LUNES, 23 DE OCTUBRE DE 2006
Nuevamente dádivas al SNTE

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“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
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“El sistema educativo mexicano es corrupto y deficiente. De no corregirlo para meterle más competencia, seguiremos creando ciudadanos mediocres.”


Triste, muy triste es la aparente solución al conflicto oaxaqueño. Como siempre, al más puro estilo tradicional priísta, se pretende solucionar los conflictos sociales con dinero del contribuyente, nunca con la ley en la mano. Ya se le ofreció al Sindicato Nacional de Maestros (lo que incluye a la rijosa Sección 22) un nuevo botín de poco más de 40 mil millones de pesos (por lo menos es una promesa para el próximo sexenio). Aparentemente, esta oferta ya le gustó a los líderes sindicales y por lo pronto están planeando regresar a clases. Habrá que ver si los radicales de la APPO permiten al ala magisterial de esta organización, hacerlo.

 

Una pregunta al aire, ¿de dónde sacará Felipe Calderón 4 mil millones de pesos para el SNTE? Su probable futuro Secretario de Hacienda, Carstens, sabe bien que eso es un exceso para el presupuesto público. A ver si Calderón se pone las pilas y corrige esta promesa demagógica.

 

Nuestro sistema educativo público básico francamente está podrido. Se trata de un sector que sólo vive de las prebendas y dádivas que los gobernantes en turno les ofrecen. Lo de menos es la educación de los niños.

 

Sin base a criterio productivo alguno, entre la presión que año con año lleva a cabo el SNTE (y sus alas disidentes), de acuerdo a la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico (OCDE), los maestros en México ya se consideran entre los mejor pagados en América Latina (se rompe el viejo mito de que los maestros normalistas se mueren de hambre). Por supuesto, estos aumentos salariales nada tienen que ver con la preparación de los maestros y su impacto positivo sobre los educandos (año con año, nuestros estudiantes de educación básica obtienen los menores puntajes- penúltimo lugar- en los exámenes internacionales).

 

Se trata más bien de un triunfo de los buscadores de rentas encabezado por el Sindicato magisterial. A continuación mostramos qué premios existen en la SEP, que en concordancia con el SNTE, se otorgan para premiar a “los mejores” maestros.

 

El premio "Maestro Altamirano" se entrega a quienes tienen 40 años o más de servicio y para el 2005 se incrementó en mil 800 pesos, para quedar en 47 mil 250. La medalla "Rafael Ramírez", que se otorga a los docentes con 30 años de servicio, el año pasado tuvo un aumento de mil 150 pesos y quedó en 29 mil 600.

 

Además, en el 2005, se instituyó el premio al mérito académico "Maestro José Vasconcelos", para el cual la SEP destinó 10 millones de pesos, pues los maestros se hacen acreedores de una medalla, diploma, un equipo de cómputo y 21 mil pesos en efectivo.

 

Con la revisión de este año, seguro se incrementarán estos premios a la “excelencia”.

 

También hay bonos e incentivos para la burocracia educativa. Así, hay tres compensaciones anuales por desempeñar funciones de director de doble turno, y en general bonos anuales para maestros, directores y supervisores. Por supuesto, todos los funcionarios cuentan con fondo de vivienda.

 

En teoría también hay premios al mérito académico, pero esos, esos premios a la excelencia son los que menos peso tienen en la SEP. Al sindicato francamente ni le importan. Definitivo, nuestro sistema educativo premia la antigüedad y la movilización política en menoscabo de la productividad y la preparación académica. Ahí están nuestros pobres resultados internacionales que exhiben nuestra cruda realidad. Podemos ignorarlos, pero la consecuencia será la mediocridad y la cero contribución de la educación básica al crecimiento económico. Resultado: menor crecimiento económico, aumento de la desigualdad y ciudadanos mediocremente educados.

 

En Chile, a mediados de los años ochentas (1981-1986), el gobierno optó por subsidiar a la demanda educativa y no a la oferta (a los burócratas educativos ya no les caía el dinero del cielo). El resultado fue mayor competencia en el servicio de educación básica. Las escuelas privadas se multiplicaron y las públicas disminuyeron su matrícula y algunas hasta cerraron. Por supuesto, hubo profesores despedidos. Las escuelas públicas que sobrevivieron mejoraron notablemente su oferta educativa. Obvio, el sistema daba a los participantes el incentivo a competir y, con ello, atraer a los mejores alumnos. Es el período en que mejor competitividad tuvo Chile en su sistema educativo básico. Con la llegada de la democracia y del primer gobierno chileno de izquierda elegido en las urnas (después de la dictadura), las presiones sindicales resurgieron y nuevamente se impidió despedir a los malos profesores. Son los años que van de 1987 a 1994. Asimismo, se volvió a proteger a las escuelas públicas con subsidios (en Chile se les llama escuelas municipales). Esta es una etapa en que la ausencia de competencia, producto de la protección injusta que el gobierno daba a las escuelas municipales, provocó que nuevamente la calidad educativa decayera.

 

¿Qué tiene de malo despedir a los malos maestros? ¿Qué tiene de malo cerrar a las malas escuelas? En un mercado libre, los médicos y abogado malos tienen que salir del mercado, pues nadie los recomienda. Claro, si pertenecen a un sindicato, entonces la calidad pasa a segundo termino. Ahí está la mediocridad. El sistema chileno volvió a tratar por igual a los elementos buenos y malos.

 

Después de 1995, Chile trata de retomar el mecanismo de competencia, pero ahora con subsidios parciales a las escuelas privadas (los padres de familia soportan otra parte de la carga financiera). El problema, de acuerdo a los expertos, es que el sistema sigue protegiendo a las escuelas públicas de la competencia. El resultado, precios distorsionados que inhiben la adecuada asignación de recursos para elegir un colegio en donde estudiar. Si no se permite que las malas escuelas públicas cierren, ni despedir a los malos maestros (sólo se permite despedir a lo maestros que están por honorarios; los sindicalizados están fuera de toda presión de la competencia) entonces el mercado no funciona, pues no emite las señales adecuadas a los participantes.

 

Aún con todo lo anterior, el sistema chileno tiene menos perversiones que el sistema mexicano. Chile aún no obtiene calificaciones sobresalientes en los exámenes internacionales, pero de volver al esquema de competencia libre que predominó a inicios de los ochentas, la incompetencia actual se acabaría. No se ve claro, pues hoy día la Presidenta chilena Bachelet parece ceder a las voces sindicales que exigen nuevamente que sus intereses se impongan por encima de un mercado educativo y competitivo que a todas luces es mejor en calidad y eficiencia. Ya veremos si se impone la cordura y Chile perfecciona su esquema educativo o lo vuelve mediocre, al estilo del sistema educativo mexicano.

 

El sistema educativo mexicano es corrupto y deficiente. De no corregirlo para meterle más competencia, seguiremos creando ciudadanos mediocres. En una sociedad así, el retorno del populismo (y los mesiánicos) es una amenaza latente. Asimismo, la ausencia de competencia en la educación básica, crea incentivos para que prosigan los buscadores de rentas sindicales. Los más perjudicados: los niños y los contribuyentes.

 

Con este esquema perverso de incentivos que premia a la mediocridad educativa, el próximo año tendremos nuevamente otros conflictos magisteriales. Y como siempre, otra vez, ¡que se jodan los niños!, ¡que se joda el país!


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