VIERNES, 2 DE MARZO DE 2007
Suprema Corte en EU

A un año del comienzo del gobierno de López Obrador, usted cree que hemos mejorado en...
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El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
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“Conseguir nombrar a dos o más miembros de la Suprema Corte que coincidan con la visión política del Presidente en turno, constituye una victoria importante pues dada la naturaleza vitalicia del puesto, ello eleva la probabilidad que la Corte aplique esa misma filosofía.”


Me reconvino un apreciado lector por la críptica afirmación en el primer párrafo de mi Aquelarre Económico de anteayer alusivo a la importancia de que George W. Bush y el Senado en manos de su partido, hubieran nombrado a dos nuevos integrantes de la Suprema Corte de Justicia de Estados Unidos.

 

Confieso que al releer el párrafo inculpado me percaté que daba por hecho un razonable conocimiento de cómo opera el sistema de gobierno de Estados Unidos y, particularmente, la división entre los poderes ejecutivo, legislativo y judicial, del que hace cabeza la Suprema Corte de Justicia.

 

Si bien es cierto que en México tenemos un arreglo institucional, al menos en el papel, que es similar al de EU desde nuestra primera constitución republicana de 1824, en muy pocos períodos de su historia independiente han actuado las estructuras de gobierno conforme a su diseño original.

 

Cuando se explora con detenimiento la delicada e ingeniosa arquitectura institucional que caracteriza a una república democrática, representativa y federal, como en efecto opera en Estados Unidos y aspiramos a que lo haga cabalmente en México, crece la admiración por tal sistema.

 

Conscientes de la proclividad del gobernante a eternizarse en el mando y a ir consolidando parcelas crecientes de control, se diseñaron dos poderes autónomos que constriñen al Ejecutivo: el Congreso, que tiene la facultad de preparar leyes y vetar las iniciativas del Ejecutivo, y las cortes, encargadas de la procuración de justicia y de definir y acotar el poder del Ejecutivo.

 

Los ciudadanos tienen la posibilidad de inconformarse con la actuación de sus gobernantes, defender sus puntos de vista y denunciarlos ante el sistema judicial, lo que ocurre en Estados Unidos con tanta frecuencia que muchos afirman a que ése es el verdadero deporte nacional y no el béisbol.

 

Pero la Suprema Corte tiene una función que la hace particularmente influyente: interpretar las leyes y dotarlas del sentido original que tuvieron en mente sus creadores, pero también incorporar la jurisprudencia acumulada y los cambios de percepción que acompañan a la evolución del entorno cultural.

 

La Suprema Corte en Estados Unidos está integrada por nueve miembros vitalicios y en el proceso de interpretar las leyes que les corresponde, deben evitar “legislar desde el tribunal,” es decir, rehacer las leyes mediante una lectura que vaya más allá de las intenciones originales del legislador.

 

Obviamente hay una permanente tensión entre jueces “activistas” que encuentran deseable tratar de afectar todas las esferas de la acción humana desde los tribunales, y los “ortodoxos” que consideran una aberración invadir el terreno de modificar las leyes, función que le corresponde al Congreso.

 

En consecuencia, conseguir nombrar a dos o más miembros de la Suprema Corte que coincidan con la visión política del Presidente en turno, constituye una victoria importante pues dada la naturaleza vitalicia del puesto, ello eleva la probabilidad que la Corte aplique esa misma filosofía.


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