VIERNES, 27 DE ABRIL DE 2007
Teoría del miedo

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El punto sobre la i
“Si del derecho a la vida se desprende el derecho a defenderla, del derecho a defenderla, ¿no se desprende el derecho a la portación de armas?”
Félix de Jesús


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“Tengo para mí que el principal obstáculo al avance de los mexicanos como nación es el miedo.”


“Somebody should do something about it. Maybe that someone is me”

Kenny Rogers

 

Una de las características esenciales del mexicano es el conformismo, la abulia al cambio, la falta de voluntad de transformar lo que está mal, lo que nos afecta, lo que se interpone entre nuestras necesidades, nuestros deseos, aspiraciones, sueños.

 

Existen múltiples explicaciones sobre este fenómeno de la apatía frente al esfuerzo liberador. Que si la herencia indo americana e ibérica; que si el destino manifiesto pero al revés; que si el determinismo histórico de haber nacido, como País, al sur del imperio. En fin…

 

En lo personal he llegado a creer que uno de los factores más influyentes en la causalidad de nuestro subdesarrollo es el miedo, el temor, la inseguridad, la falta de autoestima. No crea el lector que esta creencia propia es sólo producto de un esfuerzo reflexivo, de una indagación teórica, de una especulación ociosa. No. Más bien está basada en una añeja experiencia personal caracterizada por la bienintencionada voluntad de tratar de hacer las cosas más eficientes, más justas, más productivas, más racionales; en la escuela, el trabajo, el círculo social, la colonia, la ciudad, el País.

 

Como es claro que el mundo, la nación, la ciudad, el barrio, el círculo de amigos, el centro laboral no se dejan transformar por la acción aislada de los llaneros solitarios y menos cuando éstos no están dotados de poderes especiales, es frecuente que el inconforme busque el apoyo de los demás en aquellas empresas que involucran el interés general. Pero más tarda el ingenuo activista en pretender la organización de una fuerza promotora del cambio, cuando los fariseos de siempre lo están crucificando en el monte calvario de su propia falta de malicia.

 

Permítame entonces el paciente lector insistir en mi teoría de que el principal obstáculo al avance de los mexicanos como nación es el miedo.

 

Miedo a lo desconocido. A perder lo que ya tienes: tu trabajo, tu empleo, tu empresa, tu fuente de ingresos.

 

Miedo a cambiar de horarios, de rumbos, de rutinas, de costumbres, de hábitos. Miedo a ser mejores. A que los otros se adelanten o te ganen. Miedo a quedarte atrás, pero también a adelantarte. Miedo a levantar la voz, a hacerte entender, a exponer tus razones, tus puntos de vista.

 

Lo anterior explica que en lugar de valentía hagamos derroche de petulancia. En lugar de dignidad nos vistamos de pedantería. En vez de autoestima antepongamos sumisión. En el sitio del valor civil coloquemos la negociación secreta, simulada. A la oportunidad del reclamo justo la cambiemos por la petición de favores especiales, de recomendaciones, de excepciones, de privilegios.

 

Es por miedo por lo que en lugar de esfuerzo, trabajo y dedicación, nos perfeccionamos en el disimulo, el fingimiento, el engaño, la tranza.

 

Es por miedo por lo que en lugar de la responsabilidad y el cumplimiento del deber, muchos mexicanos anteponemos la excusa, el pretexto, el consuelo de que otros lo hacen peor, son más impuntuales, más sucios, más corruptos, más rateros.

 

Este País funciona porque existe mucha gente honesta, productiva, dedicada, comprometida, pero el resultado de la acción de todos al final es el subdesarrollo. No es grato verte en el espejo y encontrar que eres elemento de un proyecto viejo, secular, añejo, que se llama México y que no ha logrado encontrar el camino de un mejor destino.

 

El primer paso para resolver un problema, dicen los matemáticos, es plantearlo correctamente. El de los mexicanos es vernos en el espejo de nuestra historia y de nuestro presente, para luego dibujar el ser al que aspiramos.

 

La tarea no es fácil, pero si se tiene miedo es imposible.


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