MIÉRCOLES, 15 DE NOVIEMBRE DE 2006
¿Se asemejan 1994 y 2006?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Vale la pena recordar lo ocurrido en 1994 para determinar si nuestras actuales circunstancias políticas pudieran vulnerar un “blindaje” económico que parece imbatible”


En mi Aquelarre de ayer afirmé que no había causas graves de preocupación en el horizonte económico de este fin de sexenio. Las variables financieras, el nivel de reservas, las obligaciones públicas y privadas de deuda externa, y una auténtica flotación del peso, avalan la solidez de la economía.

 

Vale la pena, sin embargo, recordar lo ocurrido en 1994 para determinar si nuestras actuales circunstancias políticas pudieran vulnerar un “blindaje” económico que parece imbatible, como ocurrió hace doce años en lo que fue la crisis más profunda –aunque no la más prolongada- que ha sufrido México.

 

En el umbral de 1994 parecía que la economía y la política del país marchaban hacia destinos inmejorables. Se había recién logrado la aprobación del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, consolidando así la ruta para modernizar la economía mediante un acceso privilegiado al principal mercado del mundo.

 

El optimismo caracterizaba a propios y extraños y se presagiaban significativos flujos de inversión directa y en cartera. La principal preocupación de las autoridades financieras era justamente que la percepción de éxito generaba influjos de capital muy cuantiosos, difíciles de manejar.

 

Frente a una afluencia de capitales tan abundante, y dado que el sistema cambiario vigente entonces consistía de bandas que le ponían piso y techo al tipo de cambio, que obligaban al Banco de México a intervenir cada vez que la cotización del peso llegaba a ellas, éste tenía sólo dos opciones:

·         Comprar dólares para sus reservas internacionales, que llegaban ya a 30 mil millones de dólares –cifra sin precedente en esa época- y colocar en el mercado instrumentos de deuda pública por los montos necesarios para recoger los pesos utilizados para adquirir la moneda extranjera.

·         Dejar que los dólares circularan, lo que significaba que, tarde o temprano, volverían a salir generando con ello un mayor déficit en la cuenta corriente de la balanza de pagos, no sin antes presionar el nivel de precios al alza.

 

A pesar de la irrupción del EZLN en el escenario, el primer trimestre de 1994 presagiaba condiciones propicias. La presión sobre los mercados financieros auguraba una apreciación cambiaria y menores tasas de interés, cuyo nivel en CETES ya habían llegado a un mínimo histórico de 8.5%.

 

Hasta aquí, la comparación con lo ocurrido hasta ahora en 2006 se sostiene, pues ni las estridentes campañas políticas, ni la posición golpista adoptada por el perdedor de los comicios presidenciales, ni la violencia en Oaxaca que se prolonga ya por seis meses, han golpeado a los mercados financieros.

 

Fue entonces, en marzo de 1994, cuando ocurrió el asesinato de Luis Donaldo Colosio y la situación favorable de los mercados se revirtió en forma abrupta. De no haber sido por la destreza de las autoridades financieras en ese trance, la crisis que eventualmente explotó en diciembre se hubiera adelantado.

 

A pesar del buen manejo, se perdieron más de 15 mil millones de dólares de la reservas, las tasas de interés se triplicaron a niveles cercanos al 20%, y se inició la colocación de Tesobonos denominados en moneda extranjera pensando que pronto se restauraría la confianza en la solidez del país.

 

Ello lamentablemente no ocurrió pues siguió habiendo incertidumbre y violencia y el sexenio terminó en una situación de gran fragilidad, con la esperanza que el nuevo gobierno tomara una rienda firme de los delicados asuntos económicos y políticos de la nación.

 

Ese tampoco fue el caso, y sobrevino la devaluación de diciembre 19 y la debacle subsecuente. Mañana discutiré las lecciones útiles del ’94 para evaluar luego bajo qué escenarios podrían las circunstancias políticas de hoy demoler el sólido blindaje financiero y rematar en una nueva crisis de inicio de sexenio.

 


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