Práctica económica
Dic 19, 2006
Juan Carlos Leal

Impuestos

Pagar impuestos viene a ser el costo de ser ciudadano y en México pagamos muy caro por una ciudadanía olvidada y unos servicios públicos de quinta.

El poder del estado tiene tres vertientes imponderables y que marcan los límites de la libertad: las leyes, la seguridad pública y los impuestos. Todo lo demás puede ser matizado, puede ser necesario o fútil, puede ser negociado, puede ser cuestionado pero ninguna democracia se atreve a negarle al estado el poder de hacer las reglas, el poder de utilizar la fuerza y el poder de cobrar impuestos, pero en México parece que somos una especie de democracia diferente, como todo lo mexicano, antes de entender ya tenemos el “pero en México las cosas son diferentes”, y por ello los políticos no se cansan de criticar la fuerza del estado, que casi había renunciado a su uso, los particulares y los políticos comercian libre e impunemente con las reglas a fin de hacer un estado premoderno de excepciones que más se parece al mercantilismo que a una democracia y por último toda la sociedad reacciona mal a los impuestos al grado tal que han dejado de ser un asunto económico y pasan a ser la expresión de las particularidades de la política mexicana, el que quiera más impuestos es retrógrada de derecha, cuando en el mundo es lo contrario, el que se niegue a gravar el consumo es progresista de izquierda y así sucesivamente nos mostramos como unos verdaderos ignorantes en materia fiscal y en materia política.

 

Los impuestos son eso, la imposición del estado para financiar sus actividades y que cada ciudadano debe pagar, la razón pues que los ciudadanos con su voto y sus delgados (congresistas) llevan las demandas de sociedad al gobierno y diseñan programas de gobierno con los que todos, en teoría, están de acuerdo; por ello si los ciudadanos votan un programa de gobierno tienen que pagar por él. Pero en México es PEMEX el que paga la mayor parte del gasto y los políticos se sienten desligados de los ciudadanos por la extrañeza de la no reelección, así que la sociedad debería ser la que se negara a pagar impuestos pero no es así, son los políticos los que rechazan el pago de impuestos haciendo unas reglas tan arcaicas que el deporte favorito no es el futbol y ver perder al América sino el evadir y eludir el pago de responsabilidades fiscales. Las cifran son espantosas, que el 40% del IVA se evade, que los privados evaden entre 400 y 500 mil millones de impuestos al año, pero lo más dramático es que los informales evaden mucho más y en mucho más grandes números, son por lo menos el 30% de nuestra economía y son, según la fuente, ya casi 15 millones de mexicanos.

 

El nuevo equipo de Hacienda presentó una Ley de Ingresos que no dejó satisfecho a nadie, pues al verse imposibilitados para presentar una iniciativa de reforma fiscal presenta un auténtico bodrio recaudatorio que trata de sacar ingresos de los que ya pagan por medio de restringir la deducciones y por el otro lado trata de castigar los comportamientos “socialmente indeseables” como el fumar o beber, alcohol o refrescos. Esta apuesta por el ser políticamente correcto y no retar al Congreso para que se faje y por primera vez discuta el futuro del gobierno del país nos lleva a resultados por demás “políticamente indeseables” pues a las propuestas surgen las protestas de los afectados en sus ingresos como son los restauranteros o los enemigos declarados entre los fabricantes y concesionarios de automóviles o peor aún Pepsi y Coca Cola haciendo cabildeo juntos. Pero la señal es muy clara, el gobierno requiere de ingresos nuevos para solventar un gasto que ya se ha vuelto muy pesado y ante la “crisis” política no hay más que recurrir a exprimir a los consumidores.

 

Los efectos de esta política en la que los impuestos no son generales, ni racionales, y con impuestos como los ahora planteados no hay más que nuevas distorsiones al funcionamiento de los mercados y peor en un área donde la teoría económica lo más que nos llega a decir es que los impuestos son un mal necesario y por ello lo que hay que hacer es conseguir el mínimo de malestar social, por ello se llaman así impuestos. Es esperar a que en algún momento de los próximos años tengamos un sistema menos injusto, pues el slogan de nuestros políticos de una reforma fiscal justa, equitativa y que no grave a los pobres es nomás eso, un membrete que suena bonito pero que técnicamente es imposible, a fin de cuentas pagar impuestos viene a ser el costo de ser ciudadano y en México pagamos muy caro por una ciudadanía olvidada y unos servicios públicos de quinta.



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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