VIERNES, 27 DE OCTUBRE DE 2006
¿Por qué le conviene a Brasil que pierda Lula?

¿Usted considera que las acciones del actual gobierno concuerdan con sus propuestas de política industrial?
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El punto sobre la i
“El dinero en efectivo es una garantía de libertad individual, por su eficiencia, versatilidad, irrastreabilidad y anonimato.”
Víctor H. Becerra


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Ricardo Medina







“Una victoria del opositor Geraldo Alckmin el domingo sería una excelente noticia para el futuro de Brasil… y el de México.”


“En los últimos años ha aumentado la distancia que nos separa de los países altamente desarrollados, porque estamos creciendo menos que la mayoría de las naciones en desarrollo. Y lo que es peor: mucho menos de lo que podríamos y necesitaríamos para dar empleo y oportunidades a nuestros compatriotas.

 

“Varios países que en la década de 1950 eran más pobres de lo que somos hoy, dieron el salto del subdesarrollo al desarrollo en el plazo de una generación. China y la India están caminando a pasos agigantados en la misma dirección. ¿Por qué estamos condenados a quedarnos atrás en esa carrera?”.

 

El país, “con sus excepcionales recursos humanos, con sus riquísimos recursos naturales (…) con una base industrial y con capacidad científica y tecnológica que se construyó en el siglo pasado y con la estabilidad política y económica que ha conquistado recientemente está listo para ganar en la carrera del desarrollo”.

 

He citado estos tres párrafos del programa de gobierno de Geraldo Alckmin no sólo porque el diagnóstico que el candidato opositor a Lula hace de Brasil puede aplicarse, letra por letra, a México, sino porque revelan uno de los principales y más justificados reproches que Alckmin le hace a los cuatro años de gobierno de Lula: No se realizó la segunda generación de reformas estructurales –muy similares a las que requiere México- que habrían catalizado el crecimiento económico de Brasil. En el caso de Brasil las reformas no se hicieron simplemente porque Lula no “cree” en ellas y las considera incompatibles con su ideario ideológico.

 

Otro reproche inevitable a Lula es la rampante corrupción de su partido, el Partido del Trabajo, que contaminó a su gobierno.

 

Lula desmintió, por fortuna, a todos los que hicimos hace cuatro años pronósticos sombríos respecto de su gobierno. Evitó el desastre fiscal que sus discursos de campaña presagiaba y fue notablemente más moderado como presidente que como candidato. Sin embargo, no corrigió a fondo la vulnerabilidad fiscal de Brasil (en eso México le lleva una considerable ventaja) y el gobierno sigue gastando mucho y gastando mal, como advierte Alckmin.

 

Reformó lo mínimo indispensable para evitar un colapso, pero eludió las reformas que, al incrementar la productividad, le habrían dado a Brasil tasas de crecimiento mucho mayores.

 

Para la segunda vuelta de las elecciones, este domingo, los sondeos le dan la ventaja a Lula sobre Alckmin, pero nada está escrito. Lo cierto es que la propuesta del opositor es mucho más ambiciosa, sólida y acorde con los desafíos de la globalización que la oferta de Lula.

 

A México le convendría, como acicate, tener en el sur a un formidable competidor –Brasil- que sí haya dado ese gran salto hacia el crecimiento sostenido a través de nuevas reformas estructurales. Y eso sólo sucederá si Alckmin logra derrotar a Lula.


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