LUNES, 11 DE DICIEMBRE DE 2006
Controles delirantes de precios

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Quien tenga todavía alguna duda sobre el grado extremo de peligrosidad que López representaba para México, no tiene sino que leer sus descabelladas propuestas, como la del comisariato de control de precios.”


El viernes pasado empecé a presentar la propuesta del “legítimo” para controlar los precios fijados por los monopolios. Quien conozca mi trayectoria profesional sabe bien que he denunciado arreglos monopólicos cada vez que me he encontrado con ellos. De ninguna manera me he vuelto ahora su defensor.

 

Considero, sin embargo, que la “solución” del demagogo para controlar los precios que define como exagerados en su propuesta, equivale a dotar al gobierno de un mecanismo sumamente complejo que virtualmente se usaría para controlar todos los precios de la economía mexicana.

 

Una amable lectora me envió el siguiente comentario que reproduzco completo porque me parece que no tiene desperdicio:

 

“Viéndolo bien lo realmente preocupante no es el poco entendimiento de los monopolios que tiene el demagogo, ¡sino su concepción de los precios! Como bien explicó (Ludwig von) Mises, querer controlar algunos precios de la economía llevaría necesariamente a controlarlos todos, única manera de alcanzar los objetivos del planificador, lo que desembocará irremediablemente en socialismo... esta propuesta del delirante es la peor de todas las que se le han ocurrido, pues al distorsionar el mecanismo de precios le daría al traste a toda la economía. Lo que necesitamos es precisamente mayor libertad en los precios. ¿Quién es él para decretar que algunos precios son exagerados? ¡Qué muestra más perfecta de su autoritarismo y fatal arrogancia, da miedo!”

 

Efectivamente, lo que pretende el proyecto del delirante no es controlar a los monopolios sino montar un gigantesco aparato burocrático con enormes poderes que empiece por controlar los precios “excesivos” para de ahí seguirse con todos los demás de la economía.

 

Respecto a los monopolios del gobierno, su propuesta es otra joya:

 

Tratándose de productos del sector energético… en que los costos de producción nacional sean significativamente inferiores a los precios internacionales competitivos, los productores mexicanos deberán fijar el precio para la venta en el territorio nacional tomando en consideración el costo de producción, más un margen de beneficio razonable (sic), sin consideración de los precios que de dichos bienes prevalezcan en el mercado internacional.”

 

Es decir, el principio básico de costo de oportunidad de un recurso escaso es ignorado completamente, lo que representaría un sólido paso hacia la economía ficción que tan graves distorsiones causó cuando nos aisló por tantos años de lo que ocurría en los mercados internacionales.

 

Pero las ambiciones de control férreo del delirante no se limitan al mercado doméstico. Cuando se determine exageración de precios en bienes del extranjero exige la “imposición de aranceles a la exportación para eliminar desequilibrios en los mercados internacionales.”

 

El poderoso comisariato de precios del demagogo estaría en manos de cuatro individuos que vendrían del ámbito académico, un empresario de la pequeña o mediana industria y un burócrata encargado de regular la industria o el comercio internacional. Del todopoderoso presidente del organismo, sólo dice que deberá ser aprobado por ¾ partes del Senado.

 

El delirante le envió a legisladores del PRD esta joya, dónde el viejo agitador Pablo Gómez, hoy disfrazado de senador, ya se quejó airadamente ante el pleno que no ha dado curso a la propuesta. Habría que recordarle que el “legítimo” mando al diablo a “sus” instituciones, incluido el Senado de la República.

 

Dos reflexiones finales se me ocurren sobre este tema. Quien tenga todavía alguna duda sobre el grado extremo de peligrosidad que este individuo representaba para México, no tiene sino que leer sus descabelladas propuestas, como la del comisariato de control de precios.

 

Lo mejor que puede hacer la mayoría de legisladores, que obviamente no apoya al delirante, es ignorar por completo sus tonterías y los exabruptos de sus seguidores, siguiendo el ejemplo de Carlos Salinas quien decía, “ni los veo ni los oigo.”


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