MARTES, 30 DE ENERO DE 2007
Milenaristas ecológicos y Kyoto

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El punto sobre la i
“Trato de tomar los mejores elementos de la justicia social y de la libertad económica. Lo que exploro es la posibilidad de una tercera constelación, más alta que las otras dos, moralmente mejor. Libertad económica, sí; justicia social, sí.”
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“Los costos de adoptar Kyoto se estiman en 150 mil millones de dólares anuales por el menor crecimiento económico de los países al aplicarlos y su único beneficio sería posponer el calentamiento global por seis años hacia el final de este siglo.”


Presenté en mi Aquelarre Económico de ayer algunos de los argumentos fallidos, en mi opinión, de quienes sustentan que el innegable proceso de calentamiento global llevará a la humanidad a una hecatombe de proporciones cataclísmicas. Toca hoy discutir sus recomendaciones.

 

Como lo ilustra el documental de Al Gore, el punto de vista de quienes propongo bautizar como milenaristas ecológicos, incorpora la recomendación de adoptar sin reservas del Protocolo de Kyoto como la única salida para evitar los efectos catastróficos que ellos auguran.

 

Este Protocolo fue el resultado de la Convención de la ONU para el Cambio Climático que se firmó en 1997, y fija límites obligatorios a los países industrializados para la emisión de gases derivados del carbón con la meta de abatirlos en 30% para el 2010.

 

Los costos de adoptar Kyoto se estiman en 150 mil millones de dólares anuales por el menor crecimiento económico de los países al aplicarlos y su único beneficio, según lo ha documentado Bjørn Lomborg, sería posponer el calentamiento global por seis años hacia el final de este siglo.

 

Kyoto entró en vigor en febrero de 2006 al ratificarlo Rusia y alcanzarse el 55% de las emisiones de gases. Hoy, lo han suscrito 169 naciones que representan el 61.6% de las emisiones. Los países más importantes que lo rechazan son Estados Unidos y Australia.

 

La razón por la que EU refuta el Protocolo es porque considera cuestionable su sustento científico, lo que significa que sus beneficios los perciben dudosos mientras que sus costos son tangibles, elevados e inmediatos.

 

Además, EU sustenta que Kyoto carece de sentido al excluir a las naciones no industrializadas, especialmente China e India, cuyos acelerados y sostenidos procesos de desarrollo económico están empezando a tener un fuerte impacto en la emisión de gases cuya emisión se pretende controlar.

 

Aún si el Protocolo se extendiera a todos los países sin excepción y se cumplieran sus ordenamientos puntualmente, ello no hubiera salvado a Nueva Orleáns del impacto de Katrina, lo que sí pudo haberse logrado si se hubieran hecho las inversiones necesarias en mejorar sus diques.

 

El tema de fondo es cómo utilizar los recursos escasos de la mejor manera. Kyoto no impedirá que los países subdesarrollados sean los que sufran las peores consecuencias del calentamiento global por la sencilla razón que ya tienen los climas más cálidos y los menores recursos.

 

Estas naciones enfrentan problemas mucho más urgentes, que la comunidad internacional podría ayudar a paliar. De acuerdo a cálculos de la misma ONU, con 75 mil millones de dólares anuales –la mitad del costo de aplicar Kyoto- se podría llevar agua potable, drenaje, cobertura médica básica y educación a todos y cada uno de los habitantes del planeta que hoy carecen de ellos.

 

La temporada de huracanes del año pasado dejó miles de muertos de Haití pero no en Florida, por la sencilla razón que Haití es pobre y carece de los medios para adoptar medidas preventivas.

 

Combatir enfermedades endémicas, hambre y la falta de agua, drenaje y educación, traería beneficios inmediatos a millones de seres humanos y permitiría a los países pobres elevar su productividad y romper el círculo vicioso de la miseria, lo que, a su vez, los haría menos vulnerables a fenómenos climáticos.

 

El documental de Al Gore, nominado para dos Oscares por la comunidad cinematográfica de Hollywood, siempre tan políticamente correcta, culmina argumentando que “futuras generaciones nos condenarán por no habernos comprometido con el Protocolo de Kyoto.”

 

Es más probable que las futuras generaciones se pregunten por qué en un mundo con tantas “verdades inconvenientes” Gore y el resto de los milenaristas ecológicos se hubieran concentrado en la que obtiene los menores beneficios al mayor costo.

• Calentamiento global

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