MARTES, 5 DE DICIEMBRE DE 2006
La competitividad y las ventanillas

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
Economía
Seguridad
Ambas
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“El límite no es el gobierno, ni los monopolios ni las altas tarifas, el límite de nuestra competitividad es la ventanilla.”


Nuestro país padece del síndrome del ladrillo, desde legisladores que se marean y boicotean al país hasta funcionarios de ventanilla o call center que al subirse a su ladrillo y marearse no sólo vejan a los particulares sino que impiden que el país avance. De esta forma cuando un legislador quiere lavarse la conciencia aprueba leyes y reglamentos llenos de nuevos trámites o cuando el funcionario de un banco se inventa que requiere firmas o datos en el reverso de un cheque el país pierde terreno frente a sus competidores que sí han sabido que el camino para la prosperidad está sembrado de desregular, bajar los trámites, reducir los costos y sobre todo hacer la vida más fácil y expedita para todos.

 

El ciudadano común enfrenta muchos trámites con el gobierno a lo largo de vida y es más, si todo lo hace de manera legal y no goza del privilegio de ser informal, tiene un cúmulo importante que pasa por presentar mes a mes su declaración provisional de impuestos o pagar luz, permisos, verificar su automóvil, renovar el pasaporte, todo depende de qué tan en regla mantiene sus papeles. Pero cuando trasladamos esto a las empresas pues la cosa se pone peor y dependiendo de su giro o actividad puede tardarse en abrir la empresa desde 72 horas hasta 9 meses, sólo para completar los trámites y que en ningún paso sea usted rechazado, operar y cerrar la empresa son otro boleto, un trabajo de tiempo completo en muchos casos y en otros que requiere de una burocracia particular para que interactúe con la burocracia del gobierno. Lo único que se incrementa son los costos. Hay pocos, calculo, pero según las propias cifras del gobierno, tanto de Mejora Regulatoria como de Competencia, los costos de la tramitología en el país pueden andar entre el 7.5 y el 15% del PIB, nada más y nada menos que rondando los 100 mil millones de dólares al año como un promedio de los límites, que sumados a los 130 mil millones que se calculan como costos derivados de la inseguridad o los 80 mil más que se calculan como gasto privado en salud y educación, pues la cifra alcanza casi el 50% del producto en el costo de la ineficiencia del gobierno, o lo que es lo mismo, y a pesar de lo inverosímil de las cifras, que más nos convendría no tener un gobierno pues cuesta más de lo que nos beneficia, conclusión a la que han llegado la mayoría de los estudios de competitividad como el del Foro Económico Mundial. Esto se traduce en horas perdidas de trabajo esperando, llevando y trayendo, documentos hasta una ventanilla con un funcionario que no sólo no quiere ayudar sino que se pone los moños para dejar pasar lo que es legal y si uno reclama pues el costo se multiplica o simplemente extienden la mano para pedir un poco de aceite para mover la gran maquinaria burocrática de la que ellos son sólo el último eslabón, pero el primero que ve la población y las empresas.

 

Pero además de la burocracia del gobierno est una que puede ser más cara y más dañina, por ejemplo los bancos, estos tienen unas comisiones altísimas (más del doble que en sus países de origen), un nivel de tramitología peor que en el gobierno y en muchos casos ampliada y decuplicada por encima de lo que establecen Banco de México o la CNBV, y para colmo unos funcionarios que dejan mucho que desear, particularmente en ventanilla donde se inventan regulación interna o pretextos como el de “es por su propia seguridad”, para que usted tenga que padecer el estar frente a una ventanilla para realizar un pago, abrir una cuenta o simplemente disponer de su dinero. Para colmo están tan atrasados en el uso de la tecnología que usar el banco por Internet no es un privilegio o una opción es un riesgo por la baja seguridad de los sitios o es tan tortuoso por la claves, autorizaciones en papel o telefónicas y para colmo tienen aún más restricciones que en ventanilla para hacer pagos o transferencias lo que hace que esto no sea una opción. Si de hablar por teléfono se trata pues peor pues el servicio de los call centers es tan malo que si usted no quiere hacer berrinche por perder media hora y que no le puedan responder nada pues es “política de la empresa” mejor ahórrese la llamada. Los bancos son sólo un ejemplo pero lo mismo da que sean empresas de telecomunicaciones, gaseras, minoristas o el servicio que usted elija, ser cliente y consumidor en México no tiene privilegios es sólo un dolor de cabeza burocrático y de tercer mundo a precios de primer mundo. Para colmo, de cuánto tiempo laboral y productivo se pierde en estos asuntos no hay datos, pero la lógica dice que es mucho tiempo y mucho dinero perdido enfrente a una ventanilla, en una cola, en el teléfono o en la red. Si la mentalidad burocrática sigue imperando nuestro país seguirá en el retraso y la pobreza por más y que se realicen las reformas estructurales que el país necesita, el límite no es el gobierno, ni los monopolios ni las altas tarifas, el límite de nuestra competitividad es la ventanilla.


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