MIÉRCOLES, 22 DE NOVIEMBRE DE 2006
El legado intelectual del profesor Friedman

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
Un acierto
Un error
No sé



El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


Más artículos...
Roberto Salinas
• Populismo en América Latina

Arturo Damm
• Narcotráfico (III)

Arturo Damm
• Narcotráfico (II)

Víctor Hugo Becerra
• México: Del Estado fallido al Estado vencido

Arturo Damm
• Narcotráfico (I)

Manuel Suárez Mier
• Estancamiento sincrónico

Arturo Damm
• Riqueza


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Godofredo Rivera







“El mundo no será igual sin el maestro. Para consuelo de algunos, queda su herencia intelectual, grandes ideas que serían la solución a nuestros contemporáneos problemas.”


Adiós, adiós al gran maestro. Nos abandonó el profesor Milton Friedman. No pudo escapar a la mortalidad humana (algunos creíamos que era inmortal). Ya no está físicamente con nosotros, falleció la semana pasada. Por fortuna, su pensamiento y filosofía, sí son inmortales.

 

Sin duda ha muerto el economista más influyente a nivel mundial en materia de política económica en la segunda mitad del siglo XX.

 

Claro, para los izquierdistas, ignorantes de los principios fundamentales de la economía, ha muerto “el padre del neoliberalismo”. Cómo les dolió que Friedman haya sido un acérrimo y contundente crítico de las ideas socialistas que aún pregonan los izquierdistas.

 

Después de la llamada gran depresión, la mayoría de los gobiernos emprendieron políticas keynesianas (llamadas así por su creador, el economista británico John Maynard Keynes) que consistían en realizar grandes obras públicas, mediante gasto público deficitario.

 

En aquel entonces se pensaba que la causa de la inestabilidad del capitalismo era un problema de demanda efectiva (o sea caía la demanda de mercancías por la gente, y las empresas no invertían porque sus expectativas eran pesimistas) y que la única manera de resolverlo era por la vía del uso intensivo del gasto público. La construcción de grandes obras públicas y la creación de empleos improductivos caracteriza a la época keynesiana.

 

Prácticamente todos los países desarrollados de la primera mitad del siglo XX, aplicaron las ideas keynesianas puntualmente. La mayoría de los economistas de aquel entonces estaban como “hechizados” con las ideas keynesianas. Lo mismo en la academia que en el ejercicio profesional, los economistas veían con entusiasmo el crecimiento económico que estaba causando el keynesianismo. Parecía que se había encontrado la varita mágica que por fin había terminado con las recesiones de la economía.

 

Ya en algún momento otro gran economista, Friedrich Hayeck, había sostenido diversos debates académicos con Keynes en torno al ciclo económico. Después de su llegada a Londres, Hayek entró en polémica con John Maynard Keynes.

 

El debate Hayek-Keynes fue quizás el más importante sobre economía monetaria que se haya dado en el siglo XX. Comenzando con su ensayo "El Fin del Laissez Faire" (1926), Keynes presentó sus demandas de intervencionismo en el lenguaje de un liberalismo pragmático clásico. Fue así que Keynes fue aclamado como "el salvador del capitalismo", en vez de ser reconocido como lo que era: un defensor de la inflación y de la intervención gubernamental.

 

Hayek detectó el problema fundamental que adolecían en las concepciones económicas de Keynes: su incapacidad para comprender el papel que juegan las tasas de interés y la estructura del capital en una economía de mercado. Hayek señaló que las categorías colectivas de Keynes distraían a los economistas y les impedía examinar con la precisión debida cómo la estructura industrial de la economía emergía de las opciones económicas de los individuos.

 

Lamentablemente, aún cuando la razón le asistía a Hayek (lo demuestra en “La teoría pura del capital”, el libro más técnico que escribiera), para el público y los estudiantes de economía, Keynes fue más relevante. Se imponía la quimera cortoplacista del gasto público.

 

A pesar de la seducción que entre los gobiernos habían causado las teorías de Keynes, no todos los economistas ni todas las escuelas de economía se dejaron engañar por la quimera keynesiana. Surge un gran rival de las ideas keynesianas: la legendaria Universidad de Chicago (que por aquel entonces esta institución era más reconocida por su escuela de Física que por la de Economía). Al frente un gigante: Milton Friedman.

