MARTES, 16 DE ENERO DE 2007
Las tortillas y los globafóbicos

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Quiénes creemos en la libertad comercial como un instrumento clave para generar riqueza, debemos cerrar filas en la batalla contra las falacias que inventan los globafóbicos, que hoy usan el precio de la tortilla para avanzar sus causas proteccionistas.”


Para Arrigo Coen Anitua, creador del neologismo globafóbico

 

El debate sobre el aumento en el precio de las tortillas ha dado renovados bríos a los enemigos de la globalización económica con el argumento que los pobres son quienes pagan los platos rotos que se la atribuyen al proceso de mayor integración económica mundial.

 

Los opositores del libre comercio incluyen a personajes que van desde la mal llamada izquierda, los autoproclamados defensores de los consumidores, quienes creen que la autarquía alimentaria es deseable en pleno siglo XXI, para citar sólo algunos de sus proponentes.

 

Los globafóbicos manejan influyentes medios de comunicación y han logrado poner en entredicho a los ojos de muchos los beneficios indudables que ha traído el libre comercio al mundo, en general, y a países y segmentos pobres de la población que lo han adoptado, como lo acreditan China y la India.

 

En las naciones desarrolladas típicamente los globafóbicos son gente acomodada, de clase media y de raza caucásica, ocasionalmente desinformados aunque muchos son manifiestamente deshonestos, como Lou Dobbs, el locutor de CNN.

 

Sus ostensibles preocupaciones para atacar el libre comercio van desde los “derechos” de ballenas y delfines, los bajos salarios de los trabajadores, que los niños tengan que trabajar en los países más pobres, el deterioro ecológico y el calentamiento global, o las influencia cultural extranjera.

 

En México el presidente Felipe Calderón apoya la libertad comercial pero es muy probable que el nuevo PRI, que no acaba de nacer y definirse, el reaccionario y premoderno PRD, y hasta algún panista despistado, compartan las ideas antiliberales de los globafóbicos.

 

Ante la crisis de la tortilla, el gobierno de México debe aprovechar la ocasión para enfrentar a los globafóbicos, además de con maíz importado, con razones sólidas para desenmascararlos, revelando los embustes de sus argumentos:

 

1.      Falacia de agregación, que aplica a los flujos comerciales y migratorios los problemas planteados por un tipo de globalización, la financiera, cuando se revierte la dirección de los flujos de capital en forma abrupta.

 

2.      Falacia de la culpa equivocada. Los sindicatos acusan a la globalización de que los salarios de sus agremiados, en especial los menos capacitados, no crecen y hasta han caído. Sin embargo, la evidencia empírica indica que la globalización ha tenido un impacto positivo en los salarios de esos trabajadores y que es el desarrollo tecnológico que ahorra mano de obra no calificada, la razón de su estancamiento.

 

3.      Falacia de formular la pregunta errónea. Los burócratas de algunos organismos internacionales que afirman que la globalización perjudica la distribución de la riqueza en países pobres cuando tampoco hay evidencia de tal cosa. En el caso de México, la crisis de 1995 hubiera tenido efectos mucho peores, sobre todo para los pobres, si el TLCAN no hubiera permitido un aumento notable en las exportaciones.

 

4.      Falacia de la solución equivocada. Las influencias culturales indeseables, el que algunos países utilicen mano de obra infantil y que en Estados Unidos se patrocine la producción de alimentos modificados genéticamente, para citar sólo unos cuantos pretextos de los globafóbicos, son fenómenos que si la población lo desea en el contexto democrático de cada país, se pueden atacar con efectividad y sin recurrir al proteccionismo. Existe la posibilidad de subsidiar la producción cultural local; la Organización Internacional del Trabajo puede sancionar a los países que violen las leyes de protección infantil; y los consumidores pueden boicotear alimentos que hayan sido objeto de modificación genética.

 

Quiénes creemos en la libertad comercial como un instrumento clave para generar riqueza, debemos cerrar filas en la batalla contra las falacias que inventan los globafóbicos, que hoy usan el precio de la tortilla para avanzar sus causas proteccionistas.

• Tortilla • Globalización / Comercio internacional

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