LUNES, 21 DE NOVIEMBRE DE 2005
Socialismo agresivo vs. liberalismo tibio

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El punto sobre la i
“El socialismo es moralmente incorrecto, políticamente autoritario y económicamente imposible.”
Enrique Ghersi


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“Libre comercio sí, a menos que se trate de acero, azúcar, camarones, madera, textiles o cualquier otra cosa que cabilderos con bolsillos profundos quieran bloquear hoy.”


Miami (AIPE)- Nada ayuda que la izquierda en Estados Unidos se haya apoderado hace años del término liberalismo, aun cuando sus políticas son radicalmente opuestas al liberalismo clásico. A su vez, aquí los conservadores defienden la libertad del individuo en cuestiones económicas, pero rechazan que somos dueños de nuestro cuerpo en asuntos como el aborto, la sexualidad, el cigarrillo, las drogas, etc. El respeto a los derechos de propiedad es fundamental en toda sociedad civilizada y considero que el más importante es el que ejercemos sobre nuestro propio cuerpo y que, desde luego, implica respeto al mismo derecho de los demás.

 

El irrespeto de esa propiedad conduce a que las cárceles en Estados Unidos estén repletas de drogadictos y vendedores de marihuana, a la vez que a la fracasada política hacia América Latina bajo la  espantosa guerra contra las drogas.

 

En América Latina, los maestros y profesores socialistas que durante tres generaciones han predominado en las escuelas y universidades están celebrando que sus alumnos favoritos hoy ocupan las más altas posiciones en los gobiernos no sólo de Venezuela, Argentina, Brasil, Ecuador, Uruguay, Paraguay y Bolivia, sino que están de vuelta en Chile, donde los extraordinarios logros y buen nombre de los “Chicago boys” están siendo meticulosamente destruidos, mientras quienes apoyaron al comunismo de Allende reciben compensaciones como  “víctimas”.

 

Está claro que Chávez, Kirchner, Lula, Vásquez y otros están redescubriendo y aplicando fracasadas teorías marxistas de Lenin, Stalin, Mao, Castro y Che Guevara, mientras que las políticas económicas de Estados Unidos hacia el hemisferio continúan empantanadas en una turbia tercera vía, entre el capitalismo y el socialismo.   

 

Libre comercio sí, a menos que se trate de acero, azúcar, camarones, madera, textiles o cualquier otra cosa que cabilderos con bolsillos profundos quieran bloquear hoy. Libre empresa sí, siempre y cuando se protejan los intereses de sindicatos norteamericanos que exigen “comercio justo” y un “campo de juego nivelado”, lo cual significa sueldos y condiciones de trabajo imposibles de cumplir por parte de muchas empresas latinoamericanas y el no empleo de menores, aunque la alternativa para esos jovencitos no sea asistir a clases sino más bien hundirse en la economía informal o pedir limosnas.

 

Claro que los gobiernos socialistas latinoamericanos no lo ven así. Su blanco preferido son los subsidios agrícolas en EEUU, los cuales tienden a proporcionar alimentos más baratos en toda la región, pero afectan los intereses de empresarios amigos. No es que apoye subsidios con mis impuestos para beneficiar a agricultores mucho más ricos que yo. Sólo que ese no debe ser el blanco de las críticas, sino la amañada apertura comercial que Washington propone. Por el contrario, en los acuerdos bilaterales se respeta bastante el proteccionismo de ambas partes, en beneficio de grupos políticamente poderosos y en perjuicio de las mayorías, dañando así el buen nombre del libre comercio. Es una nociva repetición de lo que sucedió con el llamado “neoliberalismo”.

 

Es triste ver avanzar al estatismo empobrecedor en América Latina, mientras que el capitalismo no recibe apoyo de Washington. Por el contrarío, allí se concentra mucha de esa plaga de burócratas reciclados que desde sus posiciones libres de impuestos en el FMI, BID, etc. coartan la libertad individual y fomentan el aumento de la burocracia, las regulaciones y los impuestos.

 

___* Director de la agencia AIPE y académico asociado de Cato Institute.

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