Aquelarre Económico
Abr 17, 2007
Manuel Suárez Mier

Remedios para el FMI & BM

He venido haciendo una revisión de los problemas que aquejan al Fondo Monetario Internacional y al Banco Mundial, por lo que hoy intentaré indicar algunos caminos para encontrar la solución para superarlos.

He venido haciendo una revisión de los problemas que aquejan al Fondo Monetario Internacional (FMI) y al Banco Mundial (BM), por lo que hoy intentaré indicar algunos caminos para encontrar la solución para superarlos.

 

En el caso del FMI la prescripción es sencilla de enunciar. Debe limitarse a cumplir su misión original de procurar la estabilidad macroeconómica y financiera de sus países miembros, y como parte esencial para lograrlo trabajar en el micro-funcionamiento de los sectores financieros y de las finanzas públicas que constituyen su principal cimiento.

 

Todo lo demás que hace el Fondo, y muy especialmente los programas que actualmente tiene para atacar la pobreza, son encomiendas que debe pasarle al BM. La especialización del trabajo en estas instituciones es clave para evitar duplicidad y desperdicio.

 

Por lo que se refiere al Banco, una de las principales críticas que se le enderezan es que en las actuales circunstancias de integración financiera internacional y amplia liquidez, los proyectos de inversión que son rentables se pueden financiar en el mercado de capitales.

 

Esto es cierto para los países de nivel intermedio de desarrollo, como Brasil, China o México, que también se cuentan entre los principales clientes del BM, aunque si éste se viera limitado a prestarle sólo a países pobres, que son con frecuencia inviables, dejaría en definitiva de ser un banco para pasar a ser en una agencia de reparto de donativos piadosos.

 

Otra crítica contra los préstamos comerciales que hace el BM a países de desarrollo intermedio, ésta proveniente de la izquierda políticamente correcta, sugiere que sus créditos deben condicionarse a cumplir con su versión utópica del desarrollo, como la llama Sebastian Mallaby, el respetado cronista del Banco.

 

Según estas quimeras, los préstamos del BM no debieran causar daño a los bosques, alterar el curso de los ríos, contribuir a generar bióxido de carbono, ni modificar en lo más mínimo los “estilos de vida” de comunidades indígenas y otras minorías. En esta visión, el BM se convertiría en una especie de defensor del status quo del atraso, y en el principal enemigo del desarrollo económico.

 

El costo que ha tenido sobre la operación del Banco la influencia de los políticamente correctos, es estimada por Mallaby en 300 millones de dólares anuales en estudios y trámites burocráticos adicionales, con la consecuente dilación en realizar los proyectos.

 

Es por ello que la cartera del Banco en proyectos de infraestructura en países intermedios, que son los más rentables para la institución, ha sufrido un colapso de cerca del 50% respecto a 1999.

 

Hasta ahora, todos los intentos de hacer más flexibles estos draconianos requisitos, han enfrentado la feroz oposición de las Organizaciones No Gubernamentales que dicen representar a la “sociedad civil” y a las que el anterior presidente del Banco, James Wolfensohn les abrió la puerta.

 

Mañana terminaré con esta historia.

 



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El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

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