Aquelarre Económico
Abr 13, 2007
Manuel Suárez Mier

Obstáculos para el BM

Lo mismo que el Banco Mundial (BM) cumplió en forma muy eficiente su mandato inicial de contribuir a reconstruir el desastre que la Segunda Guerra Mundial dejó atrás, hoy puede y debe tener un papel clave en fomentar el desarrollo.

Lo mismo que el Banco Mundial (BM) cumplió en forma muy eficiente su mandato inicial de contribuir a reconstruir el desastre que la Segunda Guerra Mundial dejó atrás, hoy puede y debe tener un papel clave en fomentar el desarrollo.

 

Que lo logre dependerá de los principales actores involucrados en definir su futuro. La primordial responsabilidad del destino del BM radica en su asamblea de accionistas, representada por un consejo de administración que tiene la máxima autoridad institucional.

 

Allí empiezan los problemas porque es obvio que los 24 directores ejecutivos que representan a los 180 países miembros tienen intereses muy diversos, y con frecuencia contradictorios, lo que se refleja en el camello –caballo diseñado por un comité- en el que han convertido al BM.

 

Una grave responsabilidad recae en los países desarrollados que mantienen un grado de control apreciable de la institución, y que en la última década han estado demandando que el Banco deje de serlo y se convierta en una institución de asistencia para países pobres.

 

El BM logró un grado de calidad profesional muy superior al de las agencias de la ONU dedicadas a ayudar a naciones atrasadas o a promover su desarrollo, entre otras cosas porque siendo un banco sus operaciones no dependían de la buena voluntad de un puñado de países caritativos.

 

Así, el BM sale a los mercados de capitales a recaudar recursos mediante la emisión de deuda con la mejor calificación –AAA, dada su sólida base de capital y el respaldo tácito de sus principales accionistas-, y prestar para proyectos de desarrollo después de realizar una concienzuda evaluación no sólo de su viabilidad financiera sino también de su rentabilidad social.

 

Sin embargo, los países desarrollados, haciéndose eco de los más feroces críticos del BM desde la izquierda, reescribieron la historia para responsabilizar al Banco de la pobreza de los países que seguían hundidos en el atraso, y obligar a la institución a perdonar sus créditos a esas naciones paupérrimas.

 

Desde el punto de vista de una institución financiera, tener que condonar una parte no despreciable de su cartera, como se le está imponiendo al BM –y por cierto, también al FMI-, significa una merma en su base de capital y, por lo tanto, menores recursos para poder prestar en el futuro.

 

La demanda hoy es que el BM y el FMI le perdonen el 100% de sus pasivos a 33 naciones clasificadas como “países pobres muy endeudados” (HIPCs, por sus siglas en inglés), como parte de los “Objetivos de Milenio” de la ONU para eliminar la pobreza en el planeta.

 

El problema es que al atender las exigencias de los generosos donadores de dinero ajeno que incluye a “expertos” tan respetables como el cantante Bono, al pobretólogo expulsado de Harvard Jeff Sachs, y la embajadora de buena voluntad de la ONU Angelina Jolie, pone en peligro grave el futuro del BM.

 



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