Desde el sur libertario
Nov 1, 2006
David Martínez-Amador

El tinte latinoamericano

Si México no logra generar el despegue económico, y, si la otra economía pesada de la región, Brasil, no elabora sus propias reformas de segunda generación, el panorama latinoamericano pinta mal.

Hasta hace muy poco, la mayor amenaza a los procesos electorales en América Latina venía de la derecha, específicamente, de los golpes militares. Las fuerzas armadas usualmente recibían apoyo político de grupos de clases media y alta, deseosos de evitar que los estratos bajos obtuvieran poder político.

 

Durante los últimos años, sin embargo, la princi­pal amenaza a los procesos electorales en la región ha venido de la izquierda, específicamente de líderes carismáticos y populistas que dicen tener la represen­tatividad de los pobres. Y en una especie de reflejo de los anteriores golpes militares de derecha, las movilizaciones sociales de izquierda están desafian­do cada vez más a la legitimidad de los presidentes de derecha para gobernar. Como resultado de esta dinámica, durante la década pasada fueron desbanca­dos mandatarios en Argentina, Bolivia y Ecuador.

 

La actual crisis política en México forma parte de esta tendencia. Una serie de reformas electora­les realizadas en los 90 dieron al país uno de los sistemas electorales más transparentes de América Latina. La elección de julio, sin embargo, fue muy estrecha, con el aparente ganador, Felipe Calderón, que obtuvo cerca de 224,000 votos más que el candi­dato que le siguió, Andrés Manuel López Obrador, de un total de 41 millones de votos. Comprensible y legítimamente, López Obrador pidió un recuento en algunos distritos que habían dado a Calderón mayo­rías amplias. Las autoridades accedieron.

 

La incapacidad para aceptar esta nueva realidad llevó a muchos, tanto en América Latina como en el extranjero, a simpatizar, tolerar e incluso apoyar el comportamiento ilegal y disruptivo que amenaza con socavar las instituciones democráticas aún débiles de la región. Estas personas asumen que los movimien­tos sociales, integrados principalmente por gente pobre, merecen simpatía y compasión, aun cuando estén fuera de la ley. Sin embargo, los mitos comienzan a desmoronarse, porque, es también cierto que muchos de los pobres votan por las derechas, y también las clases medias. También es un hecho que la intelectualidad y clases altas, se inclinan por las izquierdas populares.

 

La problemática mexicana es compleja, porque los mecanismos republicanos, parece, son incapaces de resolver los problemas políticos, el actuar del ejecutivo ha sido débil y, la nueva administración entrante no termina de enseñarnos cual será su verdadero color. Si México no logra generar el despegue económico, y, si la otra economía pesada de la región, Brasil, no elabora sus propias reformas de segunda generación, el panorama latinoamericano pinta mal, con economías mediocres, democracias en papel totalmente infuncionales, con Ejecutivos débiles que son presa del crimen organizado o los grupos económicos dominantes. México tiene en este momento, la capacidad de convertirse en un ente de cambio, en un ente de balance para la región. Solo se necesita que a la ya existente convicción de ortodoxia económica, se ejecute de manera abrupta, las reformas necesarias. Sin cometer el error de Fox, pensando que, democracia es, ingobernabilidad.



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El punto sobre la i

Una tendencia lamentable en el desarrollo de la ciencia económica en las últimas décadas ha sido el considerar al Estado y no al emprendedor como el actor principal del proceso económico.

Rafael Ramírez de Alba
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