MIÉRCOLES, 6 DE JUNIO DE 2007
Crisis ucraniana

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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Políticos incompetentes y corruptos, que sólo alcanzan a ver sus más cortos intereses personales y de grupo. Instituciones ineficaces, diseñadas más para crear conflictos que para resolverlos. Una democracia disfuncional, que resulta en la grave pérdida de apoyo popular a tal sistema.”


Ucrania ha tenido una historia por demás accidentada al haber sido objeto de innumerables invasiones que llevaron a que su vida como nación independiente haya sido corta pues en los últimos mil años formó parte de Polonia-Lituania o del Imperio Ruso la mayor parte del tiempo.

 

Hoy en día Ucrania se debate entre fuerzas políticas opuestas. El presidente Víctor Yushenko, líder de la “Revolución Anaranjada” que exitosamente se opuso al fraude electoral cometido en 2004 por su antecesor en favor de Víctor Yanukovich, un cercano aliado de Moscú, ha resultado un dirigente fatal.

 

Para empezar, se trata de un régimen parlamentario-presidencial al estilo francés –como el que sueñan adoptar para México los proponentes de cambiar todas nuestras instituciones- pero sin una división clara entre facultades presidenciales y las de Primer Ministro, posición que ganó con amplio margen el archienemigo Yanukovich en la elecciones parlamentarias de 2006.

 

A partir de entonces, ambos dirigentes han estado en continuo conflicto, culminando en abril pasado cuando el Presidente disolvió el Parlamento y convocó a elecciones. Resulta que en un sistema estricto de representación proporcional en el que los votantes escogen al partido y no a su representante, el Primer Ministro se había dedicado literalmente a comprar legisladores.

 

La intención era clara: alcanzar una mayoría legislativa que le permitiera erosionar aún más las facultades presidenciales y construir un bloque, en alianza con su antecesora, la ex-aliada del Presidente Yuliya Timochenko, siniestra Lady Macbeth de la política ucraniana, quien está dispuesta sin ningún escrúpulo, a aliarse con quien le permita acceder al poder.

 

En este escenario, el más reciente conflicto ha sido el intento presidencial por despedir al Procurador de Justicia, que es un cercano aliado del Primer Ministro, mientras que éste alega que carece de facultades. Ambos bandos han recurrido a traer “acarreados” a Kiev desde las regiones dónde está su principal apoyo: la occidental para el Presidente y la oriental para el Primer Ministro.

 

Aún más grave, el Primer Ministro dispone de 40 mil fuerzas de seguridad del Ministerio del Interior –una especie de policía federal- mientras que el Presidente es el comandante en Jefe de las fuerzas armadas con 120 mil soldados. La opinión generalizada es que la sangre no llegara al río, en este caso el magnífico Dniéper que cruza la ciudad, pero nadie sabe qué pasará.

 

En adición, el Primer Ministro solicitó a la Corte Constitucional pronunciarse sobre la supuesta ilegalidad en la que ha incurrido el Presidente al convocar a elecciones adelantadas. Esta Corte, compuesta por 18 jueces, no se ha reunido una sola vez en los últimos seis meses y puede llevar tiempo que lo haga.

 

Políticos incompetentes y corruptos, que sólo alcanzan a ver sus más cortos intereses personales y de grupo. Instituciones ineficaces, diseñadas más para crear conflictos que para resolverlos. Una democracia disfuncional, que resulta en la grave pérdida de apoyo popular a tal sistema. ¿Suena conocido?

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