VIERNES, 23 DE FEBRERO DE 2007
Expropiaciones y delincuentes

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Es una ruta sumamente peligrosa, que violenta los más elementales derechos de propiedad y que puede afectar por igual a los legítimos intereses de ciudadanos inocentes que además de perder sus propiedades tienen que convivir con actividades delincuenciales que han florecido gracias al solapamiento y complicidad de las propias autoridades capitalinas.”


El surrealismo tropical que caracteriza con creciente intensidad a partes amplias de la sociedad mexicana, ha tenido una renovada manifestación en las iniciativas emprendidas por el alcalde capitalino Marcelo Ebrard con el ostensible propósito de atacar el narcotráfico que aflige a la ciudad de México.

 

Primero, y seguramente después de leer nuestro Aquelarre Económico del 25 de enero pasado “México y el narcotráfico”, propuso perseguir la senda del dinero como la ruta para identificar y eventualmente confrontar y neutralizar al crimen organizado, íntimamente asociado con el narcotráfico.

 

El pequeño problema que tiene Ebrard a este respecto es que su iniciativa no puede tomársele más que una broma de pésimo gusto. Hay que recordar que él era el jefe de la policía capitalina durante buena parte del gobierno de delincuentes encabezado por Andrés Manuel López Obrador.

 

Conviene también hacer memoria que el secretario de finanzas del gobierno de AMLO y compañero de gabinete de Ebrard, era el viajero frecuente a Las Vegas Gustavo Ponce, a quien la secretaría de Hacienda ya le seguía la pista en colaboración con el Tesoro de los Estados Unidos por las gruesos traspasos de dinero, muy por encima de sus posibilidades económicas, que hacía al norte.

 

Está además el dato que AMLO y su incompetente procurador Sherlock Bátiz, en flagrante violación de la ley y del secreto que por fuerza acompaña a investigaciones judiciales en curso, revelaron la averiguación que estaban realizando las autoridades financieras de EU, de la mano con Hacienda, como evidencia del compló en su contra que su mente desquiciada inventó.

 

Adicionalmente, el gobierno capitalino carece de facultades en materia financiera por lo que una iniciativa como la de Ebrard para rastrear el trayecto de los dineros del narcotráfico, requeriría de la estrecha colaboración del gobierno federal.

 

Con los antecedentes delincuenciales de Ebrard y socios, la secretaría de Hacienda cometería un gravísimo error en proporcionarle información en extremo delicada como la referente a las huellas monetarias que va dejando el crimen organizado, pues existen abundantes indicios de que el gobierno capitalino es cómplice de numerosos maleantes.

 

No contento con su iluso planteamiento de perseguir los rastros que deja el dinero del narcotráfico, ahora ha salido con la innovadora y peculiar idea que hay que expropiar las propiedades en dónde se detecte una concentración apreciable de actividades vinculadas con el narco.

 

Se trata de una ruta sumamente peligrosa, que violenta los más elementales derechos de propiedad y que puede afectar por igual a los legítimos intereses de ciudadanos inocentes que además de perder sus propiedades tienen que convivir con actividades delincuenciales que han florecido gracias al solapamiento y complicidad de las propias autoridades capitalinas.

 

Lo que propone Ebrard es ni más ni menos la ley de la selva en un ámbito capitalino de por sí ya muy lastimado, porque a fin de cuentas, ¿quién decide a quiénes expropiar y con qué criterio?

• Expropiación

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