DOMINGO, 3 DE DICIEMBRE DE 2006
Los nuevos demagogos

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“Este análisis ofrece un contexto histórico y geográfico global muy útil para ubicar a nuestros propios demagogos.”


Niall Ferguson, el brillante historiador escocés, acaba de publicar un ensayo en el que extiende el análisis de su más reciente libro (The War of the World: Twentieth-Century Conflict and the Descent of the West) para explicar la aparición en la escena mundial de un crecido número de demagogos.

 

Señala que los demagogos están de regreso en muchos países, berreando sus consignas y señalando con dedos flamígeros a los culpables de los desastres que aquejan a sus seguidores, que casi siempre incluyen al imperio yanqui de satánica perversidad.

 

En América Latina el boliviano Evo Morales y el mexicano Andrés Manuel López Obrador se sumaron al venezolano Hugo Chávez para llenar de oprobio e insultos a los “diabólicos imperialistas gringos,” pero que el florecimiento de la demagogia se extiende mucho más allá.

 

En el Cercano Oriente están Mahmoud Ahmadinejad en Irán y el líder de Hezbollah en Palestina, Hassan Nasrallah, que complementan su obsesión antiyanqui con un marcado sesgo antijudío, que llevó al líder iranio a negar que el holocausto hubiera siquiera ocurrido que segó seis millones de vidas.

 

Ferguson advierte que Estados Unidos no debe ignorar este surgimiento demagógico en el resto del mundo, a pesar de ofrecer un discurso a todas luces absurdo. Ello se debe, a su juicio, a la impopularidad y decreciente influencia de EU, lo que puede conducir a la peor crisis de su política exterior desde los sonados fracasos de Jimmy Carter hace tres décadas.

 

La parte más interesante de la tesis de Ferguson radica en explicar las causas  que han alentado esta insólita aparición de demagogos, entre las que destacan:

 

·         Guerras y revoluciones que les ofrecen un campo fértil para su retórica, por lo que los conflictos en Irak y Afganistán son el equivalente contemporáneo de la revolución fundamentalista islámica en Irán de los años setenta.

 

·         Una volatilidad económica severa también genera condiciones propicias para que la gente crea con mayor facilidad los cantos demagógicos. Resulta significativo que el crecimiento económico en América Latina y el Cercano Oriente hayan sido mucho más variables que en Estados Unidos. Apunta también que cuando la población esta comprimida entre severas variaciones en sus ingresos y en los precios, y confronta una inseguridad crónica en su empleo, es mucho más susceptible de cuestionar el status quo y de creer en promesas mesiánicas.

 

·         El nivel promedio del ingreso por habitante y su distribución juegan también un papel de consideración. Hoy el ingreso per cápita en los países de América Latina y el Cercano Oriente es similar al que tenía la población de Europa central en el período entre la primera y la segunda guerras mundiales, pero con una peor distribución. El caldo de cultivo ideal para el surgimiento de demagogos ocurre justamente cuando hay hordas de gente de escaso nivel cultural que se debate entre la más abyecta pobreza, característica del tránsito entre sociedades rurales atrasadas a un medio urbano inhóspito que no tiene trabajo que ofrecerles. Esa gente al mismo tiempo atestigua la riqueza increíble de segmentos minoritarios de la sociedad.

 

Ferguson concluye que al igual que en los años treinta surgieron en Europa central los grandes demagogos que hundieron al mundo en la Segunda Guerra Mundial, hoy existen condiciones similares en buena parte del orbe pero, sobre todo, en América Latina y el Cercano Oriente.

 

Apunta, además, que los demagogos de hoy Ahmadinejad, Chávez y Correa en Ecuador, controlan el 20% de las reservas probadas de petróleo del mundo, lo que a precios como los actuales de alrededor de 60 dólares por barril, les otorga un poder y una influencia enormes.

 

Este análisis ofrece un contexto histórico y geográfico global muy útil, creo yo, para ubicar a nuestros propios demagogos.


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