JUEVES, 24 DE MAYO DE 2007
Liberalismo y cofradías

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“Ideologías hay varias, ciencia económica solo una, cuyas leyes, como la de gravedad, funcionan en todo el mundo, no seguirlas genera miseria y escasez.”
Luis Pazos

Ricardo Medina







“No pertenezco a ninguna cofradía de liberales; mi liberalismo no me lo permite.”


El diccionario nos ofrece cuatro acepciones para la palabra “cofradía”. Van desde lo piadoso –“congregación o hermandad que forman algunos devotos, con autorización competente, para ejercitarse en obras de piedad”- hasta lo reprobable: “Junta de ladrones o rufianes”.

 

Ninguna de las cuatro acepciones –ni siquiera la más neutra: “Gremio, compañía o unión de gentes para un fin determinado”- me parece que case con “liberal” o con “liberalismo”, mucho menos con “libertario”.

 

Para haber cofrades debe haber, supongo, un catecismo doctrinario y más o menos dogmático que los una. Y encuentro que uno de los más grandes atractivos del liberalismo –en el sentido clásico, y europeo, del término no en el equívoco sentido en que se usa el adjetivo “liberal” en la política estadounidense-, es justamente el de no ofrecer catecismos dogmáticos que tengan respuesta para todo. Cosa que, por ejemplo, sí sucede con el marxismo que ejerce su atractivo, por el contrario, gracias a ser un sistema acabado que ofrece –una vez aceptados dos o tres dogmas básicos- una respuesta automática para encajar cualquier hecho en la totalidad del sistema.

 

Por eso me extraña que, de vez en vez, algún liberal critique las opiniones de otro espíritu libre de su misma especie no aduciendo argumentos racionales o demostraciones empíricas, sino acudiendo al recurso de las credenciales (“autorización competente”) para ser liberal, tales como la pertenencia o no a tal asociación, tales como el aval o no de una institución liberal prestigiada, tales como las opiniones pretéritas de algún liberal del pasado que se desearían convertir en verdad revelada, no en verdad descubierta.

 

Sin embargo, se entiende. Los seres humanos somos gregarios y nos sentimos más cómodos en compañía afín que rodeados de personas hostiles. No se puede llevar el individualismo –requisito del ser liberal- al extremo del solipsismo.

 

No encuentro una deliciosa cita en la que Chesterton dice algo así como que creció admirando a los liberales y maduró cuando dejó a los liberales por el liberalismo. Lástima, porque estoy seguro de que lo dijo mucho mejor.

• Liberalismo

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