VIERNES, 20 DE OCTUBRE DE 2006
Agustín Carstens

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Las reformas pendientes no se limitan al ámbito financiero sino que incluyen el imperativo pendiente de hacer más eficiente al aparato económico mediante su mayor competitividad y la creciente productividad de la mano de obra.”


Tengo el privilegio de conocer desde hace muchos años al recién nombrado titular de asuntos económicos en el equipo de transición del Presidente Electo Felipe Calderón y me constan su cerebro privilegiado, su notable capacidad de trabajo y su talento como economista y negociador de temas muy complejos.

 

Me congratulo que las expresiones de la mayoría de los comentaristas hayan sido favorables pero, por desgracia, siempre hay algún negrito en el arroz. Ha habido opiniones que muestran que no se entienden cuáles son las funciones que corresponde desempeñar a quien conduce las finanzas del país.

 

Una de las críticas que evidencian una grave ignorancia en temas económicos, es la afirmación de que se han seguido políticas “restrictivas” en los últimos años y que sería muy deseable que Agustín Carstens, como eventual secretario de Hacienda adopte políticas “expansionistas.”

 

Lo que estos confundidos opinólogos creen, por lo visto, es que si un gobierno gasta más, ello automáticamente genera mayor crecimiento económico, y citan casos como los de China y Chile como los ejemplos a seguir, sin percatarse que ambos países han mantenido políticas macroeconómicas virtualmente idénticas a las de México en la última década.

 

Lo que diferencia el mediocre crecimiento de nuestro país en los últimos años respecto al desempeño espectacular de otros países no fue seguir políticas financieras sanas sino haber detenido, y en varios casos revertido, reformas que hubieran permitido elevar la competitividad de la economía en forma sistemática.

 

Tirar por la borda la estabilidad, en nada ayuda a crecer más ni mejor como lo demostraron las instancias en las que se hizo tal tontería durante la “docena trágica” (1970-82) en la que los presidentes populistas de la época gastaron lo que el país no tenía, se endeudaron y la economía acabó en graves crisis.

 

Por fortuna, tanto el Presidente Calderón como Agustín Carstens entienden perfectamente bien que la estabilidad macroeconómica es una condición indispensable aunque ciertamente no suficiente, para alcanzar las tasas de crecimiento económico que necesita el país.

 

Para crecer, las políticas públicas del próximo gobierno deben retomar con vigor la agenda de reformas pendientes que representa la clave para que la economía cree los empleos a los que se comprometió el próximo Presidente y genere los recursos necesarios para atender con renovado vigor el combate a la pobreza.

 

En el ámbito hacendario, y a pesar que hubo avances notables al alcanzarse la aprobación de numerosas reformas que no se dieron en otros sectores y que permitieron empujar la modernización del sistema financiero y de administración del gasto público, hay temas pendientes muy obvios:

 

·         Una reforma tributaria que simplifique el pago de impuestos, eleve la recaudación haciéndola más eficiente y abata la evasión fiscal. Como candidato, Felipe Calderón hizo un certero diagnóstico de la problemática impositiva e, inclusive, propuso la adopción de un esquema tributario de tasa única que ha tenido gran éxito en los países que lo han aplicado.

 

·         Ahondar los cambios conseguidos en materia de gasto público federal y extenderlos a los ámbitos estatal y municipal que hoy en día ya manejan casi el 80% del gasto público total.

 

·         Avanzar en las reformas emprendidas para profundizar el sistema financiero y hacerlo más eficiente y transparente, al tiempo que se abaten los costos de intermediación que son todavía muy elevados.

 

En cualquier caso, las reformas pendientes que impidieron un más rápido crecimiento de México no se limitan al ámbito financiero sino que incluyen el imperativo pendiente de hacer más eficiente al aparato económico mediante su mayor competitividad y la creciente productividad de la mano de obra.

 

Ojalá que el dúo dinámico Calderón-Carstens logre avanzar en estos cambios indispensables.


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