MIÉRCOLES, 28 DE MARZO DE 2007
Biocombustibles

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“Los análisis realizados por científicos de la universidad de Minnesota sobre los costos y los beneficios de los biocombustibles llegan a conclusiones que ponen en entredicho la nueva moda, pues sí producen energía pero no mucha.”


Se ha puesto de moda promover la adopción de los llamados combustibles biológicos por sus supuestas virtudes para remplazar a los energéticos derivados del petróleo, la mayor parte del cual se encuentra en territorios políticamente inestables, y por ser menos dañino contra el medio ambiente.

 

Como todas las modas, la de promover el etanol no se le analiza sino que se adopta. Ahora vemos todos los días a los dirigentes del mundo posando en emotivas fotos frente a hermosos campos de maíz, presumiendo sus credenciales de ecologistas preocupados por la salud del planeta.

 

La adopción de los biocombustibles representa la vuelta completa de un ciclo, pues los medios de locomoción de nuestros ancestros previos a la invención del motor de combustión interna, eran jalados por animales de tiro que se alimentaban de granos y heno.

 

Los análisis realizados por científicos de la universidad de Minnesota sobre los costos y los beneficios de los biocombustibles, sin embargo, llegan a conclusiones que ponen en entredicho la nueva moda, pues sí producen energía pero no mucha.

 

El etanol a partir del maíz genera sólo un 20% neto de cada litro producido de energético, pues cosechar el grano consume el 80% restante en energía fósil, debido a que producir maíz, al menos en la forma más eficiente como ocurre en las grandes praderas, requiere tractores que demandan diesel, fertilizantes que usan gas natural y refinerías que destilan el etanol con combustibles fósiles.

 

Si los casi 30 millones de hectáreas en los que se produjo maíz en EU el año pasado –equivalentes a toda el área susceptible de explotación agrícola con la cuenta México- se dedicara a producir etanol, lo obtenido representaría apenas el 12% de la gasolina que se consume en ese país.

 

La energía neta no fósil generada en el ejemplo anterior, constituiría apenas el 2.4% de lo que demanda del mercado vehicular estadounidense, monto inferior al que se ahorraría si los vehículos estuvieran bien afinados y sus llantas infladas a la presión correcta.

 

El otro problema de utilizar biocombustibles sustentados en el maíz lo sufrimos a principio de este año en México, cuando el precio de la tortilla se disparó al haberse incrementado la demanda de maíz para producir etanol.

 

Mientras que el etanol elaborado con maíz sólo genera 15% menos que la gasolina del dióxido de carbono que daña a la atmósfera, el producido a partir de caña de azúcar ahorra un 80%, pues las refinerías que lo producen operan con el propio bagazo de la caña.

 

Está claro que si se quiere usar etanol para remplazar a la gasolina, hay que seguir la ruta del azúcar y no la del maíz, con el aliciente adicional que los vehículos que lo usan tienen un embriagante tufillo a alcohol, lo que incide en su menor ingestión con el ahorro consecuente, como lo acredita cualquiera que haya andado en taxi en Brasil.

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