 

Friedman, bajo la influencia de las ideas liberales de Hayek, toma la batuta de la Escuela de Economía de la Universidad de Chicago y reinserta en la discusión a la enterrada teoría económica neoclásica. Friedman nuevamente despierta la vieja discusión: el keynesianismo es sólo una ilusión de corto plazo.

 

Friedman demuestra que el keynesianismo afecta positivamente el crecimiento económico en el corto plazo (el gasto público hace crecer a las economías en el corto plazo porque artificialmente estimula la demanda agregada y crea entre los empresarios la sensación de que sus mercados están creciendo. Al final los empresarios y los trabajadores se dan cuenta de que lo único que está creciendo ya no es la producción real sino sólo los precios -incluyendo salarios- pero en el largo plazo lo único que deja son secuelas inflacionarias y lo peor: estancamiento económico y desempleo.

 

Friedman demuestra lo siguiente:

 

·         A través del refinamiento de la vieja teoría cuantitativa clásica, Friedman reconstruye y rediseña la moderna teoría cuantitativa del dinero. Con esta nueva versión de la teoría cuantitativa, se demuestra que la velocidad del dinero es estable en el tiempo y que la demanda de dinero es inelástica a las tasas de interés. La demanda de dinero de la gente y las empresas responden más al crecimiento de la producción y al ingreso que las personas tendrán a lo largo de su vida (ingreso permanente). Con esto se demuestra que el crecimiento del dinero por encima de la producción en una economía sólo generará inflación. La inflación es un fenómeno monetario. Si los gobiernos emiten dinero para financiar sus excesos de gasto público, entonces lo único que crearán será inflación. Esta valiosa aportación le mereció el Premio Nóbel en 1976.

 

·         Las recetas keynesianas sólo provocan crecimiento de corto plazo (a través de variables nominales). En el largo plazo la producción no cambia (las variables reales no cambian) y sí en cambio los precios y las tasas de interés, las cuales acabarán siendo más altas como resultado del mayor gasto público ejercido, lo que sin lugar a dudas termina por mermar el crecimiento económico. A mayores tasas de interés provocadas por un gobierno que demanda más recursos para gastar, entonces menor inversión y consumo de las personas y las empresas (crowding out). Resultado final: inflación y estancamiento económico.

 

·         Dado que la inflación es causada única y exclusivamente por las emisiones de dinero, entonces lo que los gobiernos deben hacer para controlarla, es hacer que la tasa de crecimiento del dinero esté en concordancia con el crecimiento de las tasa de producción (o sea, que crezcan a tasas similares -para Friedman lo ideal es que el gobierno anuncie una tasa de crecimiento del dinero al público de manera predeterminada, una tasa promedio similar al crecimiento del PIB). El dinero no es riqueza por sí mismo, sino sólo un medio de intercambio y la mejor manera de preservar su valor en el tiempo es que crezca en proporción a lo que sí es riqueza real, la producción de bienes y servicios.

 

·         Que la gran depresión de los años treintas (siglo XX) no fue causada por insuficiencia de demanda efectiva, sino por errores monetarios causados por la Reserva Federal. La política monetaria que instrumentó en aquel entonces el banco central norteamericano fue errada, pues su contracción monetaria (era un momento en que lo acertado no era contraer, sino expandir la oferta monetaria) sólo causó deflación (precios a la baja) y alza en las tasas de interés, lo que terminó por reventar a la economía.

 

Ya para la segunda mitad del siglo XX los países que aplicaron las recetas keynesianas comienzan a tener serios problemas inflacionarios en conjunción con desempleo (expresado a través de estancamiento económico). El keynesianismo dejó su secuela: inflación, gobiernos endeudados y mercados intervenidos a través de un estatismo enfermizo.

 

Es entonces cuando algunos gobiernos comienzan a sacudirse el sofisma keynesiano. EU y Gran Bretaña comienzan a aplicar las teorías de Milton Friedman. Comienzan a controlar lo que habían olvidado: el control de la oferta monetaria. Está en marcha ya la llamada revolución monetarista. Es una época en que estos gobiernos comienzan a curar a sus enfermas economías. La receta: controlar la inflación, bajar los impuestos e iniciar un proceso ambicioso de desestatización de la economía (sobre todo en Gran Bretaña). A estos países se les unen otros que inician medidas para controlar la inflación, por la vía de instrumentar responsables políticas monetarias y fiscales e inician un programa sin precedentes en materia de desestatizar a la economía, secuela de la medicina keynesiana.

