LUNES, 23 DE OCTUBRE DE 2006
Los retos de la política fiscal (I)

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“En materia fiscal estos son los principales puntos que hay que atender durante el próximo gobierno.”


Una de las principales conclusiones a las que llegamos durante la cuarta reunión anual del Grupo Huatusco fue la notoria precariedad de las finanzas públicas caracterizada, por el lado de los ingresos, por la notoriamente baja recaudación tributaria, un diseño tributario ineficiente y costoso de fiscalizar así como por la alta dependencia de los ingresos petroleros, mientras que por el lado del gasto sobresale la ineficiencia en el uso de recursos públicos, un arreglo ineficiente del federalismo fiscal así como las presiones crecientes derivadas de la amortización de los Pidiregas y del pago de las pensiones de los empleados públicos, entre otros. Es claro que en materia fiscal estos son los principales puntos que hay que atender durante el próximo gobierno.

 

En materia de ingresos, la baja recaudación tributaria y la alta dependencia en el petróleo van de la mano, por lo que es necesario instrumentar una reforma tributaria profunda que cumpla con tres objetivos: aumentar la recaudación, generar un sistema eficiente de incentivos al trabajo, el ahorro y la inversión y reducir esa dependencia. El eje de la reforma abarca tres impuestos: el ISR a las personas físicas, los regímenes especiales de tributación y el IVA. Por lo que toca al primero, éste debe ser un impuesto proporcional de entre 12 y 15% aplicable a la diferencia entre el ingreso total bruto generado de todas las fuentes posibles, incluyendo ganancias y pérdidas de capital en los mercados bursátil y cambiario (sin exenciones) y el equivalente a tres o cuatro salarios mínimos anuales, complementado con un ISR negativo (transferencias directas al ingreso) a todos aquellos que tengan un ingreso bruto anual menor que la base de cálculo establecida (el número de salarios mínimos) y que lleve su ingreso a esta base. Este esquema mantiene una progresividad efectiva del ISR pero además genera incentivos más eficientes al trabajo, el ahorro y la inversión (con un efecto  positivo sobre el crecimiento) así como el incentivo para los individuos de menores ingresos a incorporarse al mercado laboral formal y ser sujetos a las transferencias directas a su ingreso.

 

Otro aspecto que es indispensable modificar, en realidad eliminar, es lo relativo a los regímenes especiales de tributación, particularmente en el sector agropecuario y en el de transporte terrestre de carga y de pasajeros. Este esquema, diseñado inicialmente para promover estas dos actividades al nivel de pequeños productores, en realidad ha beneficiado a los grandes productores agropecuarios (particularmente en la agricultura y la silvicultura) así como a los poseedores de las grandes flotillas de transporte de carga y de pasajeros y representa una significativa pérdida de ingresos tributarios. Es necesaria su eliminación y que estos productores se incorporen al régimen general del ISR.

 

Finalmente está el controvertido IVA. El esquema actual de una tasa general, una tasa especial para las zonas fronterizas, la tasa cero en alimentos y medicinas y las exenciones como en educación y libros, generan una enorme distorsión en los precios relativos y en la asignación de recursos en la economía, además de que por su complejidad resulta ser en un impuesto fácil de evadir y de eludir, lo que repercute a su vez en la evasión del ISR por parte de las empresas.  Eliminar estas distorsiones solo puede hacer a través de la homogeneización del impuesto. No hay que olvidar al respecto que los impuestos sirven para recaudar y que tratar de utilizarlos como un instrumento para redistribuir el ingreso merma su capacidad recaudatoria y que en el caso de este impuesto, reconociendo que se trata de un gravamen regresivo, tiene que compensarse con otros mecanismos (el ISR negativo y el gasto público).

 

No hacer esta reforma tributaria, además de repercutir en que la recaudación siga siendo apenas del 12% del PIB, deja a las finanzas públicas en una situación de debilidad estructural y con enormes riesgos, particularmente por la alta dependencia petrolera. Estar dependido de los ingresos derivados del petróleo es notoriamente riesgoso ya que por una parte la plataforma de producción y exportación está cayendo y por otra, ante la desaceleración del crecimiento mundial, se prevé una caída del precio internacional del petróleo, por lo que es altamente probable que los ingresos petroleros se reduzcan. Esto, con las presiones crecientes por el lado del gasto, hacen imperativa la reforma tributaria.


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