LUNES, 4 DE DICIEMBRE DE 2006
Ojo, señor Presidente, gobierno gastalón, pueblo pobre

La decisión de López Obrador de liberar al hijo del "Chapo" Guzmán recién capturado fue...
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El punto sobre la i
“Todo gobierno, por supuesto, va contra la Libertad.”
H.L. Menken


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“Será necesario que Calderón no olvide que "gasto público desbocado" sólo significa gobierno y compadres ricos y pueblo pobre. Si lo olvida, aquí se lo recordaremos.”


“El gobierno es esa gran ficción mediante la cual cada quien busca vivir a expensas de los demás”.

Frédéric Bastiat

 

En hora buena, la toma de protesta del ya por fortuna Presidente de los Estados Unidos Mexicanos, Felipe Calderón. No pudieron López y sus secuaces amagar a la institución presidencial. Buen inicio el de Calderón, que no cedió al chantaje de López (ni al titubeo priísta) y sus fanáticos. Por el momento no se les hizo, pero ya aparecerán después estos rijosos y vándalos para bloquear cualquier medida de política pública que intente modernizar a la economía mexicana. El nacionalismo estridente y barato de los fanáticos obradoristas hará que se rasguen las vestiduras ante cualquier reforma que pretenda abrir los sectores energéticos a la inversión privada. En esto claro, ya se les unirá el dictador Hugo Chávez (con sus aliados guerrilleros de Oaxaca), quien ya declaró que no reconoce al gobierno calderonista. Ante los chantajes de los enemigos de México, sólo la aplicación estricta de la ley parará en seco a estos hampones oportunistas. Por el bien de México así debe ser o los costos para la sociedad serán muy altos (como ya lo fueron en Oaxaca ante la vacilación de Fox para aplicar la ley).

 

En cuanto al discurso del Presidente Calderón, bueno, qué decir, siguió la misma línea de los discursos que siguen todos los gobiernos: la insistencia de que el gasto público es el único instrumento que sacará a los mexicanos de la pobreza. Queremos pensar que fue parte de un discurso político que busca ganar las voluntades de propios y extraños. Pero cuidado con la instrumentación de políticas públicas que pongan énfasis en el gasto público intenso para reducir la pobreza (planes como los del seguro médico universal no son buena idea -se empalman con los del seguro universal- y pueden representar erogaciones millonarias futuras; hay que dejar que sean los individuos los que decidan cómo y con quien asegurarse y no un burócrata sentado desde un escritorio, que además usas recursos ajenos para dichos propósitos). Esto está demostrado, no funciona. Esa era la propuesta populista de López y por fortuna una buena parte de los mexicanos no se la tragó. Para atacar la pobreza la clave es la generación de riqueza de los particulares, nunca el gobierno y su gasto público.

 

El gasto público no funciona para reducir la pobreza por las siguientes razones: El gasto público de los gobiernos debe su existencia al endeudamiento y a los impuestos que se le cobran a la sociedad. En este sentido, entre más alto sea el gasto público, mayor es el desplazamiento que sufre el gasto privado (el que realizamos diariamente millones de familias y empresas) con lo cual el trabajo, el ahorro y la inversión se reducen, lo que empobrece a la sociedad. Con mucha frecuencia se olvida que el gasto público es resultado ya de haberle reducido el excedente a los consumidores (por los impuestos) para supuestamente acrecentar el excedente de otros. Esto casi nunca funciona primero, porque  los recursos que gasta el gobierno no le pertenecen, se los ha quitado al contribuyente, lo que hace que los incentivos para gastar de manera eficiente sean reducidos o inexistentes. Segundo, y relacionado con lo primero, al involucrarse el gobierno en actividades económicas en donde tiene menores ventajas  comparativas que los particulares, y al manejar recursos que no son propios (sino del contribuyente) y, por supuesto, al no enfrentar la competencia, en el marco de una deficiente rendición de cuentas, hacen que su gasto sea proclive al desperdicio. Pero no acaba aquí el asunto. Este desperdicio de recursos fiscales genera incentivos para que surjan grupos de interés que quieran recibir “favores y protección” del gobierno en aras de menor competencia y menor actividad económica. Al final los beneficiados del gasto público no son ni remotamente los más pobres, sino toda una clase de burocracia parasitaria que surge  para “administrar” el dinero que supuestamente va a los pobres, en contubernio con grupos empresariales que buscan ganancias, subsidios, y protección comercial, todo a costa de las costillas de millones de consumidores y contribuyentes. Todo esto empobrece, nunca enriquece a las sociedades.

 

Por otro lado, hay evidencia contundente de que entre mayor es el gasto público (respecto al PIB), menor es el crecimiento económico, pues mayor es el monto de impuestos requeridos y extraídos de las empresas y las familias para sostener los niveles crecientes de gasto público de los gobiernos. Al final, los pobres no se reducen sino que aumentan.

 

Definitivamente, soltar el gasto público es la vía fácil, de rentabilidad política, pero de empobrecimiento económico de millones y enriquecimiento de unos cuantos buscadores de rentas.

 

Una parte del discurso calderonista, sí estuvo interesante y nos parece, salió del estándar de los rollos políticos. Fue lo referente a que es urgente el reestablecer el estado de derecho y una austeridad mayor en el gobierno. Fox no pudo con esto, y es más, en su sexenio se crearon y/o consolidaron otras instancias burocráticas innecesarias; asimismo, la aplicación de la ley dejó mucho que desear. En este lado hay que tomarle literalmente la palabra al Presidente Calderón. Por un lado, es urgente la aplicación de la ley a los matones y salvajes. En segundo, la austeridad del gobierno no debe circunscribirse a medidas como reducir el salario de los funcionarios (esto es más demagogia) pues en términos de ahorro fiscal esto es ínfimo. La verdadera austeridad fiscal se lograría eliminando varias de las dependencias burocráticas parasitarias que sólo chupan recursos del contribuyente. Mucho ganaría el gobierno (o mejor dicho los contribuyentes) si se eliminaran las gigantescas transferencias fiscales para ofrecer, salud, educación superior gratuita, electricidad, petróleo, agua, gas, estaciones de radio y televisión, agencias de noticias, promoción cultural y deportiva, subsidios agrícolas, banca de desarrollo, defensoría de indígenas y mujeres, etc., etc.

 

Mucho ganará el gobierno Calderonista si diseña un gobierno que no invada (o que invada menos, ya de perdis) la esfera de lo privado, como los bienes arriba mencionados, que, está probado, los particulares producen de manera más eficiente.

 

¿Quiere decir esto que el gobierno no puede hacer nada útil con el gasto público? Para nada. La evidencia internacional también es contundente. Si el gasto público se orienta más a infraestructura (ojo, porque aquí también el sector privado juega un papel fundamental), pero sobre todo, a bienes donde es difícil que los particulares entren a producir como la protección de los derechos de propiedad, la vigilancia del respeto a los contratos, un sistema judicial eficiente, un régimen monetario estable y un sistema de defensa nacional eficiente (el crimen organizado y la guerrilla amerita este gasto), entonces, ahí sí, mucho se ganará en materia de reducción de la pobreza.

 

Bien a secas, el inicio del Presidente Calderón, pero será necesario que no olvide que gasto público desbocado sólo significa gobierno y compadres ricos y pueblo pobre. Si lo olvida, aquí se lo recordaremos.


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