 

Pero la revolución monetarista iría más lejos. Friedman juega un papel fundamental en la formación de economistas latinoamericanos -en el posgrado de la universidad de Chicago- que luego, ya como secretarios de hacienda y/o asesores económicos de primer nivel, aplican las ideas monetaristas del maestro para controlar la inflación en varios países latinoamericanos (era un cáncer la inflación en aquellos tiempos para la mayoría de las economías latinoamericanas). Chile fue un gran laboratorio que demostró los aciertos de la teoría friedmaniana.

 

El profesor Friedman no se conformó sólo con hacer contribuciones en el mundo académico. Era de esos raros economistas que sabían comunicarse con el público profano. Friedman sabía de lo importante que era comunicar a la gente las ideas de cómo funcionan los mercados correctamente, de cómo la intervención gubernamental termina empeorando el bienestar y la asignación de recursos, del papel fundamental que juega el mecanismo de precios en la asignación de recursos y cómo los gobiernos al intervenir o crean inflación o provocan una deficiente asignación de recursos, de cómo el libre comercio beneficia a la gente y cómo el proteccionismo comercial la perjudica, de cómo la ausencia de competencia es lo que carcome a la educación pública, de cómo la intervención de los gobiernos en la economía acaba la mayoría de las veces empeorando el bienestar de las personas, etc., etc. Si usted, amigo lector, está interesado en conocer a este gigante, puede acercarse a una de sus obras fundamentales, “La libertad de elegir”. Léala y despierte, no se arrepentirá.

 

Friedman fue maestro a través de su obras de todos los economistas liberales posteriores a su generación (aún cuando algunos no hayamos tenido el privilegio de escucharle físicamente en la cátedra). De entre sus estudiantes también surgieron otros premios Nobel de Economía como Lucas (uno de los precursores de la nueva macroeconomía). Se puede apreciar la influencia mundial de este gran economista.

 

Friedman visitó México a principios de la década de los noventa y ya en aquel entonces sugirió soluciones a problemas que hoy azotan a México: el narcotráfico y los monopolios públicos. Del tráfico de drogas, Friedman siempre aseguró que la lucha de los gobiernos como hoy está concebida, es estéril y no ha podido evitar el crecimiento en el consumo de drogas. Para Friedman la solución era legalizar dicho mercado y que el gobierno en vez de gastar recursos crecientes del contribuyente en combatir a los narcotraficantes, mejor gastara en campañas de información sobre el daño que causa el consumo de drogas. Que la gente decida si consume o no drogas y no el gobierno. Para Friedman esto realmente acabaría con el derramamiento de sangre que hoy priva en el narcotráfico y se reduciría el consumo de drogas (lo que acarrearía que los precios de la droga cayeran, lo que atraería a menos productores de droga-que además pagarían impuestos).

 

En cuanto al monopolio petrolero, Friedman estaba consiente de lo complicado que era políticamente en México deshacerse de Pemex para dar pie a un mercado competitivo y abierto, así que su comentario fue: “Si quieren que Pemex sea del pueblo, entonces devuélvansela al pueblo”. Eso habría implicado que los mexicanos tuviéramos acciones de Pemex, con lo cual sí seríamos los dueños (y participaríamos de los beneficios del monopolio; no tendríamos que aguantarnos las alzas en los combustibles como ocurrió la semana pasada) y no como hoy ocurre, en donde los dueños son el gobierno en turno y los líderes sindicales corruptos.

 

Grandes ideas de este hombre que serían la solución a nuestros contemporáneos problemas.

 

Caray, se fue el gran maestro, el gran amigo y padre de familia. El mundo no será igual sin el maestro. Pero para consuelo de algunos, queda su herencia intelectual, su obra para que los mortales que seguimos en la tierra, continuemos aprendiendo -y enseñando- las grandes ideas del profesor Friedman. Ahí está el gran legado. ¡Réquiem por Friedman!


 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus