VIERNES, 16 DE FEBRERO DE 2007
Voluntarismo

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“Nuestro consuelo: como no van a sacar adelante ninguna reforma significativa y decente, podríamos exigirle a los 628 legisladores que renuncien por haber violado su “ley para que el Congreso de la Unión trabaje”.”


La muy surrealista “ley para que el Congreso de la Unión trabaje” aprobada por unanimidad en el Senado de la República, comprometiendo a este órgano del gobierno federal a sacar adelante en un periodo de un año la llamada “reforma del Estado” no deja de ser voluntarismo puro, sobretodo cuando se parte del innegable hecho de que los legisladores no enfrentan los incentivos necesarios para que ahora sí hagan el trabajo para el cual los mexicanos les pagamos; no lo han hecho en el pasado y sería ilusorio pensar que en esta ocasión sí lo van a hacer. Los incentivos no han cambiado y su actitud, en consecuencia, no tiene por qué cambiar, excepto quizás porque algunos de estos senadores “ya se dieron cuenta” de la mediocridad en la que vive el país, misma que se explica en gran medida por el arreglo institucional tan deficiente e ineficiente con el que contamos. México asemeja hoy un barco oxidado encallado en un arrecife con los motores descompuestos: ni para adelante ni para atrás, con los pasajeros viendo cómo la tripulación, que no sabe absolutamente nada de mecánica, pierde el tiempo discutiendo estupideces mientras otros barcos con el casco sólido y los motores perfectamente afinados avanzan sin mayores dificultades.

 

Supongamos que los diputados se unen a la “ley” aprobada en el Senado y ahora sí se ponen a trabajar en una “reforma del Estado” (por favor no se ría; esto es cosa seria: que los legisladores trabajen tiene su mérito). Lo primero que estos 628 senadores y diputados tienen que acordar es la agenda a discutirse, para lo cual pueden pasar algunas semanas, en el mejor de los casos. Segundo, suponiendo que sí llegaran a algún acuerdo sobre los temas que discutirán, pasarían a establecer cuál es la visión que tiene cada uno de los partidos políticos representados en el Congreso sobre el Estado, su concepción filosófica, su papel en la sociedad, la relación del gobierno frente a los individuos, su organización y más. En esto seguramente se llevarían varias otras semanas, interponiéndose en tan sesuda discusión las vacaciones que bajo ninguna circunstancia pueden desperdiciarse. Después de ello suponiendo, nuevamente, que llegaran a alguna concepción mínima común sobre lo que debe ser el Estado (impensable dado que el que PAN y el PRI se pongan de acuerdo entre ellos y a su vez con el PRD sería como tratar de mezclar el agua saturada de azúcar con el aceite), tendrían que pasar a discutir, utilizando para ello otras semanas más, cuáles son las reformas que hay que llevar a cabo, con qué sentido y en qué orden, cosa que no es trivial, toda esta discusión interrumpida varias veces por diversos acontecimientos: no hubo quórum en las comisiones correspondientes, hay que discutir otras iniciativas de ley, pelearse con el Ejecutivo, etcétera, todo lo que vemos año tras año en el Congreso de la Unión.

 

Nuestro consuelo: como no van a sacar adelante ninguna reforma significativa y decente, podríamos exigirle a los 628 legisladores que renuncien por haber violado su “ley para que el Congreso de la Unión trabaje”.

• Reforma del Estado

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