LUNES, 7 DE MAYO DE 2007
Religión y políticos

¿Ud. está de acuerdo en que el gobierno mexicano regale 100 millones de dólares a gobiernos centroamericanos para frenar la inmigración?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Pertenecer a una institución como la Iglesia Católica significa la obligación de acatar sus reglas y no dedicarse a elegir cuáles de ellas está uno dispuesto a cumplir y bajo qué circunstancias. La única alternativa correcta, en caso que no se esté de acuerdo con sus ordenanzas, es renunciar a su membresía.”


Un buen número de políticos mexicanos se ha venido desgarrando las vestiduras ante el amago que expresaron varios prelados de la Iglesia Católica sobre la excomunión automática que se aplicaría a los funcionarios responsables de la legalización del aborto en la ciudad de México.

 

A primera vista parecería una reacción hipócrita e inútil. Hipócrita porque muchos de los políticos aludidos nunca se han caracterizado por su fervor piadoso. E inútil porque como sus carreras políticas no dependen de los votantes sino de sus líderes partidarios, no tienen por qué tratar de congraciarse con los ciudadanos de un país en su mayoría católico.

 

La salvedad a la aseveración anterior se hallaría en el caso de que alguno de los políticos enardecidos por la reacción de los prelados esté pensando en competir por la Presidencia en el 2012, situación que sí requiere del voto de la mayoría ciudadana.

 

Este es el caso de Marcelo Ebrard quien considera que siguiendo los pasos de su antecesor de infausta memoria, la jefatura de gobierno de la capital es una especie de antesala a la postulación presidencial del PRD, a pesar que se realice un pésimo gobierno.

 

No pretendo ser experto en derecho eclesiástico pero el Canon 1398 señala que “una persona que realiza un aborto exitoso incurre en la excomunión latae setentiae,” es decir, automáticamente y sin necesidad de procedimiento judicial alguno.

 

Hay interpretaciones de esta posición que van mucho más allá, al señalar que:

 

“Todos aquellos que colaboran en llevar a cabo el aborto, son considerados conspiradores y sujetos a ser excomulgados. Esto incluye sin duda a los médicos y las enfermeras que participaron directamente, a los esposos, familiares y otros que con cuyo consejo colaboraron en hacerlo moralmente posible para la mujer afectada, y también todos los que la apoyaron en llevarlo a cabo.”

 

Conforme a esta interpretación, es de suponer que la sanción máxima de la religión católica se aplicaría también a los legisladores que aprobaron la ley que despenaliza el aborto y al Jefe de Gobierno que con su firma validó el procedimiento.

 

Según la prensa, Ebrardpidió a quienes lo excomulgaron entregarle copia del procedimiento (de excomunión), para saber si se apegaron al procedimiento eclesiástico respectivo,” lo que parecería indicar su desconocimiento del Canon 1398 antes citado.

 

Pertenecer a una institución como la Iglesia Católica significa la obligación de acatar sus reglas y no dedicarse a elegir cuáles de ellas está uno dispuesto a cumplir y bajo qué circunstancias. La única alternativa correcta, en caso que no se esté de acuerdo con sus ordenanzas, es renunciar a su membresía.

 

Ebrard, a quien la religión católica no pareció preocuparle mucho al divorciarse y más recientemente al “arrejuntarse” –la Iglesia a la que dice pertenecer no reconoce el divorcio y tampoco el matrimonio civil-, seguramente tiene en mente sus aspiraciones presidenciales cuando se indigna por su excomunión.

 

¡Hipocresía pura!

• Aborto

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