VIERNES, 20 DE OCTUBRE DE 2006
El reino de los monopolios

¿Usted cree que la economía mexicana crecerá este año 2% como asegura López Obrador?
No
No sé



“La banca central solo puede decidir entre uno de tres caminos posibles: a qué tasa contraer, a qué tasa expandir o dejar inalterada la base monetaria.”
Alberto Benegas Lynch (h)

Edgar Piña







“Las causas de nuestro atraso y subdesarrollo como país, persisten cómodamente instaladas en la condición monopolística de nuestra economía.”


Es la incertidumbre una de las constantes que nunca falta en la vida de los seres humanos. Es decir, sólo podemos estar ciertos de unas cuantas cosas que habrán de suceder sin lugar a dudas. Una de ellas es la muerte. Otra es que el sol sale para todos. Y así puede usted agregar algunos eventos que se presentan sin que haya poder humano que los evite y resultan al final de cuentas algo así como verdades de Perogrullo o como lugares comunes.

 

Sin embargo, no obstante la constante de la incertidumbre, muchas personas tenemos unas cuantas certidumbres. Para el autor de esta columna una de ellas es la de que vivimos en el reino de los monopolios. Sí, los mexicanos somos súbditos callados, resignados y expoliados de los monopolios y sus hermanos carnales los duopolios y los oligopolios.

 

La situación es de tal forma consustancial a nuestra forma de ser y de vivir que ni siquiera somos capaces de tomar conciencia de esta fatalidad, que al final de cuentas es la que explica la característica relevante de nuestra realidad: la brutal inequidad en la distribución del ingreso, la coexistencia paradójica de fortunas mundiales con espantosas formas de pobreza y los enormes rezagos productivos en un territorio rico y diverso, todo en el mismo recipiente.

 

Pero antes de continuar, déjeme recordarle, por si acaso no tiene el concepto claro, que por monopolio se entiende la concentración de la oferta de un bien o servicio en un único vendedor. El origen de dicha concentración, no es, como alguna vez habrá escuchado por ahí, culpa del capitalismo o del sistema de mercados, sino al contrario, es gracias a una intervención sobre las fuerzas espontáneas del mercado por lo que existen los monopolios, los duopolios y los oligopolios.

 

Y para abundar un poquito más en el concepto, permítame agregar  que la intervención en el orden natural del mercado la hace el gobierno al otorgar concesión a una empresa o persona (monopolio), a dos (duopolio) o a un reducido número de ellas (oligopolio), para que éstas aprovechen en exclusiva alguna industria o comercio, sin preocuparse para nada de la “molesta” competencia que trae la libre concurrencia.

 

Otra certidumbre se deriva de la primera y consiste en que las causas de nuestro atraso y subdesarrollo como país, persisten cómodamente instaladas en la condición monopolística de nuestra economía. Ahora bien, si hasta este momento de la lectura, usted ha estado, digámoslo de alguna forma, escéptico, aquí le voy a proporcionar algunos ejemplos que sí son  todos los que doy pero no doy todos los que son.

 

Gas doméstico, diesel y gasolina: Petróleos Mexicanos. Energía eléctrica: Comisión Federal de Electricidad o Compañía de Luz y Fuerza del Centro en el valle de México. Tortillas y harina de maíz: Maseca y Minsa. Pan de caja: Bimbo. Refrescos gaseosos: Coca Cola y Pepsi Cola. Carne de pollo y huevos: Bachoco y Mezquital del Oro. Cervezas: Tecate y Modelo. Televisión: Televisa y TV Azteca. Televisión por cable o parabólica: Megacable y Skytel.

 

Transporte de pasajeros por aire: Aeroméxico y Mexicana. Telefonía domiciliaria: Telmex. Telefonía celular: Telmex y Movistar. Transporte carretero: Caminos y Puentes Federales. Servicios de conexión a Internet: Telmex y Megacable. Transporte urbano: concesionarios de líneas de autobuses y de taxis. Leche y sus derivados: unas cuantas marcas. Servicios de salud y seguridad social: IMSS, ISSSTE y sus remedos regionales como el ISSTESON.

 

Seguro estoy que muy pocos mexicanos lo habrán pensado, pero hasta el derecho ciudadano de participar políticamente está oligopolizado por un reducido grupo de partidos políticos. Lo mismo sucede con los nefastos sindicatos, los cuales se dan el lujo de heredar los puestos a los hijos de sus longevos dirigentes.

 

La fatalidad monopolística de nuestra economía llega tan profundo en el alma de los mexicanos que hasta en las escuelas tenemos la figura del acaparamiento representada en las “tienditas”, “cooperativas” y cafeterías concesionadas, todas las cuales disfrutan de mercados cautivos a los que se les ofrece generalmente comida chatarra a precios de primer mundo.

 

Es México, el reino de los monopolios. ¿Le queda a usted alguna duda?


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