MARTES, 19 DE DICIEMBRE DE 2006
Recursos públicos en educación

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“Los recursos que la sociedad aporta a través del sistema tributario para el financiamiento de la educación deben ser destinados a la educación básica y a la educación media y no al financiamiento de la educación superior.”


Ricardo Medina ha analizado la aplicación de impuestos para corregir una falla de mercado, en este caso el de las externalidades negativas. Quiero analizar el caso en el cual se presenta una externalidad positiva, caracterizada por que el beneficio social de una acción privada es mayor que el beneficio privado de quién lleva a cabo tal acción y que por lo mismo justifica que el gobierno intervenga activamente en el mercado, en este caso a través de los subsidios.

 

El mejor ejemplo de una externalidad positiva es sin duda la educación. En este caso, la decisión que toma un individuo de destinar recursos escasos para invertir en la acumulación de capital humano a través de la educación formal le genera a este individuo un beneficio privado en la forma de una mayor productividad en el mercado laboral y, consecuentemente, un mayor salario real. Así, se observa que a medida que los años de escolaridad aumentan, también lo hace el salario recibido. La decisión de cuantos años estudiar depende de cuanto le cuesta en el margen estudiar un año adicional (medido como el costo de oportunidad en la utilización de estos recursos más el ingreso dejado de percibir por estar estudiando) comparado con el beneficio marginal esperado de estudiar un año más (medido como el aumento en su ingreso); cuando estos sean iguales es hasta allí donde el individuo estudia.

 

Además del beneficio privado que se deriva para el individuo en lo particular de estudiar, la sociedad en su conjunto también experimenta un beneficio de tal decisión es decir, se genera una externalidad positiva, misma que toma diferentes formas. Así, entre los efectos externos positivos de la educación destacan: a) es más barato y eficiente introducir cambios tecnológicos en la producción, principal fuente de crecimiento económico; b) mayor escolaridad de los padres se refleja en que la escolaridad de los hijos también será mayor, entrando en un círculo virtuoso; c) aumentan los conocimientos de cuidados preventivos de salud, incluyendo la alimentación correcta, por lo que la sociedad en su conjunto tiene que destinar menos recursos al gasto curativo; d) mayor será la calidad de la vivienda, con un mayor espacio vital para cada miembro de la familia; e) mayor será el precio dispuesto a pagar por tener un medio ambiente más limpio y sustentable; y muchos otros. Así, la sociedad en su conjunto se beneficia de que cada individuo, en lo particular, incremente su escolaridad formal y, por lo mismo, es papel del gobierno destinar recursos públicos para inducir a la población, a través de un subsidio, para que estudie más años, llegándose al óptimo cuando el costo marginal de proveer el servicio educativo sea igual al beneficio marginal social y esto se logra cuando el beneficio marginal social es igual al beneficio marginal privado.

 

Evidencia de la externalidad positiva de la educación, tanto en México como en otros países, apunta a que ésta se presenta hasta el nivel de educación media superior (preparatoria), misma que ya no existe cuando de estudios universitarios se trata es decir, para este último nivel educativo el individuo se apropia prácticamente de todo el beneficio de estudiar. Lo que esto implica, desde el punto del diseño de política pública en materia educativa, es que los recursos que la sociedad aporta a través del sistema tributario para el financiamiento de la educación deben ser destinados a la educación básica y a la educación media y no al financiamiento de la educación superior. El rendimiento social por peso gastado en educación es mayor cuando los recursos se utilizan para financiar la educación básica y media que cuando se destinan a la educación universitaria.

 

Lo anterior no excluye que el gobierno no tenga un papel que jugar en relación a las universidades, pero éste tiene que concentrarse en instrumentar un sistema eficiente de créditos –beca para estudiantes universitarios que efectivamente carezcan de los recursos para financiar sus estudios sujetos siempre a un buen desempeño académico y para financiar la investigación universitaria, pública y privada, que es donde podría presentarse el caso de una externalidad positiva.

 

Destinar más de 300 mil millones de pesos para financiar la provisión de educación universitaria pública no es, desde un punto de vista social, un uso eficiente de recursos escasos.


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