Pesos y contrapesos
Abr 23, 2007
Arturo Damm

Más canales nacionales, ¿por qué no?

¿Quiénes son el Estado y sus leyes para, de manera discriminatoria, permitirle a pocos, y prohibirle a muchos, la participación en el mercado de la televisión abierta a nivel nacional? ¿Por qué, para participar en esa actividad económica, hay que pedirle permiso al gobierno en turno? Esta petición de permiso, y aquel poder discriminatorio, ¿no violan el derecho a la libertad para emprender, asunto ya de por sí grave?

En México, sobre todo en el ámbito de la economía, la libertad se encuentra  eliminada, limitada o amenazada. Ejemplos. Libertad eliminada: la Constitución prohíbe a los particulares generar, conducir, transformar, distribuir y abastecer electricidad. Libertad limitada: la Ley Federal de Radio y Televisión afirma que la difusión de noticias, ideas e imágenes, a través del espacio por el que se propagan las ondas electromagnéticas, sólo podrá hacerse previa concesión otorgada por el Ejecutivo Federal. Libertad amenazada: según el texto constitucional, basta y sobra que los legisladores expidan una ley, en la cual se diga que éste o aquel sector de la actividad económica es considerado estratégico, para que el mismo sea expropiado y gubernamentalizado.

 

¿Qué tenemos? Tres ejemplos, uno de la libertad eliminada, otro de la libertad limitada, y otro más de la libertad amenazada, libertad precaria que es una de las causas por las que el progreso económico de millones de mexicanos deja mucho que desear.

 

¿De qué se trata? Del poco respeto del Estado, sus leyes y sus gobiernos por la libertad de los agentes económicos, lo cual explica por qué, en el Índice de Libertad Económica, del Fraser Institute, en escala del 1 al 10, la calificación de México es 6.6, ocupando, entre 150 países, el lugar 60, poco respeto por la libertad que acaba de manifestarse, de nueva cuenta, el pasado viernes, cuando Eduardo Ruiz, quien preside la Comisión Federal de Telecomunicaciones, afirmó que no se licitará una tercera cadena nacional de televisión abierta, lo cual limita la libertad de participar en ese sector de la actividad económica a solamente dos empresas: Televisa y TV Azteca. ¿Por qué?

 

Ruiz señaló que no se licitarán concesiones, a nivel nacional, ya que ello “privilegiaría (…) a los grandes capitales”, lo cual no elimina la posibilidad de que alguien, “empaquetando o ganando los diferentes concursos (regionales) cree una cadena nacional”. Preguntas. La no licitación de una nueva cadena nacional de televisión abierta, ¿no permite exactamente lo que se pretende evitar: privilegiar a los grandes capitales, TV Azteca y Televisa? La competencia, ¿no es la mejor manera de limitar el poder de los grandes capitalistas, mono u oligopólicos, en cualquier mercado? La concurrencia del mayor número posible de oferentes en el mercado, ¿no es la mejor opción para el consumidor, independientemente del bien o servicio de que se trate? Y si ésta – no más licitaciones para canales nacionales de televisión abierta – es la posición de la Comisión Federal de Telecomunicaciones, ¿cuál es la de la Comisión Federal de Competencia Económica, cuya misión es proteger el proceso de competencia y libre concurrencia mediante la prevención y eliminación de prácticas monopólicas y demás restricciones al funcionamiento eficiente de los mercados, para contribuir al bienestar de la sociedad”?

 

Vamos al fondo del asunto. ¿Quiénes son el Estado y sus leyes para, de manera discriminatoria, permitirle a pocos, y prohibirle a muchos, la participación en el mercado de la televisión abierta a nivel nacional? ¿Por qué, para participar en esa actividad económica, hay que pedirle permiso al gobierno en turno? Esta petición de permiso, y aquel poder discriminatorio, ¿no violan el derecho a la libertad para emprender, asunto ya de por sí grave? ¿Y no limitan, cara al interés del consumidor, la posibilidad de más y mejores productos, asunto no menos grave que el anterior? ¿Quiénes se creen que son los integrantes de la mentada comisión para decir Tú sí, tú no?



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El punto sobre la i

El problema, para los dictadores, es que no pueden eliminar la libertad del ser humano. Sólo pueden prohibir su ejercicio, prohibición a la que se opone, precisamente, la libertad.

Othmar K. Amagi
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