VIERNES, 4 DE MAYO DE 2007
Del bronce al lodo (8): Maximiliano, el mexicano

¿Usted cree que el T-MEC será aprobado por el congreso estadounidense este año?
No
No sé



El punto sobre la i
“El gobierno es, esencialmente, poder frente al ciudadano. ¿Qué lo justifica?”
Othmar K. Amagi


Más artículos...
Ricardo Valenzuela
• El crimen de Bavispe, Sonora

Arturo Damm
• La causa del crecimiento

Arturo Damm
• Comercio exterior

Víctor Hugo Becerra
• ¿EL T-MEC está muerto?

Arturo Damm
• De mal en peor

Manuel Suárez Mier
• ¿Cómo se acaba la pobreza?

Arturo Damm
• Outsourcing


Pulsaciones...
• De la amnistía a la legalización

• Votar, ¿derecho u obligación?

• Extinción de dominio y Estado de chueco

• Ante la 4T, ¿qué hacer?

Fernando Amerlinck







“Es importante comprender la época en que tales cosas pasaban. Hay que ubicarse allí, para comprender un poco mejor a los actores de aquellos aciagos días. Pero eso a la historia de bronce no le interesa.”


El título sobre la mexicanidad del segundo emperador de México es de Catón, Armando Fuentes Aguirre. Habla del entrañable cariño que llegó a tener por su nueva patria ese desdichado europeo, de quien opina así:

 

“Maximiliano —para mí es un héroe de México—, se alza sobre las falsedades en que se apoyó su Imperio y muere no sólo con la dignidad de un noble, sino con la gallardía de un valiente: sus últimas palabras fueron para bendecir a la nación que llegó a sentir la suya propia.”

 

En otro pasaje:

 

“Maximiliano fue un gran héroe solitario. Aquellos en quienes confió —los franceses, el clero mexicano, el partido conservador— lo dejaron solo cuando los necesitaba más, y los que lo pudieron ayudar, sólo en los días finales contaron con la confianza del Emperador.”

 

Entre estos últimos estuvo Miguel Miramón, a quien el inexperto emperador desterró a Berlín en años cruciales, para llamarlo cuando ya no había nada que hacer; mas no dudó en morir con su jefe, quien no supo apreciar el valor y aptitud del mejor general mexicano. Sólo al final conoció la lealtad sin tacha de quien murió por lealtad: el “traidor” Miramón.

 

Algunos nacen en familias de gobernantes (o de empresarios, o artistas, o deportistas) pero son incompetentes para los negocios familiares: Fredo Corleone en los oficios mafiosos, como el pobre Max en los menesteres de gobierno. Su por demás detestable hermano mayor, Francisco José, era un verdadero político y hombre de poder. Es decir, un gran truhán que dejó a los franceses sacrificar a su bienintencionado hermano, un idealista, indeciso, crédulo, falto de sentido común, mal visionario y peor político que nació siendo archiduque.

 

Era un demócrata cuya primera exigencia fue pedir una votación popular a favor de él, mas no supo que lo engañaron porque una consulta en esos días de México era imposible. ¿En qué pensaban los notables que lo invitaron? No sé, pero se dieron cuenta pronto del error que habían cometido. Llegaron a llamarlo “el empeorador”.

 

No supo entender que quien lo trajo a México pretendía que actuara como conservador para neutralizar a los enemigos liberales, pero siempre había sido liberal y resultó recalcitrante en su noción de que la Iglesia debía perder sus privilegios. Carlota se volvió rematadamente loca al darse cuenta de que el Papa Pío IX no ayudaría a su anticlerical marido. Vaya contradicciones:

 

“…enemistado lo mismo con los extremistas de derecha —afrancesados y católicos a ultranza— que con los de izquierda —“ayancados”, es decir, entregados a los yanquis—, Maximiliano acabó por quedarse solo. Quiso ser simplemente un mexicano más, y los mexicanos de un signo y de otro no se lo permitieron.”

 

Es importante comprender la época en que tales cosas pasaban. Catón deja claro en su historia que en 1862 no era extraño para un noble extranjero gobernar otro país. Tampoco era absurdo añorar la monarquía, a menos de 40 años de que unos pocos imitaran extralógicamente las instituciones republicanas del país más único, original e irrepetible, Estados Unidos. Era una invención muy ajena a toda tradición mexicana; más aún el federalismo. No fue raro que el implante en el México “independiente” fuera nefasto.

 

Entre guerras civiles, golpes de estado y dictadores incompetentes, México había caído bajo un invasor extranjero que se apropió de la mitad de su tierra. Luego, una facción inventó e impuso en 1857 una constitución para la que México no estaba listo, y no sólo porque contrariaba las creencias religiosas de toda la nación. Ese proyecto provocó guerras y nuevas intervenciones. Era lógico buscar el apoyo de una fuerza equiparable a la yanqui, que siguió la mayor parte de un pueblo ansioso por salir de problemas, y de vivir en paz. Tampoco parecía desorbitado buscar a un descendiente de Carlos V, a cuyo imperio perteneció la Nueva España a partir de 1521.

 

No hay que juzgar la historia pensando como hoy, pide Catón. Tiene razón. Aquella gente pensaba como en ese tiempo porque vivía en su propio tiempo y en su propia visión. Hay que ubicarse allí, para comprender un poco mejor a los actores de aquellos aciagos días. Pero eso a la historia de bronce no le interesa.

• Historia no oficial

 Comentarios al artículo...
Comments powered by Disqus