MIÉRCOLES, 7 DE MARZO DE 2007
¿La política consiste en difundir embustes?

¿A quiénes deben ir dirigidos los apoyos por parte del gobierno en esta crisis provocada por el Covid19?
A las personas
A las empresas
Sólo a las Pymes
A todos
A nadie



El punto sobre la i
“El gobierno es un mal necesario”
Thomas Paine


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“Con gran frecuencia la política en el mundo se ha vuelto el arte de hacer incomprensible la realidad.”


La senadora Hillary Clinton, enfrascada en su carrera por la Presidencia de Estados Unidos, dice la misma clase de tonterías que uno suele escuchar, en México, en labios de cualquier demagogo de barriada.

 

Uno de los disparates más recientes con los que la señora Clinton quiere deslumbrar a incautos electores consiste en asegurar que es un peligro para Estados Unidos el hecho de que “gobiernos extranjeros” sean poseedores de bonos de la deuda pública de ese país.

 

La presunción es disparatada porque supone, entre otras falsedades, que los tenedores de los bonos van a conspirar contra sus propios intereses sólo por el gusto de perjudicar a Estados Unidos. Sin embargo, la senadora la sigue repitiendo con total impunidad. Esa es una de las enrevesadas “virtudes” de los políticos: Falsificar a tal grado la realidad que consiguen hacerla incomprensible… El negocio es rentable porque electores cada vez más confundidos son presa más fácil para los demagogos…

 

El lunes alguien me mostró el proyecto de dictamen con el cual un grupo de senadores pretende justificar su rechazo a la designación de un excelente economista y funcionario público como nuevo subgobernador del Banco Central. Tal dictamen es una colección de absurdos y mentiras que harían sonrojar de vergüenza a un mediocre estudiante de economía.

 

Menciono algunas de las estupideces del escrito: Confunde el alza de algunos precios específicos –maíz o azúcar- atribuibles a lamentables distorsiones que provocan los gobiernos en los mercados, con un alza en la inflación (que, por definición es un fenómeno monetario que afecta a la totalidad de los precios), reitera la falsedad de que en 2006 hubo un dispendio de gasto público –omitiendo, por cierto, que el presupuesto de egresos es aprobado por la Cámara de Diputados y no decisión unilateral del Poder Ejecutivo- y establece una imposible relación causal entre el gasto público durante ese año y el alza de esos precios específicos.

 

La intención es ruin –vetar caprichosamente a una persona competente- pero pretende ocultar su vileza tras argumentos tan estúpidos que sólo sería objeto de burla, si pudiésemos olvidar el daño que estos embustes causan y la degradación de los políticos –al ínfimo moral- de la que son muestra. Basura que nos cuesta muy cara y que alguien tendría que poner en su lugar.

• Demagogia

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