo significa que los mexicanos preferimos comprarles a los extranjeros que venderles, lo cual no tiene nada de malo siempre y cuando tengamos con qué pagarles. Yo, por ejemplo, por más que quiero venderle ensayos de economía al carnicero del mercado nomás no puedo, y hasta ahora mantengo con él una balanza comercial totalmente deficitaria (lo único que puedo hacer es comprarle). Nadie se atrevería a decir que tengo una pésima relación comercial con él. ¿Por qué deben ser diferentes las cosas si el carnicero vive y trabaja en otro país? Desde luego, a alguien más le estoy vendiendo mis artículos de economía, con lo que obtengo los recursos para pagar la carne. Si a final de cuentas termino comprando más de lo que vendo de algún lugar tengo que sacar el dinero para pagar la diferencia.

 

En el agregado (la suma de todos los mexicanos) es lo mismo; cuando decimos que en 2005, los mexicanos compramos al exterior 7,560 millones de dólares más de lo que vendimos, lo que estamos diciendo es que de algún otro lugar obtuvimos ese monto. ¿De dónde? De la inversión extranjera, que también es una entrada de recursos.

 

Por eso, afirmar –como lo hacen ciertos analistas- que el déficit de 0.74% del PIB (el más bajo desde 1996) es “el mejor resultado” que ha obtenido México en su cuenta corriente en los últimos años revela una total falta de visión. O sea, mientras más vendamos qué bien, mientras más compremos qué mal. ¡Qué miopía! Si lo único que queremos es vender ¿con qué nos van a comprar? ¿Para qué creen nuestros “especialistas” que exportamos? ¿Para comernos los billetitos verdes en tacos? Pues no, para lo único que nos sirven esos papelitos es precisamente para importar. Un déficit comercial es el reflejo de nuestro poder de compra. Además, pedir un déficit en cuenta corriente pequeño equivale a pedir un superávit pequeño en la cuenta de capitales (inversión).

 

Lo anterior significa que los mexicanos vendemos nuestras cosas a otras personas en otras partes del mundo, quienes a cambio de esos productos nos dan dinero. Ese dinero lo usamos para comprarles sus cosas a otras personas en otros lados del planeta. Podemos comprar más de lo que vendemos porque además hay otras personas en otro lugar que nos dan su dinero porque quieren trabajar con nosotros.

 

La apertura comercial ha sido posible porque nuestros últimos gobiernos han comprendido que la libertad económica de las personas arroja mucho mejores resultados en términos de bienestar que un Estado sabelotodo que decide a quién le debemos comprar y a quién le debemos vender.

 

Más aún: la apertura comercial ha sido, sobre todo, un gran avance en la protección a los derechos de propiedad. ¿Por qué? Porque, repito, quienes comercian entre sí no son los países, sino las personas, y lo hacen con lo que les pertenece. Los pantalones que hace Juan son de él, y tiene todo el derecho de regalarlos, alquilarlos o venderlos a quien le plazca. ¡Son suyos! Tiene todo el derecho de intercambiarlos por el arroz o frijol que produce Pedro quien vive en el otro lado del mundo. Es un intercambio de pertenencias entre particulares. Si Juan no puede hacer lo que se le de la gana con sus pantalones, entonces no son verdaderamente suyos. La liberalización comercial ha devuelto algo de certeza a las personas de que lo suyo es suyo y de nadie más.

 

El comercio libre entre dos personas de diferentes lugares mejora la situación económica de ambas. Es un juego donde todos ganamos (el carnicero está mejor con el dinero que le pagué y yo estoy mejor con la carne que obtuve). Hoy en día existe tanta evidencia alentadora para defender el libre comercio como para continuar decididamente sobre la misma vía (ya expusimos algunos de los resultados de la apertura en la colaboración pasada).

 

Por eso es que el famoso semanario británico The Economist, afirma que de continuar la tendencia hacia un mayor comercio global habrá unas 600 millones de personas que abandonen la pobreza extrema durante los próximos diez años.


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