VIERNES, 8 DE JUNIO DE 2007
Impuesto de envidia

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
No
No sé



“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Isaac Katz







“Sólo porque a alguien que es sumamente envidioso de la riqueza de los demás, seguramente alguien del PRD, se le ocurrió que se gravaran las herencias. ¡Como si todos fuésemos de esos ricos que aparecen listados en Forbes!”


Ahora que se está en la etapa de formular una reforma tributaria que busca aumentar la recaudación para el gobierno federal, uno de los posibles impuestos que se mencionan es gravar las herencias. Semejante barbaridad sólo se le puede ocurrir a quién tiene envidia y/o lo que busca, con una manera notoriamente extraña de ver el mundo, es la igualdad de resultados: o todos ricos o todos jodidos. Suponga usted, estimado lector, que se encuentra en el siguiente caso:

 

Es usted un empleado de una clase socioeconómica media o media alta cuyo único ingreso es su salario; sobre su ingreso bruto ya fue objeto de la retención del ISR y su cuota al IMSS por parte de su empleador, es decir, no puede evadir impuestos. De su ingreso neto, usted sacrifica consumo presente y ahorra para poder acumular un monto que le permita dar el enganche para una casa. Por fin lo logra y la diferencia entre el valor de la casa y el enganche que aportó lo cubre con crédito hipotecario que obtuvo en un banco, habiendo tenido que pagar, además, los impuestos correspondientes a la escrituración y las comisiones monopólicas de un notario. Usted es un deudor puntual por lo que de su salario neto ahora tiene que destinar una parte para cubrir el servicio de su deuda (amortización del capital y los intereses correspondientes), por lo que sigue sacrificando consumo presente. Finalmente, después de algunos años de sacrificio, termina de pagar su crédito hipotecario por lo que el valor de la casa en el mercado ya forma parte de su riqueza. Mientras tanto, y desde que adquirió su casa, ha pagado puntualmente el impuesto predial correspondiente. Finalmente, en algún momento usted y su cónyuge morirán (life is a bitch, don’t you think?) y sus descendientes heredarán la casa que a usted tanto sacrificio le costó. Y entonces, a pesar de que nunca evadió ningún impuesto (ISR, sobre adquisición de una vivienda y predial en este caso), sus hijos serían sujetos de pagar un impuesto al valor de la propiedad que heredaron. Y sólo porque a alguien que es sumamente envidioso de la riqueza de los demás, seguramente alguien del PRD, se le ocurrió introducir este gravamen. ¡Como si todos fuésemos de esos ricos que aparecen listados en Forbes!

 

¿Cuáles serían los efectos de tan aberrante gravamen? Primero, es un impuesto difícil de fiscalizar, sobretodo si lo que se quisiera es gravar a los ricos; ellos son lo que más fácilmente pueden evadirlo heredando fuera del país, digamos en uno de los llamados “paraísos fiscales”. Segundo, es posible heredar en vida, liquidando los bienes inmuebles, empresas y activos financieros un poco antes del momento esperado de la muerte. Y tercero, es un impuesto que desincentiva el ahorro y la acumulación de capital en la economía por lo que también desincentiva el crecimiento económico, principal fuente para abatir la pobreza.

 

No cabe duda; pensar que todo es un “juego de suma cero” y una continua lucha de clases les quema las neuronas a los de la izquierda.

• Reforma fiscal

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