DOMINGO, 6 DE NOVIEMBRE DE 2005
Los costos reales de los huracanes en México

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“Mientras continúe la operación mafiosa en nuestras zonas turísticas creadas por decreto, cada año habrá cientos de miles de damnificados que rescatar.”


Comienzan a aparecer las primeras estimaciones del costo que los huracanes en México han dejado por su paso este año. Como siempre sucede en estos casos, lo que predomina es toda una especulación en torno a las cifras reales. Para algunos analistas económicos, el costo de los huracanes podrían costarle a México hasta medio punto porcentual de crecimiento del PIB. Para los economistas del gobierno, estas cifras son exageradas y el impacto de los meteoros en el crecimiento de la economía mexicana, será mínimo, y no llegará en lo absoluto al medio punto porcentual. Por lo pronto, las aseguradoras en Cancún afirman que gastarán cerca de 50 mil millones de dólares en la reconstrucción de los hoteles. Por su parte, el presidente Fox acaba de anunciar que su gobierno calcula que en el corto plazo habrá que desembolsar unos 30 mil millones de pesos como resultado del daño dejado por los huracanes.

 

No se engañe amigo lector, todas estas cifras son aproximaciones y la realidad es que en buena medida, por conveniencia, los datos no son exactos (ó están inflados, ó están subestimados). A los habitantes de las zonas dañadas poco les importa las proyecciones del gobierno, de las aseguradoras ó de cualquier analista económico que aspire a ser adivino. La realidad es que hay un costo real adverso y sólo el tiempo nos señalará la exactitud del mismo.

 

Comencemos por partes, ¿a quién le conviene sobredimensionar la magnitud de los daños? Obviamente, a los gobiernos estatales y locales, que se han gastado todos los excedentes petroleros y la única instancia legal que les queda para hacer frente al daño causado por los huracanes es que los declaren “zona de desastre”, para beneficiarse del Fondo de Desastres Naturales (FONDEN). Por supuesto, también a diversas aseguradoras privadas les conviene exagerar los daños para que las re-aseguradoras (que son aseguradoras de las aseguradoras) desembolsen lo más que puedan para cubrir los aseguramientos de los hoteles. Finalmente, otro de los participantes a los que les conviene exagerar la cifra del desastre es a ciertos medios (a través de ciertos periodistas bisoños que se creen mensajeros del pueblo) que por razones de “rating” (popularidad) ganan más atacando al gobierno que señalando las cosas en su justa dimensión.

 

Por otro lado, ¿a quién le conviene subestimar los daños de los fenómenos naturales? Naturalmente, al gobierno federal (acompañado de algunos gobiernos locales).

 

Durante varios sexenios, todos los centros turísticos de playa en México han sido producto no del libre mercado, sino del decreto gubernamental. A diferencia de centros turísticos como La Florida, en donde la actividad turística surgió como resultado de la gran industria de cítricos establecida en esa región, en México, las playas e infraestructura hotelera han surgido como resultado del capricho de algún alto burócrata (coludido con intereses económicos oscuros), ó peor aún, como resultado del capricho de la esposa de algún mandatario (con colusión también a intereses). Lo cierto es que en México, las zonas turísticas han surgido violando los más elementales derechos de propiedad. Los trabajadores que construyen los hoteles, terminan por quedarse en el lugar, invadiendo propiedad privada ó federal y viviendo en la miseria. Sólo unos cuántos consiguen chamba en los hoteles. La mayoría subsiste en el subempleo. Sólo hay que ver cómo vive la gente, el pueblo, detrás de la zona hotelera dorada de cada centro playero mexicano. Esto es lo que los gobiernos no quieren reconocer.

 

Por su geografía marítima, cada año México es azotado por diversos huracanes. El problema es que buena parte de los afectados vive en zonas invadidas, zonas federales que están  situadas en suelo peligroso, tal como son las tierras situadas alrededor de los ríos, de los mares, de las montañas, etc. Es en esas zonas, donde los gobiernos (de todos los niveles), por cuestiones de corporativismo político (te dejo vivir, pero a cambio me das votos) han sido permisivos (ó han sido serios alentadores) en la invasión de terrenos privados y federales. Así, aunque se ha mejorado en materia de prevención de muertes, cada año hay miles de damnificados a los que los contribuyentes tenemos que rescatar. La historia se repite anualmente.

 

La realidad es que en México, ha sido la falta de definición de derechos de propiedad la que ha determinado la manera en cómo se han desarrollados las zonas turísticas.

 

A pesar de esto, la mejor salida para reestablecer los servicios turísticos es dejar que los precios funcionen libremente (si los derechos de propiedad funcionaran adecuadamente, esto sería más eficiente). Después de un evento adverso, las familias y las empresas tendrán que reaccionar, sea ajustando sus patrones de consumo, ahorro ó de producción, ó bien  reflexionando si el lugar en el que viven es el mejor. El problema es que las autoridades no han dejado que esto sea así (ó por lo menos han obstaculizado la solución).

 

Con ridículos pactos de “mantener el empleo a toda costa”, lo único que se logra es tapar el sol con un dedo. Para que el sur de México se recupere rápido, es menester dejar que los precios funcionen. Por supuesto, es terrible perder el empleo para cualquier trabajador. Sin embargo, es a través de esta amarga experiencia que los hoteleros pueden ajustar costos, y de ese modo tratar de perder lo menos cada día que no operan. De este modo, al dejar que sean los precios los que reflejen la escasez, se fomenta que, por un lado, los hoteleros puedan reestablecer sus servicios al menor costo posible, con la consiguiente ventaja de demandar más empleo (y restablecer el nivel que había antes) en menos tiempo. Por su parte, los trabajadores al enfrentar la pérdida de un ingreso monetario estable, resultado de perder la chamba, racionan la demanda de sus necesidades básicas, dando pie a que haya mayor ahorro, que también en el mediano plazo, facilita un uso racional de los bienes que quedaron en pie, dando como resultado una más rápida recuperación.

 

Por desgracia, en nuestro país impera la ignorancia y demagogia en materia económica. Hoy dice la Confederación de Trabajadores de México (CTM) que, por fortuna, sólo los trabajadores “eventuales” (los no afiliados al corporativo obrero) son  los que han perdido el empleo. O sea, hay trabajadores de “segunda”, que no merecen la menor comprensión por haber perdido el pan de cada día. El hecho de que sea más costoso despedir a un trabajador sindicalizado, sólo retrasa más la recuperación del bienestar que prevalecía antes de los huracanes.

 

Mientras continúe la operación mafiosa en nuestras zonas turísticas creadas por decreto, cada año habrá cientos de miles de damnificados que rescatar. El costo de esto será en creación de riqueza, y ojo, amigo lector y contribuyente, cada año nos costará más a usted y a mí, el rescatar a las víctimas de los desastres naturales. No pierda de vista esto.


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