Ideas al vuelo
Dic 28, 2006
Ricardo Medina

¿Se debe subsidiar lo bueno?

Otra vez lo que se ve y lo que no se ve. Se nos dice que se deben destinar recursos públicos a la producción del arte, ya que ello es bueno para el espíritu y genera además muchos empleos, para escritores, traductores, actores, cineastas, peluqueros, músicos, camarógrafos y otros técnicos. ¿Y lo que no se ve?, ¿lo que deja de hacerse por gastar ese dinero público?

La discusión es mucho más vieja de lo que se cree. Y desde antiguo ha sido resuelta, en el plano de las razones y los argumentos, en contra de los subsidios a “lo bueno”.

 

Un prestigiado intelectual francés, a quien identificaremos –por ahora- como “L”, argumentó a favor de los subsidios públicos a la producción de obras teatrales en su país diciendo que la cuestión económica del asunto se resume en una palabra: Empleos. “Se trata –decía- de empleos tan productivos como cualesquiera otros. Los teatros, como ustedes saben, aportan los salarios de no menos de ocho mil trabajadores de todo tipo: pintores, albañiles, decoradores, encargados del vestuario, arquitectos, que son la vida y la industria de muchos de los barrios de esta capital, y ellos claman por recibir el apoyo de vuestras simpatías”.

 

Un economista contemporáneo, a quien llamaremos “B”, le contestaba al intelectual: “¿Recibir mis simpatías o mis subsidios?”.

 

Terminaba su perorata el intelectual diciendo, más o menos, que esos miles de trabajadores encargados de llevar diversión y cultura a cientos de miles de franceses, no sólo en Paris, sino en las provincias, necesitaban proveer las necesidades de sus familias y tener una vida digna. Es a ellos, remataba, “a quienes estaremos dando esos sesenta mil francos (del presupuesto público) que hoy se discuten”.

 

Aplausos de la asamblea y gritos entusiastas: “¡Muy bien!”.

 

Respondía el economista: “¡Muy mal!”. Y explicaba: “Esos 60 mil francos es lo que se ve. Pero de dónde saldrá ese dinero, a quién se le quitará y en qué dejará de gastarse, es lo que no se ve”. El punto central es que cualquier gasto público significa impedir que ese dinero sea gastado por las personas o las familias en lo que mejor les parezca. Significa un gasto privado que dejará de hacerse. ¿Quién será tan arrogante para dictaminar que es mejor gastar ese dinero en una obra de teatro que en unos zapatos o en una reparación de plomería en un hogar pobre o en una frazada para protegerse del frío?, ¿quién será tan arrogante para decir que el autor de una comedia teatral es superior al zapatero, al plomero, al hilandero o al fabricante de ropa?

 

El intelectual de la historia se llamaba Alphonse Marie Louise de Lamartine. El economista Frederic Bastiat. La discusión tuvo lugar en la asamblea francesa alrededor de 1848.

 

Si hacer obras de teatro es tan fértil y productivo como fabricar zapatos, reparar cañerías o confeccionar ropa –como, en efecto, debe serlo- muy bien puede florecer esa manifestación del arte y la cultura sin necesidad de subsidios.

• Subsidios


Comments powered by Disqus
El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
Entrar
Encuesta de la semana
México es el 10° país con más habitantes en el mundo, tenemos altos índices de obesidad y de diabetes, así como de hipertensión, ¿cuál sería un resultado que pudiera considerarse un éxito en la estrategia implementada por el gobierno federal contra la pandemia de Covid-19?
Artículos recientes...
Arturo Damm
• Gobierno neutral
Isaac Katz
• La otra tragedia
Arturo Damm
• Estado de chueco
Manuel Suárez Mier
• Relaciones externas en 2020