MARTES, 12 DE JUNIO DE 2007
¿Quién fracasó con migración?

¿Usted considera un triunfo para México el acuerdo al que llegó con Estados Unidos para evitar la imposición de aranceles?
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“Incluso si la ausencia de gobierno realmente significara anarquía en un sentido negativo y desordenado, que está lejos de ser el caso, incluso entonces, ningún trastorno anárquico podría ser peor que la posición a la que el gobierno ha dirigido a la humanidad.”
Leon Tolstoy

Manuel Suárez Mier







“Lamentablemente conforme pase más tiempo, las posibilidades de aprobar piezas razonables de legislación en materia migratoria, se vuelven más remotas pues las campañas políticas, primero por la nominación de los partidos, y después ya en plena contienda presidencial, no representan el caldo de cultivo idóneo para lograrlo.”


El fiasco del proyecto de reforma migratoria que naufragó en el Senado de Estados Unidos la semana pasada puede atribuirse a una extraña coalición de personajes políticos extremistas, tanto de izquierda como derecha, en el espectro político de ese país.

 

Es bien sabido que un buen sistema de gobierno democrático dificulta la realización de cambios radicales en temas importantes. Esa es la causa que haya una separación de poderes, así como equilibrios y contrapesos que dificultan que un caudillo o un grupo minoritario puedan cambiar las cosas.

 

Ello no quiere decir que sea imposible modificar el status quo sino más bien que ello requiere de talento político y de capacidad para construir coaliciones con parte de la oposición, al tiempo que se mantiene un mínimo de disciplina dentro de las filas del partido de quien propone los cambios.

 

En el tema migratorio, el presidente George W. Bush ha sido incapaz de cumplir con ambas condiciones, al fallar en conseguir el número suficiente de votos de sus correligionarios y al fracasar en tender puentes de suficiente alcance para que la oposición pudiera remplazar el apoyo requerido.

 

Hay un acuerdo generalizado en cuanto a que el sistema actual en materia migratoria está roto y que “hay que hacer algo al respecto.” El único problema es que ese “algo” varía de manera radical entre propuestas draconianas que pretenden acabar con los indocumentados, como si ello fuera posible, y quienes de manera más realista ofrecen fórmulas viables aunque imperfectas.

 

La falla en el liderazgo político de EU consiste en no haber podido encontrar en el Congreso una fórmula que refleje la opinión de la mayoría de los ciudadanos, quienes, de acuerdo a la última encuesta del Washington Post-ABC, aprueban 52% contra 44% buscar una senda para que los indocumentados puedan acceder a la ciudadanía.

 

Ello se debe a la extrema polarización de un puñado de activistas en el Senado, pero también a la falla en la Casa Blanca para ejercer la suficiente presión para mantener la disciplina entre los legisladores del partido republicano, supuestamente conducido por el presidente Bush.

 

Pero como Bush ya va de salida y no tiene posibilidades de reelegirse o de influir siquiera en la selección del candidato presidencial de su partido, se han disipado casi por completo los incentivos para que sus correligionarios sigan su liderazgo y acaten sus deseos, sobre todo en temas tan espinosos como éste.

 

Lamentablemente conforme pase más tiempo, las posibilidades de aprobar piezas razonables de legislación en materia migratoria, se vuelven más remotas pues las campañas políticas, primero por la nominación de los partidos, y después ya en plena contienda presidencial, no representan el caldo de cultivo idóneo para lograrlo.

 

En tales circunstancias quizá lo menos malo sea no hacer nada pues la alternativa es dar vida a un Frankenstein migratorio del que sería más difícil y costoso deshacerse.

• Migración

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