MARTES, 9 DE ENERO DE 2007
Francisco Gil Díaz y los cangrejos envidiosos

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“La incorporación de Francisco Gil Díaz como director consejero independiente a HSBC Holdings plc es impecable jurídica y éticamente.”


La incorporación de Francisco Gil Díaz como director consejero independiente a HSBC Holdings plc es impecable jurídica y éticamente. Debería, por extensión, llenarnos de orgullo que un mexicano talentoso, con credenciales intachables como académico, como hacedor de políticas públicas, como economista, como servidor público, sea invitado a unirse a una institución que presume –con motivo- de utilizar como único criterio para el reclutamiento de sus directivos y consejeros contratar a the best people  for the job”.

 

Pero no. Haciendo alarde de ignorancia y mala fe, deslizando insinuaciones calumniosas, fingiendo escrúpulos éticos –que ni por asomo se han aplicado a sí mismos- vemos a un grupito de mediocres poner en entredicho los méritos, las capacidades y la integridad moral del ex secretario de Hacienda no con pruebas, argumentos racionales o alegatos inteligentes, sino con el antiquísimo y despreciable expediente de los envidiosos y resentidos: La siembra maliciosa de suspicacias.

 

Primer punto: La Ley Federal de Responsabilidades de los servidores públicos indica con toda claridad –artículos 8 y 9- que un funcionario público deberá abstenerse, durante un año posterior al término de su encargo, de recibir empleos, cargos, remuneraciones, para él o para sus familiares, de empresas que hayan sido objeto de supervisión o regulación por parte del funcionario cuando ejercía el cargo. HSBC Holdings plc jamás ha sido objeto de regulación o supervisión por parte de ninguna autoridad mexicana. HSBC Holdings plc está domiciliada en Inglaterra y Gales. La invitación a Gil Díaz fue hecha por ese corporativo y en ella no intervinieron, ni tienen competencia para hacerlo, los ejecutivos de la subsidiaria que esa empresa tiene en México, que es HSBC México, S.A.

 

Segundo punto: Un consejero independiente no es un empleado que reciba órdenes de los directivos de la empresa, sino –por el contrario- alguien que representa los intereses de los accionistas minoritarios y dispersos de una empresa pública –que cotiza en los mercados de valores- y que vigila que la corporación cumpla con los estándares éticos y jurídicos que corresponden a lo que se conoce como buenas prácticas de gobierno corporativo. Por ello, los consejeros independientes participan y presiden los comités de auditoría, de remuneraciones ejecutivas, de nominaciones y de buenas prácticas de gobierno corporativo, entre otros.

 

Anécdota al calce: Gracias a la integridad de un consejero independiente del Consejo de Administración de una corporación mexicana que cotizaba en los mercados de valores de Estados Unidos, se conocieron en diciembre de 2003 las irregularidades en que incurrieron ejecutivos y accionistas mayoritarios de esa misma corporación. La comisión de valores de Estados Unidos (SEC por sus siglas en inglés) intervino entonces y protegió los intereses de los accionistas minoritarios. Los acusados debieron pagar una cantidad millonaria a la SEC para cerrar la demanda en un arreglo extra-judicial. Por supuesto, el consejero independiente renunció al cargo para no avalar la conducta irregular de esos ejecutivos y accionistas. Cito el caso para ilustrar la importancia de la tarea de los consejeros independientes. Y para ilustrar qué significa, en un consejo de administración, el adjetivo “independiente”.

 

Sería estúpido insinuar, por ejemplo, que la CEO de The Financial Times Group, Rona Fairhead, quien es consejera independiente de HSBC Holdings desde 2004 y que a partir de 2007 presidirá el Comité de Auditoría de HSBC Holdings, fue reclutada como directora consejera independiente a cambio de “favores” que le haya hecho a la corporación en los medios de comunicación que dirige, como el prestigiado diario Financial Times, el semanario The Economist o en otras publicaciones del exitoso grupo editorial Pearson. O que Sir Brian Moffat, otro de los consejeros independientes de HSBC Holdings, obtuvo esa nominación a cambio de “favores” que le hizo a la corporación o a sus subsidiarias mientras fue miembro del consejo directivo (The Court) del Banco central de Inglaterra.

 

Por razones evidentes el grupito de mediocres, que está deslizando suspicacias maliciosas en contra de Gil Díaz, elude hacer un análisis ético y jurídico del asunto. Saben que no tienen argumentos, saben que mienten. Prefieren, en cambio, hacer alusiones equívocas a la ley –que nunca citan textualmente y que probablemente sólo conocen de oídas-, fingir ignorancia sobre la naturaleza del trabajo de un consejero independiente y acerca del abismo que separa las operaciones cotidianas de crédito que ejerce en México una de las decenas de subsidiarias del grupo HSBC, de las tareas de  vigilancia del cumplimiento de las buenas prácticas de gobierno corporativo que ejerce, en el consejo de administración de una firma global, un consejero independiente.

 

Podríamos deleitarnos en contrastar la pésima reputación de algunos de los críticos oficiosos de Gil Díaz –conocidos por su afición a ponerse al servicio del mejor postor en sus columnas periodísticas o famosos por su enriquecimiento ostentoso e “inexplicable” a su paso por la gubernatura de algún estado pobre de la República, o por su desempeño mediocre lo mismo como legisladores, que como embajadores o como funcionarios en pasadas administraciones federales- con la impecable y exitosa carrera de Gil Díaz tanto en el sector público, como en la academia y en el sector privado. No vale la pena y sería entrar al mismo fango en que esos personajes chapotean con aparente regocijo.

 

Lo que explica buena parte de estas críticas son los intereses específicos, e inconfesables por delictivos, que Gil Díaz lastimó durante su gestión como Secretario de Hacienda: Los negocios turbios que impidió, las subvenciones a todas luces injustificadas que se opuso a dar, las cloacas que destapó en el cumplimiento de su tarea. De ahí proviene buena parte de esta campaña de mentiras y calumnias.

 

La otra parte de los críticos recibe su impulso de la ignorancia y de la envidia –esa repugnante afición a sentir pesar y lamentar el bien y el éxito de los otros- que mantienen a México en el subdesarrollo mental, ético y económico. Recuerdan ese lastimoso chiste de por qué no es necesario tapar las cubetas que contienen cangrejos “mexicanos”: No hay manera de que escape uno solo, porque apenas alguno empiece a destacar ya se encargarán los mediocres e incompetentes de impedirle sobresalir.

• FGD

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