JUEVES, 17 DE MAYO DE 2007
El costo de nuestro sistema fiscal

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“A lo primero que nos enfrentamos es que el sistema fiscal actual es tan caro para los mexicanos que obstaculiza lo suficiente la óptima asignación de recursos, por lo que podemos ya dejar de repetir el mismo argumento recaudatorio de siempre.”


Para poder ponernos de acuerdo en la solución al problema, primero es necesario identificar cuál es el problema. Por eso debemos comenzar por reconocer que, en materia económica, el principal problema de México no es la pobreza, ni la falta de empleo, ni los bajos ingresos de los hogares, ni mucho menos el “incipiente” gasto público, sino la falta de un alto y sostenido crecimiento económico. El crecimiento no es una obsesión neoliberal; se trata de crecer porque sólo el crecimiento económico genera verdaderas oportunidades de desarrollo para las personas. Es la única manera de abandonar efectivamente la pobreza. El empleo, el ingreso y la pobreza son sólo los efectos del problema.

 

Como en todo problema, existen también causas, y erradicar el problema requiere atender a las causas que lo originan. Por lo tanto, la agenda de económica debe estar orientada a impulsar aquellos cambios fundamentales que incentiven la creación de riqueza, liberen la iniciativa de las personas y desencadenen el potencial productivo de México. Tal como he mencionado antes, son muchas y muy variadas las causas del bajo crecimiento, y una de ellas –la más importante a mi modo de ver- es el mal diseño del sistema impositivo. De ahí que me parezca que la reforma fiscal es la más importante de todas las reformas estructurales que se requieren para impulsar el crecimiento.

 

¿Y cuál es la falla en el orden fiscal? Que la actual estructura tributaria se ha vuelto terriblemente costosa, injusta y complicada, lo que no posibilita un ambiente favorable para la creación de riqueza dados los efectos negativos en la acumulación de capital, el trabajo de las personas y la cooperación de los contribuyentes.

 

A lo primero que nos enfrentamos es que el sistema fiscal actual es tan caro para los mexicanos que obstaculiza lo suficiente la óptima asignación de recursos, por lo que podemos ya dejar de repetir el mismo argumento mediocre de que necesitamos una reforma fiscal para que el gobierno pueda recaudar más.

 

Los mexicanos pagamos muchos impuestos (al valor agregado, sobre la renta, sobre producción y servicios, al comercio internacional, sobre automóviles nuevos, tenencia  y otras obligaciones adicionales, sólo por enunciar las contribuciones federales) que resultan muy costosos para la sociedad por partida doble: porque la tasa total efectiva es muy alta y porque, además, es muy caro pagarlos (y eso sin considerar el costo para la sociedad que significa recibir a cambio servicios públicos ineficientes y de mala calidad).

 

Debido a la multitud de impuestos, la tasa efectiva total que enfrenta la sociedad puede rebasar el 40%, sin contar el costo de la regulación y otras obligaciones adicionales. Pero además, la existencia de tantos tratamientos especiales y tasas impositivas para cada gravamen dificulta en gran medida el pago y cobro de los impuestos, por lo que la mayoría de la gente necesita el apoyo de un especialista para el pago de sus obligaciones fiscales, a la vez que el gobierno gasta una fortuna para poder recaudarlas.

 

Se estima que en promedio una persona física erogó alrededor de 10,106 pesos en el año 2005 para poder cumplir (o evadir) con sus obligaciones fiscales, cantidad que incluye gastos de transporte, viáticos, papelería, copias, Internet, honorarios y/o asesorías de un contador y costo del tiempo del contribuyente. O sea que para poder pagar 22.6 miles de millones de pesos (mmp) en impuestos -IVA e ISR-, las personas físicas tuvieron que costear 84.2 mmp. ¡El proceso fiscal les costó en total 106.8 mmp!

 

Por su parte, se estima también que una persona moral gastó en promedio alrededor de 53,094 pesos en el mismo año y por el mismo motivo. Tal monto incluye los conceptos mencionados en las personas físicas más el pago por los sueldos y salarios del contador y/o la contratación de un despacho fiscal. El pago de impuestos -668.0 mmp por IVA e ISR-, les costó a las personas morales 34.0 mmp.

 

Por último, el costo de la recaudación durante 2005 fue de 0.89 centavos por cada peso recaudado. Mientras que el costo de la fiscalización fue de 4.97 centavos por cada peso recaudado.

 

Al final, cumplir con la legislación fiscal (o hacer parecer que se cumple con ella) junto con recaudar nos cuesta a los mexicanos un 1.5% del PIB (sin incluir, desde luego, otros costos, como los derivados de la regulación o de la legislación laboral o de las determinaciones de los gobiernos locales, por ejemplo). Así, la recaudación tributaria total en 2005 fue de 808.2 mmp, pero el costo total para la sociedad fue de 935.2 mmp, ¡un 15.7% adicional!

 

Estamos hablando de un desperdicio que representa un enorme costo de oportunidad, puesto que esos recursos económicos y humanos -como contadores, asesores, abogados fiscales, auditores, etc.-, empleados para poder pagar impuestos, recaudarlos, hacer trampa o conseguir favores fiscales, podrían mejor destinarse a actividades productivas.

 

Ahí no para la cosa. Mención aparte merece la merma fiscal ocasionada por el diseño impositivo actual. La existencia de tasas diferenciadas en los distintos impuestos, exenciones, subsidios y créditos fiscales, condonaciones, facilidades, estímulos, deducciones autorizadas, tratamientos y regímenes especiales representan grandes pérdidas fiscales. De acuerdo con el Presupuesto de Gastos Fiscales, en 2005 el erario federal dejó de recaudar 528.8 mmp (en comparación con el año anterior la pérdida creció 25% en términos reales) por el solo hecho de mantener un régimen fiscal complejo y diferenciado. Esa cantidad ¡representó el 65% de la recaudación observada ese año! Parece increíble, pero de no existir todos esos “huecos” en la estructura tributaria, la recaudación podría ser de 15.9% del PIB en vez de 9.6%.

 

Seguimos: El fisco no sólo tiene que renunciar a esos recursos; también tiene que enfrentar la pérdida por evasión y elusión incentivada por la sobreregulación y el propio diseño impositivo. La evasión fiscal en México representa un 30% ó 40% de la recaudación total (dependiendo de la metodología empleada para calcularla), cifra muy superior al promedio de los países de la OCDE, que es de 15%.

 

Así pues, tenemos que la pérdida fiscal total (gastos fiscales y evasión) es aproximadamente la misma cantidad que la recaudada.

 

En suma, el sistema impositivo actual es muy costoso para los mexicanos, tanto contribuyentes, quienes desperdician recursos para pagar o evadir, como gobierno, que pierde ingresos.

 

Continuará.

• Reforma fiscal

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