Sólo para sus ojos
May 28, 2007
Juan Pablo Roiz

Aborto: Se le fastidió la fiesta al PRD

Esta nueva batalla no se librará ni en las calles, ni en las columnas de los periódicos, ni en los programas de televisión y radio... Esta batalla se dirime en los tribunales y ahí los compañeros y compañeras de la patética izquierda mexicana han demostrado, una y otra vez, su gran ineptitud.

Marcelo Ebrard y su grupo de cortesanos de ocasión jamás calcularon que el asunto de su legislación promotora del aborto llegase a la Suprema Corte de Justicia. De ahí su enojo por la sorpresiva jugada de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos y de la Procuraduría General de la República.

 

Al PRD y a sus aliados no se les da muy bien que digamos eso de litigar en la Corte con argumentos jurídicos sólidos. Lo vimos, como ejemplo paradigmático, en los alegatos lamentables que esgrimieron –ante el Tribunal Electoral- durante 2006. Su mamotreto de impugnación estuvo plagado de contradicciones, inconsistencias, falsedades, citas inopinadas de Stalin y un muestrario de corte y confección (el consabido “copy and paste” de los trabajos escolares chafas) que delató la precaria preparación de sus abogados. Y delató, también, por qué se dedican a la grilla política: En cualquier otro terreno fracasarían.

 

Aunque les pese, son el ejemplo perfecto de un retoño típico de la “educación” que han ofrecido por décadas la maestra Elba Esther Gordillo y el SNTE (con todas sus derivaciones) a los niños y jóvenes mexicanos: Unos perfectos fracasados, para citar al clásico Roberto Madrazo (otro perfecto fracasado, por cierto).

 

Incompetente en el terreno jurídico, el dizque “rojerío” mexicano es diestro para armar manifestaciones, bloqueos, abrumar con insultos a sus adversarios, desinformar, manipular y arrear ganado con destino al rastro. Buenos para la declarada resultan pésimos para dar resultados cuando arriban al gobierno. Basta confrontar, por ejemplo, las tronantes declaraciones del jefe de la policía capitalina contra los “coyotes” que tramitan amparos y las carcajadas de esos presuntos delincuentes que siguen haciendo grandes negocios al amparo de la corrupción rampante de la dizque izquierda mexicana.

 

Se ve difícil que salgan airosos de la disputa en la Corte. Por una parte, hay antecedentes sólidos en la jurisprudencia de la Corte mexicana del criterio constitucional en defensa de la vida desde el momento de la concepción. De hecho, sin esa defensa de la vida humana –sea en proceso de llegar a ser plena, como es el caso del producto concebido, sea en plenitud- se cae el andamiaje jurídico-filosófico que da sustento a los derechos humanos en México. La ley, con todas sus imperfecciones, no puede eludir la concatenación lógica de causas y efectos con la misma facilidad que lo hace un subnormal tirando piedras o arrojando insultos y amenazas.

 

Por otra parte, la discusión sobre el aborto la perdieron abrumadoramente en el terreno de la lógica y de los argumentos racionales. La ganaron a golpes de propaganda, gritos y sombrerazos y votos adocenados, uncidos a la yunta de la “línea”, la “disciplina partidista” y otros chantajes. Como lo confesaba candorosamente un funcionario del GDF a sus compadres, mientras devoraba un jugoso filete en la cafetería del Hotel de la Ciudad de México: “Lo bueno fue que Televisa no la jugó en contra de nosotros en lo del aborto”. Pues sí, pero lo malo –para ellos- es que los magistrados no son locutores de televisión, ni presuntos periodistas ávidos de posar de progresistas para acallar su mala conciencia, ni negociantes que se vendan al mejor postor sin escrúpulo alguno.

 

Por supuesto, la lucha –en los medios y en la palabrería- promete ser formidable. Siempre listos, como los boy scouts, los niños y las niñas progre saldrán a las calles, inundarán los programas de comentarios en radio y televisión, repetirán como jaculatorias sus sandeces (“la mujer es dueña de su cuerpo”; “la libertad sexual”; “los curas que abusan de los niños”) y comprarán de nuevo la ilusión de ser parte de la gran lucha de la izquierda, un satisfactor emocional para soportar el fracaso de sus vidas cotidianas.

 

Pero esta nueva batalla no se librará ni en las calles, ni en las columnas de los periódicos, ni en los programas de televisión y radio… Esta batalla se dirime en los tribunales y ahí los compañeros y compañeras de la patética izquierda mexicana han demostrado, una y otra vez, su gran ineptitud.

 

De ahí el enojo de Ebrard, de ahí las acusaciones de conspiraciones y confabulaciones en su contra, de ahí la rápida respuesta mediática. Pero también de ahí, la pobreza estratégica de su respuesta. Miren que poner a cargo de la “defensa” de su ley promotora del aborto (porque eso es, promotora del aborto) ante la Corte, a la incompetente encargada de los asuntos jurídicos del Gobierno del Distrito Federal, a la licenciada Bonifaz, es casi como volver a requerir los servicios del patético jurista que resultó ser Horacio Duarte. Ahí la llevan. Directo al fracaso, para variar.

• Aborto


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