JUEVES, 11 DE ENERO DE 2007
Momento de reformas

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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“Los primeros años de este siglo XXI han sido excepcionalmente buenos para la economía mundial. Quizá no nos hayamos dado cuenta, porque en México nos estamos quedando apartados de esta bonanza.”


Quizá nosotros no nos hayamos dado cuenta, pero los primeros años de este siglo XXI han sido excepcionalmente buenos para la economía mundial. Hasta este momento se ha registrado una tasa de crecimiento de más del 3.5 por ciento al año. De continuar este promedio, la primera década de este siglo habrá sido la mejor -escuche usted- no sólo de los tiempos recientes sino de toda la historia registrada de la humanidad.

 

Ahora bien, quizá no nos hayamos dado cuenta, porque en México nos estamos quedando apartados de esta bonanza. Mientras que países como China y la India están creciendo a tasas de 8 por ciento y más al año, y naciones como Irlanda, Chile y Corea del sur por arriba del 5 por ciento, México tuvo en el sexenio de Vicente Fox una tasa de crecimiento promedio al año de apenas 2.5 por ciento. Éste es un ritmo que podría ser aceptable en una nación desarrollada, pero no en México, un país agobiado por la pobreza.

 

Lo peor de todo es que la situación no va a mejorar, a menos de que tomemos medidas en serio para transformar la economía. El gobierno mexicano ha estado postergando las reformas fundamentales que necesita el país debido a que ha podido recurrir al ingreso petrolero. No hemos hecho ni la reforma fiscal, ni la energética, ni la laboral, ni otras que nos permitirían ser más competitivos.

 

El problema es que el petróleo ya se nos está acabando. En este año no sólo se espera una reducción de los precios del crudo sino también, y por primera vez en mucho tiempo, una disminución en la producción. El gran yacimiento de Cantarell, en la sonda de Campeche, el cual ha sostenido las finanzas públicas desde fines de los años setenta, se está agotando. Y no hay ningún indicio de que podamos sacarnos nuevamente esa lotería geológica que implicaría encontrar un yacimiento similar, especialmente cuando hemos limitado de manera artificial la inversión en exploración y desarrollo.

 

Mucho tendremos que meditar sobre el desperdicio de la riqueza generada por Cantarell. Pero la verdad es que ya, aunque nos lamentemos, no podremos resolver nada de lo que ya ocurrió. Tenemos la responsabilidad, sin embargo, de mirar hacia adelante y empezar a construir un nuevo futuro. A fines de este sexenio México podrá ser un importador neto de petróleo. Si no hacemos una reforma fiscal que, a falta de petróleo, le permita al gobierno vivir de los impuestos, y si no hacemos reformas legales que permitan aumentar la inversión pública y privada de manera muy significativa, nos seguiremos quedando rezagados en un mundo que está viviendo su mejor momento.

 

Nuestros políticos deberían entender esta situación. Este año, el primero de un nuevo gobierno, puede ser crucial. Si empezamos a hacer las reformas, México tendrá un futuro más próspero. Si no, nos estaremos condenando a nosotros mismos a seguir siendo pobres por lo menos dos generaciones más.

• Reformas estructurales

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