VIERNES, 15 DE DICIEMBRE DE 2006
¿Es Telmex un monopolio?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Para tener éxito, un monopolista racional requiere que las autoridades cooperen al poner obstáculos al acceso de competidores.”


Traté en días previos de definir al monopolio, el caso especial del monopolio natural y sus ejemplos clásicos, para llegar a la cuestión de si la telefonía corresponde a este último caso. Por último, ayer plantee la batalla legal que se ha dado en Estados Unidos por casi un siglo para forzar la competencia en esta industria, y los avatares necesarios para la privatización de Telmex.

 

Las autoridades a cargo de la privatización trataron de establecer un equilibrio entre maximizar los ingresos por la venta de la empresa telefónica, con el diseño de marcos tarifario y regulatorio apropiados para evitar que se postergara la apertura del sector a la competencia indefinidamente.

 

A este respecto, me temo que pecaron de inocentes y menospreciaron el poder del monopolio para consolidar su posición, dar marcha atrás a los pasos previstos para asegurar la competencia, y apoderarse de las autoridades reguladoras encargadas de establecer condiciones competitivas, neutralizando sus esfuerzos casi por completo.

 

Es indudable que la empresa en manos privadas fue mucho más eficiente desde un principio. El servicio mejoró casi de inmediato. Desaparecieron las interminables esperas para conseguir que los trabajadores de mantenimiento atendieran los números descompuestos, lo que requería salir a la calle a buscar una camioneta de Telmex para “arreglarse” con el operario.

 

Las llamadas perdidas y cruzadas, las conversaciones involuntarias entre tres o más personas, la necesidad de contratar una secretaria exclusivamente para que marcara una cantidad casi infinita de veces hasta conseguir una línea, y los teléfonos públicos destrozados, pasaron a ser cosas del pasado.

 

Desaparecieron también prácticas aberrantes del monopolio anterior, como era la compra forzada de acciones de la empresa para poder contratar una nueva línea, que a la salida de sus oficinas en la calle de Sullivan podía uno vender a los “coyotes” apostados para comprarlas a descuento.

 

Fue posible también empezar a conseguir aparatos telefónicos más modernos y de diversos proveedores para remplazar los vetustos armatostes que el monopolio obligaba a adquirir, que recordaban la famosa frase de Henry Ford, “lo pueden pintar de cualquier color mientras sea negro.”

 

La empresa también modernizó y descentralizó su administración y fue posible arreglar asuntos por teléfono que antes requerían asistir en persona a sus oficinas, armado con todo tipo de documentos oficiales. También fue notoria la mayor cortesía y esmerado servicio del personal.

 

Asimismo, Telmex procedió en forma acelerada a invertir en nueva tecnología, a instalar modernas centrales automáticas y a colocar a gran velocidad y por todo el país cableado de fibra óptica que mejoró apreciablemente la velocidad y calidad de las llamadas y la transmisión de información.

 

Todo esto hay que reconocerle a Telmex. Sin embargo, ello tuvo un elevado costo para la sociedad, como señala Rafael del Villar en su magnífico estudio Competencia y Equidad en Telecomunicaciones:

 

…los precios (del servicio telefónico) siguen siendo elevados en comparación con otros países. La relativa debilidad de las autoridades y la opacidad con la que toman decisiones limitan su capacidad para controlar a la empresa, ya sea mediante la fijación del precio tope, la sanción de prácticas monopólicas, la regulación asimétrica o reducir las barreras a la entrada a capital extranjero.”

 

Para ponerlo en lenguaje llano, el monopolista se apoderó de las entidades reguladoras que pretendieron generar condiciones más competitivas o neutralizó en los juzgados los intentos de las comisiones federales de Competencia y de Telecomunicaciones por robustecerlas.

 

Por cierto, ese es precisamente el comportamiento que predice la teoría económica que tendrá un monopolista racional pero para tener éxito requiere que las autoridades cooperen al poner obstáculos al acceso de competidores. Esa parte de la historia la seguiremos el lunes.  


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