MIÉRCOLES, 17 DE ENERO DE 2007
Subsidios a los productores y precios altos

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“Los subsidios suelen ser malas ideas con buena prensa. Pero los subsidios a los productores –con la peregrina ilusión de que sirven para “bajar precios”- son pésimas ideas con propagandistas aún más entusiastas y equivocados.”


¿Será que nadie sabe para quién trabaja?, ¿cómo es posible que algunos opinantes de oficio, inteligentes en otras materias, naufraguen intelectualmente ante los asuntos económicos?

 

Respeto y estimo a Carlos Marín, director del periódico “Milenio”, salvo cuando, al estilo de los años sesenta y setenta del siglo pasado, le da por recetar dogmas ideológicos en asuntos de economía. El lunes propuso abolir la ley de la oferta y la demanda en el caso de la tortilla. Así, como en el viejo chiste sobre Luis Echeverría. Ayer vuelve a las andadas y proclama: “Por salud pública, estabilidad social, conveniencia política y seguridad nacional, no hay de otra: se debe subsidiar a los productores” (de maíz). ¡De ese tamaño!

 

Defendiendo a los consumidores Marín propone un método infalible para fastidiarlos: subsidiar a los productores. La capacidad de persuasión de los cazadores de rentas es asombrosa: Convencen a más de uno de que si les damos más subsidios, quienes resultaremos beneficiados seremos los consumidores, y no ellos.

 

Un flaco consuelo es que este poder de persuasión de los cazadores de rentas –esta buena prensa para pésimas políticas públicas- no es privativa de México. Ayer mostré cómo los productores de maíz en Estados Unidos han promovido el uso del maíz para producir etanol (con los argumentos más conmovedores, no sólo de ecología sino hasta de seguridad nacional) a pesar de que, sin subsidios públicos, nadie tiraría su dinero usando un insumo energético tan poco eficiente como el maíz para producir etanol. Y mostré cómo ese generoso subsidio es causa directa del alza en los precios del grano. Eso, precisamente, es lo que suele suceder con los subsidios a los productores: Encarecen los productos. ¿Por qué? Porque el subsidio financia altos márgenes de utilidad para los productores, que ya no tienen necesidad de competir y aumentar la productividad. Nada de precios más bajos para los consumidores.

 

Es de sentido común: La bajísima productividad maicera de México sólo se perpetuará y agravará subsidiando a los productores. Debemos corregir nuestras desventajas competitivas (digamos, la inseguridad en la tenencia de la tierra) o, mejor todavía, a la vista de nuestras desventajas comparativas,  dedicarnos a cultivos más rentables e importar el maíz, más barato que el nuestro, de países con ventajas comparativas para cosecharlo: Estados Unidos, Argentina, Rusia y hasta Sudáfrica.

 

Los subsidios a los productores sólo inhiben cualquier intento de mejorar la productividad.

 

Decían los hilanderos ingleses en el siglo XVIII, al exigir que se abolieran las barreras a la importación de trigo a la Gran Bretaña: “Que ellos (Francia, Rusia) siembren y cosechen para nosotros; que ya nosotros hilaremos y tejeremos para ellos”. La magia del libre comercio. Ventajas comparativas, ventajas competitivas. Economía uno, pues.

• Tortilla • Subsidios

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